I. José Míguez Bonino, un teólogo contextual
José Míguez Bonino fue un teólogo argentino muy conocido en diversos sectores teológicos a nivel mundial. Se le reconoce como un destacado profesor, dirigente ecuménico y defensor de los derechos humanos en Argentina. Según Míguez, en algunos espacios teológicos «Ha sido catalogado diversamente como conservador, revolucionario, barthiano liberal, catolizante, moderado, liberacionistas».1 Sin embargo, para sus alumnos, discípulos y colegas fue un ser humano de profundas ideas y gran conocimiento, además de mostrar siempre una sensibilidad pastoral ante el sufrimiento de los demás.
1. Vida y obra de José Míguez Bonino
Nuestro autor nació en la ciudad de Santa Fe, República Argentina, en 1924, y conoció el evangelio desde temprana edad. Su padre fue un inmigrante de Galacia y su madre provenía de una familia italiana. Ambos se convirtieron al cristianismo evangélico en la Iglesia metodista. Tal como lo plantea Néstor Gómez, «La influencia de la fe metodista familiar y eclesial marcó su vida a tal punto que lo llevó a abandonar sus estudios de medicina para dedicarse a la vocación pastoral y al estudio teológico».2 Estudió en la Facultad Evangélica de Teología en Argentina; posteriormente realizó una maestría en Candler School of Theology, en Atlanta, y se doctoró en teología en el Union Theological Seminary de Nueva York en 1960, con una tesis que abordó las relaciones entre catolicismo romano y protestantismo.
Fue pastor en varias congregaciones en Argentina y Bolivia, siempre con una gran empatía ante las necesidades de sus hermanos. Como lo señala José Tamayo, «ha sido profesor de ética y teología en la facultad evangélica de teología de Buenos Aires (ISEDET) de 1954 a 1970 y rector de la misma facultad y asistió como observador de la iglesia metodista al concilio Vaticano II».3 El profesor Míguez fue un teólogo activo y comprometido con la realidad social de las iglesias. Fue también fundador y promotor de movimientos ecuménicos y liberacionistas. Algunos de estos movimientos fueron Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL), la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), la Unidad Evangélica Latinoamericana y el Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE).4 Estos espacios protestantes estuvieron entre los primeros que trataron de pensar el nuevo contexto eclesiológico en Latinoamérica, además de constituir un antecedente de la teología de la liberación.
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2. Contexto sociopolítico de su teología
Su contexto histórico fue determinante. Entre los años 1960 y 1970 se enlazaron una serie de acontecimientos que afectaron a la sociedad latinoamericana en general. Entre ellos se destacan el Concilio Vaticano II, Mayo del 68 con su propuesta de liberación sexual, la segunda ola del feminismo, la perspectiva teológica liberacionista, la Revolución cubana, el surgimiento de dictaduras militares y la implementación de proyectos neoliberales.5 Este periodo es conocido como el fin del modelo latinoamericano de desarrollo y estuvo marcado por un rediseño de la política económica impulsado por empresarios y dictaduras. Como lo manifiesta José del Pozo, «En países como Argentina y Chile, se ponía énfasis en la privatización de las empresas del Estado basándose en una represión implacable contra los sindicatos y cualquier otra organización de trabajadores».6 Este tipo de políticas públicas ocasionó un retroceso en los derechos laborales y el empobrecimiento de un sector importante de las sociedades chilena y argentina.
