La colonialidad, concepto propuesto por el sociólogo peruano Aníbal Quijano, es considerada por Walter Mignolo como «el lado más oscuro de la modernidad». La decolonialidad, término utilizado por el grupo de pensadores latinoamericanos conocido como Modernidad/Colonialidad, se remonta a mediados del siglo XX. El trabajo de estos pensadores representa un avance epistémico de los movimientos decoloniales —también llamados descoloniales en Brasil— en relación con las luchas africanas, asiáticas y latinoamericanas por la independencia frente a los proyectos políticos, socioeconómicos y culturales de las distintas colonizaciones.
La idea fundamental del decolonialismo consiste en superar las herencias y las marcas dejadas por los colonialismos, que operaron tanto mediante la dominación como a través de sistemas epistémicos, es decir, de formas de pensar, construir e imponer conocimientos: la colonización del saber. Es preciso tomar en serio, también en el campo de la misión cristiana, los efectos perjudiciales de la colonialidad sobre la vida de los pueblos del Sur Global. Superar esos efectos exige transformar las distintas formas de construcción y comunicación del conocimiento y, por tanto, la educación, principalmente la teológica y eclesial.
Para Nicolás Panotto, un primer paso hacia la de(s)colonización consistiría en reconocer la crisis que la herencia colonial —denominada por él «matriz colonial»— provoca actualmente en la organización y el contenido de los programas de estudios teológicos. La educación teológica en nuestros territorios atraviesa una crisis de identidad ante la urgencia de decolonizarse. Esta matriz colonial se refiere a «una fuerte presencia de temas pertenecientes a tradiciones cristianas de carácter filosófico y académico que no necesariamente se relacionan con el contexto religioso, eclesial y social de nuestra región». Como segundo paso, Panotto señala la necesidad de desarrollar una «sensibilidad» para la apropiación de las voces y de las «formas alternativas de ser, hacer, decir y pensar, y la manera en que esto se articula con las nuevas epistemologías». Por último, llama a enfrentar esta realidad para provocar cambios y nuevos procesos de empoderamiento de las voces que surgen en América Latina (PANOTTO, 2019, p. 76).
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La de(s)colonización no siempre constituye un proyecto voluntario e intencional en las instituciones teológicas. La mayoría de ellas permanece demasiado comprometida con las teologías coloniales y muy subordinada a estas, especialmente las instituciones de carácter seminarial que ofrecen cursos libres —no vinculados ni evaluados por los organismos gubernamentales de educación— orientados prioritariamente a la formación pastoral. Las instituciones que buscan el reconocimiento del Estado, sin embargo, deben adecuarse a las políticas establecidas para la educación superior en general, lo que ha provocado cambios importantes y ha contribuido a este proceso de decolonización.
La educación teológica fue introducida en los distintos países del Sur Global como un elemento extranjero, con el propósito de formar ministros religiosos que ayudaran a los misioneros en las iglesias implantadas. Por esa razón, se adaptó a los proyectos misioneros y a los modelos educativos de las instituciones de origen de esos misioneros, tanto en el contenido de los programas como en su forma. La propuesta no consistía en formar pensadoras y pensadores capaces de construir teologías contextualizadas en América Latina, África o Asia, sino en preparar mano de obra pastoral para la evangelización. Se partía del supuesto de que ya existían teologías elaboradas que solo debían aprenderse y repetirse.
Todo conocimiento, sin embargo, se construye sobre determinadas bases del saber y del conocer. El pensamiento sapiencial sirvió al mundo bíblico y al conocimiento desarrollado en él. De manera semejante, la filosofía sirvió a la teología antigua, medieval y moderna, y continúa marcando la teología eurocéntrica hasta nuestros días. Esto exige que la transformación de los proyectos educativos pase por un cambio epistémico. Esta es la tesis de David Bosch en su obra Misión transformadora.
Para Maldonado-Torres, la descolonización es un concepto que «se refiere a la lucha contra la lógica de la colonialidad y sus efectos materiales, epistémicos y simbólicos» (MALDONADO-TORRES, en BERNARDINO-COSTA; MALDONADO-TORRES; GROSFOGUEL, 2023, p. 36), e involucra de manera decisiva el campo de la educación. Se trata de un movimiento más profundo, que debe alcanzar las formas de producir conocimiento y recuperar, desde la resistencia, nuestras propias maneras de conocer. Esto parte de la convicción de que esas formas son tan válidas y necesarias como las que han prevalecido en nuestros territorios, incluso en el ámbito académico. La búsqueda de una «identidad» epistémica es una tarea a la que una misión teológica liberadora no puede renunciar.
