Etimologías en torno a la Odisea

Fragmentos de manuscritos griegos antiguos con las palabras μῆνιν y ἄνδρα destacadas, alusivas al inicio de la Ilíada y la Odisea.

Parte 2

Christopher Nolan ha conseguido algo que pocos directores logran: que millones de personas vuelvan a hablar de una obra como la Odisea. Su adaptación cinematográfica se estrenó con un enorme éxito de crítica y público, y convirtió nuevamente a Homero en tema de conversación casi tres mil años después de la composición del poema.

Pero antes de la Odisea hubo otro poema atribuido al mismísimo Homero: la Ilíada. Me encanta la forma en que empieza cada una. Ambas arrancan con una fórmula semejante, aunque con palabras distintas. Mejor veámoslo:

Portada del libro

La Ilíada y La Odisea

La Ilíada y La Odisea reúnen dos relatos fundamentales sobre la guerra, el honor, la astucia y el regreso al hogar. A través de Aquiles, Héctor y Odiseo, Homero explora la fragilidad humana frente al destino, los dioses y la búsqueda de sentido.

Inicio de la Ilíada

Μῆνιν ἄειδε, θεά (Mênin áeide, theá): «Canta, diosa, la cólera».

Inicio de la Odisea

Ἄνδρα μοι ἔννεπε, Μοῦσα (Ándra moi énnepe, Mousa): «Háblame, Musa, del hombre».

La Ilíada comienza con el mandato de cantar; la Odisea, con el de contar. La primera abre con μῆνιν (mênin): la cólera, la ira, el enojo. La segunda, con ἄνδρα (ándra): «hombre». Cólera —o ira— y hombre. Hablemos de esos dos inicios.

Creo que necesitamos recuperar esa mênis, aunque en otro registro. No me refiero a la ira ciega que destruye cuanto encuentra a su paso, como la ira misógina y cobarde del hombre que golpeó a una madre y a su hija, derribándolas de la motocicleta, sino a la indignación —creo que esta es la palabra más adecuada— inteligente que se niega a normalizar la injusticia. Hay una mênis imprescindible cuando una mujer decide romper el silencio frente a la violencia. Hace falta mênis cuando alguien se levanta contra el abuso, la corrupción o la discriminación. Sin esa clase de indignación, el mundo seguiría exactamente igual. Muchos de los cambios que hoy reconocemos como conquistas comenzaron con una mênis, con una indignación inteligente.

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El primer poema, la Ilíada, comienza con una emoción; el segundo, la Odisea, con una persona. Yo leo esos dos comienzos de este modo: la indignación, por imprescindible que sea, no puede convertirse en nuestro destino final ni en un fin en sí misma. La mênis sirve para levantarse, pero luego la vida sigue: el hombre debe caminar, volver a casa. Aquiles respondió con furia a lo que consideró una injusticia. Odiseo necesitó inteligencia, paciencia y prudencia para regresar a casa. Uno muestra que hay momentos en que la injusticia exige levantarse; el otro, que después de levantarnos debemos aprender a construir.

Primero hace falta la mênis, esa negativa radical a aceptar que la injusticia tenga la última palabra. Después hace falta alguien capaz de transformar esa energía en un camino, una comunidad, una casa. Las sociedades que pierden la mênis terminan resignándose al abuso. Las sociedades que solo conocen la mênis terminan devorándose a sí mismas.

Los poemas atribuidos a Homero comienzan con dos palabras: la Ilíada, con «cólera»; la Odisea, con «hombre». Ambos comienzos se complementan. La justicia necesita indignación. Pero, para no convertirse en otra forma de injusticia, esa indignación debe estar siempre al servicio de la vida humana.

LEE LOS OTROS ARTÍCULOS DE LA SERIE:

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 1

Etimologías en torno a la Odisea — Parte 2

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