La reflexión de Míguez Bonino y de otros intelectuales de la teología de la liberación sobre lo que ocurría en América Latina se contextualizó con la ayuda de la «teoría de la dependencia». Iriarte explica: «La dependencia es el fenómeno que impide que un país se desarrolle autónomamente en el orden económico, social y político».7 En las décadas de 1960 y 1970, en la economía mundial había países desarrollados y otros en vías de desarrollo. Los primeros estaban industrializados y tenían poder económico y político; los no industrializados carecían de ese poder y eran países dependientes. En síntesis, estos efectos se visibilizaron en lo cultural, en lo tecnológico y en la educación, pero particularmente en lo económico y en lo político.8
II. Teología de la liberación y su compromiso con la nueva realidad social
Su obra La fe en busca de eficacia es una adaptación de su texto escrito en inglés Doing Theology in a Revolutionary Situation, en el cual busca entregar una interpretación del pensamiento de la teología latinoamericana de la liberación. Según José Tamayo, «José Míguez Bonino es, junto con R. Alves, J. de Santa Ana y J. Pixley, uno de los teólogos protestantes que más ha contribuido críticamente a la reflexión teológica latinoamericana en la línea de la TL».9
1. Teología latinoamericana y su quehacer
Para Míguez Bonino, «la teología latinoamericana de la liberación comienza a emerger (¿cómo toda teología?) a posteriori como una reflexión sobre los hechos y las experiencias que ya han evocado una respuesta por parte de los cristianos».10 Para nuestro autor, la reflexión teológica debe reunir e integrar dos elementos: el proyecto de liberación y la participación de la comunidad eclesial. En este punto, el teólogo argentino observa una diferencia importante entre la teología política europea, la norteamericana y la teología de la liberación. Míguez dice: «Es verdad que la teología política del Primer mundo reconoce el carácter práxico y político de la fe, pero tiende a situarse en un terreno neutral y no ve la necesidad de tomar partido por una praxis política concreta o por un determinado análisis».11
En su libro, Míguez busca aclarar que esta naciente reflexión de la liberación no es una mera transcripción o adaptación de la teología académica de los centros tradicionales. Él piensa que la teología de la liberación reclama «con creciente insistencia el derecho de re-leer a sus maestros, de hallar su propio camino e interpretar por sí mismos el método del quehacer teológico».12 Sin embargo, su pensamiento plantea una advertencia sobre ciertas líneas de convergencia entre el pensamiento humano y la investigación bíblica que han dado un lugar privilegiado al ámbito histórico como fuente preferida para la construcción teológica. Tal como lo dice el teólogo argentino, «Han sido las ciencias que tratan de la existencia histórica del hombre —sociología, la política, las ciencias de la cultura— las que han provisto cada vez más decisivamente las categorías y articulaciones de la teología».13
Míguez Bonino comenta que «para el cristiano, la ubicación social y teológica son unas, unificadas en el compromiso específico con los pobres. Esta es la opción determinante para el uso de las herramientas socio-analíticas y para la perspectiva de la reflexión teológica».14 Para el teólogo, son necesarios los aportes de otras ciencias para enriquecer el quehacer teológico, pero se deben precisar bien los límites entre una ciencia y otra. Como lo ha expresado en varias ocasiones, «la teología no es una sociología santificada, y asimismo tiene un principio epistemológico específico, la fe».15
2. Una teología del reino
Para Alberto Roldán, José Míguez Bonino «reconoce que los teólogos de la liberación fueron quienes han procurado superar la visión dualista de la historia».16 La obra de nuestro autor se preocupa por la relación entre reino de Dios y compromiso histórico. El doctor Míguez declara: «A diferencia de Israel nosotros los gentiles, no podemos tener fe sin esta doble referencia histórica y, por lo tanto, no podemos eludir la cuestión de la relación de la acción de Dios con esa doble referencias históricas en la que el evangelio nos envuelve».17 De esta forma, la figura y el mensaje del reino de Dios permiten tener una idea legítimamente cristiana del compromiso de la Iglesia con lo social y, al mismo tiempo, conocer el propósito de Dios y su obrar en medio de la humanidad.
Los teólogos de la liberación, además de superar esta visión dualista, se esfuerzan por mantener la integridad de una historia «Cristofinalizada».18 Dios construye su reino a partir de la historia humana y dentro de ella. La fe no nos lleva a una historia diferente, sino que nos mueve y nos invita a transformar la realidad. Así Míguez asevera: «En otras palabras, es necesario nombrar el reino, en el lenguaje de la historia cotidiana. Como hemos visto, podemos hablar de amor, liberación, el nuevo hombre, como las señales que nos permiten identificar la soberanía activa de Dios en la historia, la presencia redentora de Jesús y, por consiguiente, el llamado a la obediencia de la fe».19 Por tanto, no es posible pensar que el reino sea el producto natural de la historia o que esté dirigido por ciertas leyes que lo conduzcan hacia un final. Ocurre más bien al contrario: es la historia la que desemboca en el reino, el cual es redimido por y a través de la Iglesia.
III. Ética de la liberación y ética del amor
El libro Ama y haz lo que quieras se publicó después de su participación como observador en el Concilio Vaticano II. Su intención fue promover un debate sobre la especificidad de la moral evangélica. Su autor considera que «el aporte ético del evangélico a la crisis moral —la del primer siglo y la nuestra— no consiste en principios, instituciones y leyes nueva como en un hombre nuevo. Lo que Jesucristo genera en este mundo es una nueva humanidad, una nueva forma de ser humano».20 La ética que plantea José Míguez Bonino se origina en una comunidad de hombres y mujeres renacidos y resucitados a una nueva vida, que busca una nueva calidad de vida humana y promueve una forma renovada de ser humano-en-comunidad.