También podemos hablar de una efervescencia de la producción teológica latinoamericana, en la que participan movimientos, instituciones teológicas e incluso eclesiales. Se perciben esfuerzos por abordar asuntos relacionados con América Latina en las discusiones promovidas por organizaciones como la SOTER —Sociedade de Teologia e Ciências da Religião (Sociedad de Teología y Ciencias de la Religión)—; la ANPTECRE —Associação Nacional dos Programas de Pós-Graduação e Pesquisa em Teologia e Ciências da Religião (Asociación Nacional de Programas de Posgrado e Investigación en Teología y Ciencias de la Religión)—; la RELEP —Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales—; y la FTL —Fraternidad Teológica Latinoamericana—, entre otras. La publicación de obras de teólogas y teólogos latinoamericanos también ha aumentado durante las últimas décadas, acompañada por el surgimiento de editoriales nacionales dedicadas a las teologías contextualizadas.
Mary Getui comenta que este fenómeno también se produce en África. Entre los esfuerzos teológicos, destaca la recuperación histórica de la contribución de los teólogos pioneros a la construcción de la teología africana, algo pertinente también por el papel de los antepasados en las culturas africanas. Afirma que «la teología africana ha tenido una larga historia que, en ocasiones, es ignorada, malinterpretada o excluida […]», pero que «reconocer a los teólogos pioneros y documentar sus contribuciones está en consonancia con las tradiciones ancestrales africanas, para las cuales las personas mayores y los ancianos son una riqueza» (GETUI, en VIGIL; TOMITA; BARROS, 2008, p. 276).
Getui también explica que resulta perceptible la capacidad de los teólogos africanos para contextualizar la teología en su continente y que esta se ha revelado como «un movimiento multifacético y dialéctico en crecimiento». Recurriendo a una analogía con las pruebas de relevos del atletismo, describe estos esfuerzos teológicos como una carrera «en la que el testigo pasa de un atleta a otro» (p. 279).
El escenario de transición que actualmente percibimos en la formación teológica del Sur Global es, cuando menos, complejo. En él coexisten, por una parte, las formas y los contenidos de una teología occidentalizada, propia de la mentalidad del Norte Global, predominantemente centrada en el mundo de las ideas o caracterizada por un enfoque doctrinal y técnico-práctico; y, por otra, teologías metodológicamente vinculadas con los movimientos sociales. Estas últimas se conocen como teologías sociales, políticas o contextuales, tienen en las ciencias humanas su principal mediación teórica y buscan una nueva praxis cristiana en el contexto social.
También contribuye a la complejidad de este escenario el diálogo que viene estableciéndose, aunque lentamente, con las teologías de los pueblos originarios y sus saberes ancestrales mediante acciones descolonizadoras. Los pentecostalismos participan igualmente en esta amplia construcción con su teología pneumática, su énfasis en la experiencia de la fe y su lenguaje marcado por la oralidad. En el campo teológico de este lado del mundo suceden muchas cosas que merecen atención y reconocimiento.
El pensamiento teológico precede a la educación teológica, pues esta representa el esfuerzo pedagógico por organizarlo e introducirlo en el ámbito de la relación entre enseñanza y aprendizaje o, en el caso de las culturas tradicionales, en sus distintas formas de transmisión y vivencia. Al mismo tiempo, la decolonización de la educación es fundamental para que el pensamiento teológico también sea decolonizado y pueda desarrollarse en sus múltiples diálogos.
Las bases actuales de la educación teológica en América Latina todavía se encuentran fuertemente asentadas en las epistemologías del Norte Global y continúan dependiendo de ellas. Es preciso redescubrir y valorar las formas de conocimiento del Sur Global, incluidas sus propias metodologías educativas, como defendía Paulo Freire con su propuesta de una educación para la autonomía y la esperanza. En el Sur del mundo necesitamos desarrollar una teología que no sea opresora, que confronte la herencia colonial y se centre en un evangelio del amor, la generosidad y el cuidado de nuestra gente.
La descolonización teológica es necesariamente un proceso lento y cuidadoso, pues se refiere a comprensiones de la fe que fundamentan espiritualidades e incluso formas de vida. No basta con transformar las prácticas sin transformar las ideas que las sustentan, especialmente aquellas que se comunican en las comunidades cristianas mediante fórmulas doctrinales incuestionables. Sobre esto, Escobar advierte: «Nuestra teología quiere ser más que una simple repetición o adaptación de fórmulas extranjeras, memorizadas mecánicamente» (ESCOBAR, 1987, p. 102).
