Lc 10,30-37.
En las narrativas del evangelio según la tradición lucana nos es posible encontrar un relato que evidencia la urgente necesidad, para las y los cristianos latinoamericanos, de realizar un quehacer teológico y una praxis de fe que permitan volver a humanizar a nuestras sociedades convulsionadas por la violencia, la indolencia, el individualismo y la crueldad.
La narración de Lucas 10,30-37 pertenece a un material propio de esta tradición; por ende, no cuenta con paralelos en Mateo o Marcos. El diálogo de Jesús con el doctor de la ley se tensiona mediante una nueva pregunta por parte de este (v. 29): Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: – ¿Y quién es mi prójimo? La respuesta de Jesús es la parábola o ejemplo del samaritano que actúa con misericordia.
Si buscamos paralelos que nos permitan relacionar la pregunta del doctor de la ley acerca del «prójimo» en este relato lucano, observaremos que el texto griego del Nuevo Testamento registra 17 menciones de la expresión πλησίον (v. 29); tres de ellas están en el capítulo 10 de Lucas. La mayoría de estas menciones al prójimo están directamente relacionadas con el mandamiento de Lv 18,19.
El cuestionamiento del experto en la ley pareciera esconder una tendencia propia del judaísmo del primer siglo. ¿Y quién es mi prójimo? (καὶ τίς ἐστίν μου πλησίον) podría interpretarse como: ¿Hasta dónde se extiende la demarcación de quién es en verdad mi prójimo? Para los religiosos judíos de la época, la interpretación de quién era el prójimo solo se aplicaba a los compatriotas y algunos prosélitos. Más aún, para la comunidad de Qumrán, el prójimo es solo el hermano que pertenece a la secta (Vázquez, 2006, p. 69).
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Desde una lectura en perspectiva de marginalidad, podríamos sospechar que esta era la concepción que el doctor de la ley tenía de «prójimo». Si solo sus hermanos fariseos, o los que él consideraba religiosos piadosos, eran su prójimo, todas y todos los demás estaban al margen, en la periferia. En especial, los galileos, pobres, publicanos, la gente del vulgo, y qué decir de los gentiles y los samaritanos.
La expresión griega plesíon corresponde a una forma adverbial que indica proximidad, cercanía; de allí su uso sustantival: «el que está cerca», o «el cercano» (Diccionario Teológico del N.T., p. 662). Pero la respuesta de Jesús, empleando una parábola, llevará el significado de plesíon más allá de las interpretaciones del judaísmo de la época, hasta ampliar los límites establecidos por Lv 19,16-18 y 33-34.
El discurso de Jesús, que ha sido considerado generalmente como una «parábola», pareciera ser más bien una narración exemplum, al estilo de los relatos pedagógicos de los maestros judíos o de los tratados de retórica. Esta narrativa sirve de modelo para comparar el hacer (ποιέω) del doctor de la ley con el hacer del samaritano en el relato (Fitzmyer, 1987, p. 277).
La narración de Jesús considera una tríada de personajes que tendrán una participación especial: un sacerdote, un levita y un samaritano. Además, se considera como personaje gravitante al hombre (judío) que cae en desgracia camino a Jericó, a manos de unos asaltantes que lo violentaron hasta casi dejarlo muerto (v. 30). Para entender el sentido de esta narración es necesario tener en cuenta ciertos detalles implícitos en el relato y que se relacionan con nuestro análisis interpretativo desde una perspectiva marginal:
- La condición privilegiada de los sacerdotes y levitas en el ámbito del judaísmo de la época, que los vinculaba de manera especial con el culto del templo y con lo sacro.
- La impureza ritual que se derivaba del contacto con un cadáver. Ese aspecto de contaminación ritual afectaba particularmente a sacerdotes y levitas; la impureza de estos consagrados era mucho más seria que la de un judío normal.
- La actitud compartida por los judíos con respecto a los samaritanos. La historia peculiar de los samaritanos los convertía, a los ojos de los judíos, en verdaderos cismáticos (Fitzmyer, 1987, p. 278).
El relato lucano no nos explica explícitamente por qué el sacerdote y el levita no se detienen a prestar ayuda al prójimo en desgracia. Es muy probable que se deba a la causal de impureza antes enunciada. Pareciera que para estos religiosos es más importante mantener su estatus ritual que prestar auxilio a un hermano en desgracia. Hasta que la irrupción del samaritano en la narración cambia definitivamente el tenor de la escena: Un samaritano que iba de camino llegó a donde estaba, lo vio y se compadeció (v. 33).