1. El paradigma del amor en la teología de la liberación
Se debe aclarar que el doctor Míguez no desarrolla un debate sobre la noción teórica del acto moral. Que no debata este asunto, sin embargo, no anula su acercamiento teórico al tema. Como lo manifiestan Morea-van Berkum y Gómez, «lo que sí es claro es que este autor entiende el dolor y sufrimiento al cual ha sido sometido nuestros pueblos, y quiere distanciarse de los planteamientos éticos occidentales que marginan y desvirtúan al pobre, sobre todo de enseñanzas y desarrollos éticos morales abstractas que no terminan en asuntos concretos».21 Es de ese tipo de ética de la que Míguez busca distanciarse: una ética adoptada por la mayoría de las comunidades y personas cristianas, esencialmente eurocéntrica y neutra.
La ética y su acto moral se piensan situando al ser humano no dentro de la esfera individualista, como lo presenta la modernidad de Occidente, sino en una relación de carácter trinitario. El teólogo argentino lo interpreta así: «Dios es en sí mismo una permanente conversación, una comunión de amor, una identidad de propósito y una unidad de acción, Padre, Hijo y Espíritu Santo».22 Por ende, el ser humano y la humanidad tienen un modelo de comunicación y de comunidad de amor que se opone al individualismo y a una ética abstracta. Para Míguez Bonino, «Dios nos ha mostrado la realidad auténtica del ser humano en Jesucristo, él es la humanidad original. Y la forma de ser de Cristo está definida por el camino que el amor traza de la gloria a la humillación, es esa disposición de despojarse la que supera una disciplina ascética moralizante, es un acto de amor».23 Las acciones morales y la vida ética no se logran por medio de esfuerzos ascéticos o de un canon moral rígido, sino asumiendo y creyendo en esta nueva humanidad otorgada por Dios a través de Jesucristo.
En este sentido, es en la comunidad de creyentes donde los actos de Dios se manifiestan en la historia. Según el profesor Míguez, «el cristiano no es un número suelto, una especie de francotirador de Dios, que tiene abrirse su propio camino, apoyado en su consciencia personal y soberana. Es un miembro de una comunidad, comprometido con otros en su existencia y misión común, que le señala el camino».24 Por consiguiente, la respuesta ética del creyente siempre debe estar en relación con la ética de la comunidad inspirada en el amor de Dios. Es la comunidad de discípulos la que debe estar comprometida con la transformación de las relaciones humanas, familiares y sociopolíticas desde la perspectiva del evangelio.
2. Ética de la liberación
Para ser claros, José Míguez Bonino no es el único teólogo que ha tratado la ética dentro del pensamiento de la teología de la liberación. Sin embargo, para Roy May, «la ética de la liberación ha demostrado poco interés en cuestiones relacionadas con el género, raza y etnia o medio ambiente; mucho menos en los nuevos campos morales como la tecnología y la ciencia».25 Es decir, el problema de la ética de la liberación no es su contenido conceptual, sino la aplicación de su teoría a la vida cotidiana de la realidad latinoamericana. La ética debe ser contextual; vale decir, su método surge del contexto histórico, de la experiencia y de la comprensión de ambos.26 Debe ser reflexionada a partir de las personas y de sus necesidades reales. Dicho de otra manera, es el sujeto, en condiciones de injusticia, marginalidad y discriminación, el criterio examinador de lo moral.
Sobre este punto, Míguez explica que existen algunos principios éticos básicos sobre los que hay una cierta conciencia ética común:
«Estos principios generales pueden especificarse en criterios de acción política: (a) el bienestar de todos, incluyendo las condiciones materiales, culturales y políticas para el desarrollo humano y una medida de seguridad; (b) la libertad, que se comprueba en la libertad de las minorías para disentir, en espacio para la existencia de asociaciones voluntarias y libertad de expresión; (c) el orden, la paz y la cooperación entre diferentes grupos y sectores de la sociedad, que eviten el estallido de conflictos destructivos de clases de intereses; (d) la justicia, en el sentido del summ cuique entendido como igualdad de oportunidades».27
Finalmente, la ética en el contexto latinoamericano, y en particular en su reflexión liberadora, debe ser elaborada desde y para la comunidad, motivada por el amor y pensada desde una teología encarnada que refleje el mensaje liberador de Jesucristo para todos y todas.