Necesitamos teologías que tengan sentido para nuestro pueblo y que realmente puedan nutrir sus espiritualidades y vivencias cristianas a partir de sus propios contextos de vida.
También hace falta liberar a la teología de la obligación impuesta de ser un saber misterioso, de vocabulario rebuscado, compuesto por postulados incomprensibles y conceptos «elevados» que solo los «ilustrados» de la fe serían capaces de comprender. Esta teología, de carácter escolástico y elitista, sirve para sostener formas de dominación clerical, eclesiástica e incluso académica, que exigen obediencia sin hacer accesible el sentido de sus enseñanzas.
Cambiar el lenguaje teológico, por sí solo, no basta. Es preciso repensar sus temas fundamentales a la luz de las nuevas realidades que se presentan: la salvación, el pecado, Jesucristo, Dios y otros asuntos relevantes de la teología, organizados a partir de otras metodologías y mediaciones teóricas y vivenciales. Un saber de la fe expresado en un lenguaje accesible, que narre la fe, dialogue con los distintos grupos sociales y se nutra de la bibliografía extranjera, de las voces locales y del propio pueblo es lo mínimo que puede esperarse de una teología del Sur del mundo.
Jürgen Moltmann fue uno de los teólogos del Norte Global que procuró dialogar con distintas ciencias y con las teologías latinoamericanas. Afirma que «toda buena teología cristiana sabe en qué contexto, en qué kairós y en qué comunidad debe situarse», y advierte:
Toda teología liberadora debe, en primer lugar, liberarse a sí misma. Para ello, necesita tres pasos: 1) separación de la teología dominante; 2) identidad en la propia teología; 3) una nueva comunidad con la teología anterior o con las demás teologías, es decir, con la teología de los antepasados o de los otros. (SUSIN, 2000, p. 227).
A la luz de estos consejos, resultan fundamentales para las teologías y para la educación teológica del Sur Global: (1) el desplazamiento de las dependencias epistémicas respecto de las teologías y los modelos de educación teológica del Norte Global; (2) el reconocimiento de los contextos culturales, sociales e históricos de los pueblos del Sur Global como lugares teológicos y pedagógicos a partir de los cuales sus teologías son producidas y legitimadas; (3) la resistencia a la tendencia universalizadora propia de las teologías eurocéntricas, pues constituye una forma encubierta de dominación y control; (4) la participación en la amplia mesa de intercambio teológico, reivindicando un trato igualitario con las demás teologías y formas de educar; y (5) la diferenciación respecto de las formas tradicionales heredadas de educación teológica mediante proyectos de educación teológica ambiental, en derechos humanos, diversidad y relaciones étnico-raciales, entre otras dimensiones.
Las teologías del Sur Global —entre ellas, las teologías latinoamericanas (TLA)— nacen como teologías reexistentes, contextuales y liberadoras. Estas características no pueden atenuarse, tampoco en sus pedagogías, sin que pierdan su propia identidad.
Fuentes bibliográficas
Nota 1: las autoras se mencionan con su nombre de pila
Nota 2: Dado que el artículo fue escrito originalmente en portugués, los títulos de las obras se conservan en ese idioma, tal como aparecen en la bibliografía del texto original.
BERNARDINO-COSTA, Joaze; MALDONADO-TORRES, Nelson; GROSFOGUEL, Ramón (orgs.). Decolonialidade e pensamento afrodiaspórico. Belo Horizonte: Autêntica, 2023.
MINDLIN, Betty. Vozes da origem. Río de Janeiro: Record, 2007.
CUNHA, Carlos. Encontros decoloniais entre o Bem-viver e o Reino de Deus. Campinas: Saber Criativo, 2019.
FREIRE, Paulo. Pedagogia da autonomia. São Paulo: Paz e Terra, 1996.
MENESES, Maria Paula; SANTOS, Boaventura de Sousa (orgs.). Epistemologias do Sul. Coimbra: Edições Almedina, 2009.
PANOTTO, Nicolás. Descolonizar o saber teológico na América Latina. São Paulo: Recriar, 2019.
FERNANDES, Regina. Introdução às teologias latino-americanas. Campinas: Saber Criativo, 2019.
SUSIN, Luiz Carlos (org.). O mar se abriu. São Paulo: Loyola, 2000.


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