Etimologías en torno a la Odisea

Mesa de estudio rústica con libros abiertos de la Odisea y la Biblia, notas en griego y hebreo y luz natural, imagen editorial sobre insultos homéricos y bíblicos.

Cuarta parte

Insultos homéricos y la Biblia

Creo que coincidiremos, independientemente de nuestra ideología, religión, edad o profesión, en que en cualquier discusión en redes sociales vamos a encontrar, muy probablemente, un menú extenso de insultos. Coincidiremos también en que muchos de esos insultos tienen como blanco el cuerpo ajeno. Son insultos que intentan ridiculizar el peso, la estatura, la nariz, el color de piel, la edad, el cabello o cualquier otro detalle físico de la persona a la que atacan. Hay otro insulto constante, aparte del así llamado body shaming, que tiene que ver con la famosa mentada de madre. Y un bonus track de insultos que se volvió a poner de moda hace poco: comunista, zurdo, progre y otros similares.

Portada del libro

La Odisea

La Odisea narra el largo regreso de Odiseo a Ítaca, atravesado por cíclopes, sirenas, hechiceras y pruebas que han marcado la imaginación occidental. Homero convierte esa travesía en un relato perdurable sobre el ingenio, el deseo de volver y las motivaciones humanas que siguen siendo cercanas hasta hoy.

Ahora que la Odisea nos tiene absortos en múltiples conversaciones, incluso de índole ideológica —hasta Elon Musk brincó—, quise repasar los insultos homéricos y compararlos con los nuestros. Al principio solo era un juego etimológico más, pero luego pensé que aquí había una reflexión válida para nuestro tiempo.

Lo cierto es que los personajes homéricos se insultan constantemente. Los pretendientes, los criados, los dioses, los reyes y los mendigos: todo el mundo intercambia descalificaciones con una frecuencia sorprendente. Sin embargo, por más que busqué —y puedo equivocarme—, no encontré ni el salmodiado body shaming ni la consabida mentada de madre. Confieso que mi análisis no es exhaustivo. Pero lo que sí puedo constatar es que, si hubiera ese tipo de insultos en los poemas atribuidos a Homero, serían muy minoritarios. Los insultos homéricos van por otro lado. Y creo que tiene que ver con la cultura. Cada cultura insulta de una forma muy reveladora de sus ideas y de su forma de ser.

Aquí van algunos de esos insultos homéricos: νήπιος (nḗpios), necio o tonto (Ilíada 2.38), tiene que ver con el concepto de alguien incapaz de comprender las consecuencias de sus actos. Atenea llama σχέτλιε (skhétlie), algo así como «incorregible» o «terrible», a Odiseo (Odisea 13.293); en este caso, el epíteto tiene incluso un tono casi admirativo por su astucia. Odiseo llama ἀθέμιστοι (athémistoi), más literalmente «sin ley», a los cíclopes (Odisea 9.106). Aquí viene una que sé que nos encantará: κακός (kakós), malo, ruin, indigno (Ilíada 2.235). De kakós no nos viene, aunque sería tentador pensarlo, nuestra palabra caco. Sí nos viene de allí, en cambio, la raíz de la más reciente caquistocracia: el gobierno de los peores. Otros insultos homéricos pueden ser ἀναιδής (anaidḗs), sinvergüenza —usado, entre otros, para los pretendientes (Odisea 1.254)—, y ἄφρων (áphrōn), sin mente, insensato.

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Notemos que todos ellos son insultos dirigidos a la inteligencia, al carácter, al honor y a la conducta. No al cuerpo ni a la madre. Como dije antes, no he encontrado otro tipo de insultos. Tengo mis ediciones comentadas de la Ilíada y la Odisea en mi mesa, y he consultado los estudios y concordancias del griego. Nada. Bueno, mentira, hay una excepción aparente: κυνῶπις (kynôpis), literalmente algo así como «ojos de perro» o «cara de perro». La misma imagen aparece bajo formas gramaticales distintas en varios lugares: Ilíada 1.159, Ilíada 3.180 y Odisea 4.145. En Ilíada 6.344, Helena llega incluso a referirse a sí misma como «perra» en una expresión del mismo campo metafórico.

A primera vista, parecería el único insulto físico que encontré. Pero creo que no lo es. Para los griegos de esa época, el perro —y especialmente la perra— podía simbolizar la desvergüenza y la insolencia. No se estaba describiendo un rostro desagradable, sino una actitud moral, otra vez. Tener «ojos de perro» no significaba parecerse físicamente a un perro, sino mirar el mundo sin vergüenza alguna. Esto podemos constatarlo en la Ilíada 1.225, cuando Aquiles llama a Agamenón «que tienes cara de perro y corazón de ciervo». La segunda mitad de la frase ayuda a comprender la primera. El «corazón de ciervo» no describe un órgano; describe la cobardía o la condición nerviosa y miedosa de alguien. Hasta el único insulto que parece corporal, de los que pude encontrar, termina siendo un insulto ético.

Todo esto me causa fascinación, ya que mi área de estudio está más apegada a otro texto antiguo, como es la Biblia. Y en ella sí que encontramos insultos que se basan en el cuerpo de alguien. Me atrevo a decir que la Biblia es mucho más agresiva en sus insultos que la literatura homérica. Aquí van algunos ejemplos de body shaming bíblico: Lea es descrita en contraste con Raquel por sus ojos, que algunas traducciones califican de «débiles» (Génesis 29:17), aunque el hebreo también admite sentidos como «tiernos» o «delicados»; un grupo de jóvenes grita «¡Calvo, calvo!» burlándose de Eliseo (2 Reyes 2:23-24); y hasta una buena mentada de madre encontramos:

Entonces Saúl se puso muy furioso con Jonatán.
—¡Tú, estúpido hijo de prostituta!—lo maldijo—. ¿Acaso piensas que no sé que tú quieres que él sea rey en lugar de ti, para vergüenza tuya y de tu madre? (1 Samuel 20:30 NTV).

La expresión hebrea בֶּן־נַעֲוַת הַמַּרְדּוּת (ben-naʿăvat hammardut) es difícil de traducir literalmente. בֶּן (ben) significa hijo, mientras que נַעֲוַת (naʿăvat) es una forma muy rara que puede comunicar la idea de perversión o corrupción; la expresión completa puede entenderse como «hijo de una mujer perversa y rebelde». La frase siguiente intensifica el insulto al hablar de «tu vergüenza y la vergüenza de la desnudez de tu madre». Saúl no está insultando solamente a Jonatán: arrastra también a su madre dentro de la deshonra.

Homero vivía en un mundo infinitamente más violento que el nuestro, aunque nuestro mundo actual sea violento en demasía. Sin embargo, en los ejemplos que he podido encontrar, cuando se quería insultar a una persona no se atacaba su nariz, su estatura, su peso, su aspecto o su madre. Se atacaba aquello que, para los griegos, realmente constituía a una persona: su inteligencia, su prudencia, su valentía o su sentido de la justicia. Nosotros, en cambio, decidimos imitar más a la Biblia en su forma de insultar. Hemos perfeccionado el arte de burlarnos de aquello que nadie puede cambiar. Somos expertos en body shaming y en mentadas de madre. Y eso describe mucho de nuestra sociedad.

LEE LOS OTROS ARTÍCULOS DE LA SERIE:

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 1

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 2

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 3

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 4

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