IV. Conclusiones
En primer lugar, José Míguez Bonino fue un teólogo contextual; desarrolló una perspectiva teológica marcada por una preocupación ética y un compromiso con los pobres. El quehacer de la teología de la liberación debe nacer de la reflexión sobre los hechos y las circunstancias históricas de los individuos, evitando el reduccionismo sociológico, pero manteniendo un ángulo crítico sobre la misión.
En segundo lugar, el profesor Míguez nos habla de un amor que nace de la fe y que debe traducirse en un esfuerzo eficaz y consciente frente a las condiciones históricas que deben cambiar. Aunque no logre todo lo que quiere, ese amor debe manifestarse de manera concreta con quienes sufren y pensarse desde la cotidianidad y hacia la cotidianidad de las personas. Es un amor que permite una reflexión comprometida con el testimonio liberador de Jesús, pero que también nos invita a transformar la realidad.
Bibliografía
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Tamayo Acosta, José. Para comprender la teología de la liberación. Navarra: Verbo Divino, 1989.
- José Míguez Bonino, Rostros del protestantismo latinoamericano (Buenos Aires: Nueva Creación, 1995), 5. ↩︎
- Néstor A. Gómez, «Introducción: celebrando la vida y obra teológica de José Míguez Bonino», Revista Perspectivas, n.º 17 (2020), 16, acceso el 15 de febrero de 2025, https://perspectivasonline.com/downloads/introduction/ ↩︎
- José Tamayo Acosta, Para comprender la teología de la liberación (Navarra: Verbo Divino, 1989), 243. ↩︎
- Gómez, «Introducción», 16. ↩︎
- Alexander V. Morea-van Berkum y Néstor Gómez, «Acto y sujeto moral en la Teología de la Liberación: Esbozo para una comprensión del pensamiento ético de José Míguez Bonino», Revista Perspectivas, n.º 17 (2020), 35, acceso el 15 de febrero de 2025, https://perspectivasonline.com/downloads/acto-y-sujeto-moral-en-la-teologia-de-la-liberacion-esbozos-para-una-comprension-del-pensamiento-etico-de-jose-miguez-bonino/ ↩︎
- José del Pozo Artigas, Historia de América Latina y el Caribe: 1825 hasta nuestros días (Santiago: Editores LOM, 2002), 182. ↩︎
- Gregorio Iriarte, Para comprender América Latina: Realidad económica (Navarra: Verbo Divino, 1991), 23. ↩︎
- Gregorio Iriarte, Para comprender América Latina: Realidad sociopolítica (Navarra: Verbo Divino, 1994), 19. ↩︎
- Tamayo, Para comprender…, 25. ↩︎
- José Míguez Bonino, La fe en busca de la eficacia: Una interpretación de la reflexión latinoamericana de liberación (Salamanca: Sígueme, 1977), 85. ↩︎
- Tamayo, Para comprender…, 244. ↩︎
- Míguez, La fe en busca de la eficacia…, 86. ↩︎
- Ibid., 105. ↩︎
- José Míguez Bonino, Militancia política y ética cristiana (Buenos Aires: Ediciones La Aurora, 2013), 66. ↩︎
- Ibid., 64. ↩︎
- Alberto Roldán, Atenas y Jerusalén en diálogo: Filosofía y teología en mediación hermenéutica (Buenos Aires: Ediciones Puma, 2015), 206. ↩︎
- Míguez, La fe en busca de la eficacia…, 165. ↩︎
- Ibid., 166. ↩︎
- Ibid., 167. ↩︎
- José Míguez Bonino, Ama y haz lo que quieras: una ética para el hombre nuevo (Buenos Aires: Ediciones La Aurora, 2018), 26. ↩︎
- Morea-van Berkum y Gómez, «Acto y sujeto moral», 28. ↩︎
- Míguez, Rostros…, 113. ↩︎
- Míguez, Ama y haz lo que quieras…, 30. ↩︎
- Ibid., 60. ↩︎
- Roy May, «Ética de la liberación: sus alcances, limitaciones y posibilidades actuales», en Teologías latinoamericanas de la liberación: pasión, crítica y esperanza, ed. Jonathan Pimentel (San José: UNELA-SEBILA, 2010), 242. ↩︎
- Ibid., 247. ↩︎
- José Míguez Bonino, Poder del evangelio y poder político: La participación de los evangélicos en la política en América Latina (Buenos Aires: Kairós, 1999), 20. ↩︎