La expresión verbal ἐσπλαγχνίσθη es entendida como un dolor profundo, en las entrañas, que conmueve, empatiza e impulsa a la acción a favor del otro/a. De las doce veces que el Nuevo Testamento emplea el verbo esplanjnizomai, diez se aplican a Jesús; las dos restantes, al padre del hijo pródigo y al samaritano de este relato lucano (D.T. del N.T., 2004, II, p. 104). El hacer de este samaritano está guiado por la compasión y la misericordia, que convierten el sufrimiento del otro en su sufrimiento. Frente a la indiferencia de los que tienen un estatus, una posición de poder o de influencia, la verdadera naturaleza humana se manifiesta en la compasión. Es un despertar ante la pesadilla de la violencia, la crueldad, el egoísmo, el odio, el desamparo y la indiferencia en que viven millares de marginados/as en Latinoamérica.
El samaritano del relato lucano es movido a actuar por una profunda y real compasión, acompañada por la ética del cuidado: Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó (v. 34). El verbo «cuidar», epimeléomai, expresa la actitud de desvelo, preocupación e inquietud por lo que es profundamente valorado (Tuggy, 1996, p. 357).
La ética del cuidado solo surge cuando la existencia de alguien tiene importancia, y esta actitud provoca inevitablemente un sentido de responsabilidad por otros/as. El obrar compasivo y de cuidado del samaritano asume el costo de sanar y restaurar al otro/a. En especial, a las y los que se encuentran al margen del camino, en la periferia de la vida y de la sociedad.
Jesús revierte la pregunta inicial del doctor de la ley: ¿Y quién es mi prójimo? (v. 29), por: ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? (v. 36). Puesto que no vale la pena plantear el problema en términos legales para saber de quién era prójimo la víctima de los asaltantes, el planteamiento lucano es inverso: ¿Quién de ellos se hizo (γεγονέναι) prójimo (πλησίον) del que cayó en manos de los criminales? Es decir, el principio fundamental aquí es que la proximidad no produce necesariamente compasión, cuidado y amor, sino que el amor produce una proximidad compasiva y un cuidado fraterno (Fitzmyer, 1987, p. 280).
¿Quién es mi prójimo? Esta cuestión no se resuelve con un precepto legal, sino con la praxis del amor y la decisión de ser prójimo para las/os demás, sobre todo para quien más nos necesite. Ante esta verdad fundamental, el doctor de la ley articula su respuesta desde lo interior a lo exterior: El que lo trato con compasión (ὁ ποιήσας τὸ ἔλεος μετ᾽ αὐτοῦ.). Una vez más se retorna al núcleo del relato: «el hacer» (ποιέω) misericordia o compasión (ἔλεος). De esta manera, el prójimo no corre riesgo de ser tratado como objeto, sino como sujeto activo en una relación de reciprocidad humanizadora (Bavon, 2002, p. 121).
El relato lucano cierra este episodio con una nueva respuesta de parte de Jesús al doctor de la ley, que corrobora nuestra tesis de que esta narrativa es un exemplum que sirve para comparar el hacer (ποιέω) del doctor de la ley con el hacer del samaritano en el relato: Ve y haz tu lo mismo (πορεύου καὶ σὺ ποίει ὁμοίως.). El verbo poiéo, en presente de imperativo activo, es complementado con el adverbio jomoíos, traducido como «así mismo», «de igual manera», «de igual modo» (Tuggy, 1996, p. 672).
En simples palabras, Jesús dice al doctor de la ley: «Cuando ames a tu prójimo, de igual modo hizo el samaritano, más allá de que sea tu amigo, compañero o compatriota, solo entonces heredarás la vida eterna». El relato lucano nos muestra que el marginal samaritano, en su praxis de amor, compasión y ética del cuidado, sirve de ejemplo al experto en la ley. Esta realidad muestra que la salvación y la vida vienen desde los marginales, desde los excluidos, los indeseables, las y los pobres del mundo, que son capaces de amar y cuidar aun a quienes los desprecian.
Bibliografía
ACOSTA, Manuel de Jesús (2013). Vivir en marginalidad. Lectura socio-histórica del evangelios de Lucas. San Salvador, UCA Editores.
BAVON, Francois (2002). El Evangelio según San Lucas. Lc 9,51-14,35. Vol. II. Salamanca, Ediciones Sígueme.
COENEN, Lothar; BEYREUTHER, Erich; BIETENHARD, Hans. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. Tomo I y II. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2004.
DEL VALLE, Carlos (1997). La Misna. Salamanca, Ediciones Sígueme.
FITZMYER, Joseph (1987). El Evangelio según San Lucas. Traducción y Comentario Capítulos 8,22-18,14. Madrid, Ediciones Cristiandad.
TUGGY, Alfred (1996). Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento. El Paso, Editorial Mundo Hispano.
VÁZQUEZ, Jaime (2006). La Regla de la Comunidad de Qumrán. Ediciones Sígueme.
ZLOTNICK, Dov (2005). Bikiyut en Shas Mishnayot. Seminario Teológico Judío de América.

