Se cumplen cinco años desde la muerte de René Padilla. Su nombre sigue apareciendo cada vez que se habla de misión, iglesia y responsabilidad social en América Latina.
No fue un teólogo aislado de la vida de la iglesia. Pensó y escribió desde la experiencia pastoral, desde el trabajo con estudiantes, desde la realidad concreta de nuestros países. Insistió en algo que hoy muchos dan por sentado, pero que en su momento generó resistencia: la fe cristiana no puede separarse de la vida cotidiana ni de las condiciones en que viven las personas.
Parte de lo que hoy se entiende como misión cristiana en el mundo evangélico fue formulado, discutido y defendido por él y por otros teólogos latinoamericanos de su generación. Su aporte no fue marginal.
Volver a esta entrevista de 1995 no es un ejercicio de memoria solamente. Es una forma de escuchar, en sus propias palabras, cómo entendía la teología, la iglesia y la misión.
A continuación, compartimos la entrevista realizada por Víctor Rey, publicada en el libro Conversaciones desde la fe del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).

Bases Bíblicas de la misión: Perspectivas latinoamericanas
Bases Bíblicas de la misión: Perspectivas latinoamericanas surge como respuesta a un vacío histórico en la reflexión misionológica evangélica en la región. Frente al crecimiento del envío misionero y la dependencia de enfoques pragmáticos importados, el libro propone una lectura bíblica contextual que recorre casi todo el canon desde América Latina. Es una obra pionera que articula Biblia, misión y contexto, y que sigue siendo una referencia ineludible para pensar la misión desde el sur global.
Entrevista a René Padilla (1995)
¿Nos puede contar algo de su vida?
Nací en un hogar evangélico, en Quito, en una familia pobre. Por razones de trabajo, mi padre se trasladó a Colombia. Entiendo que estuvo un tiempo viviendo solo hasta lograr cierta estabilidad y luego toda la familia viajó a Colombia, cuando yo tenía dos años y medio. Tenía tres hermanos y tres hermanas; éramos siete en total. Yo estaba justamente en la mitad de la familia.
Hice mi primaria en Colombia. Fui expulsado de la escuela cuando estaba haciendo el tercer grado por no asistir a una procesión, lo cual muestra un poquito la situación que vivían los evangélicos en Colombia en esos años. En la década de los 30, y aún muy posteriormente, en parte por la persecución religiosa y en parte porque en el Ecuador en ese momento, por lo menos, había mayores facilidades para la educación, mi familia volvió al Ecuador.
Hice la secundaria en Quito. Al graduarme, fui a Estados Unidos a estudiar en Wheaton College. Estudié filosofía y luego teología y, en cuanto terminé, me vinculé con la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, que me nombró Secretario Viajero para cubrir Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Esto fue en el año 1959.
En 1963, ya casado y con dos hijas, viajé a Inglaterra para hacer un Doctorado en Ciencias Bíblicas bajo la dirección del profesor F. F. Bruce. Estuvimos en Inglaterra por dos años. Cuando volvimos a América Latina, establecimos nuestro hogar, ya con tres hijas, en Lima, Perú. Fui nombrado Secretario General de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos.
Vivimos en Perú un poco más de un año y, al final, nos trasladamos a la Argentina. Mi trabajo con la Comunidad Internacional comenzó en el 59 y terminó en el 82 en la Argentina. Seguí ejerciendo la tarea de Secretario Regional, pero también se me nombró Director de Publicaciones. Estuve al frente de la revista “Certeza” por varios años.
Al salir de la Comunidad Internacional, seguí sirviendo en el campo de la literatura. Estuve trabajando con la editorial “Caribe” y posteriormente se me invitó a trabajar como Secretario Ejecutivo de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, de la cual yo había sido miembro fundador.
Actualmente soy Secretario de Publicaciones de la Fraternidad Teológica y Presidente de la Fundación Kairós, en Argentina. Además, he ejercido el pastorado por varios años. Actualmente soy pastor miembro de un equipo pastoral, para ser exacto, en una iglesia pequeña del barrio de San Fernando, en Buenos Aires.
¿Qué factores contribuyeron a su formación teológica?
Un factor decisivo fue la formación que recibí en mi propio hogar. Mi padre fue un hombre autodidacta; leía mucho a pesar de su poca educación formal. Le gustaba mucho la teología y de él recibí inspiración para leer. Comencé a leer teología y otras cosas desde pequeño.
Cuando estuve en la secundaria sentí la necesidad de tomar algunos de los cursos por correspondencia que se ofrecían y se sembraron en mí varias inquietudes teológicas. En Wheaton estudié, además de filosofía, griego y materias bíblicas y, poco a poco, fui entusiasmándome con todo lo que es la reflexión teológica y con el tiempo empecé a escribir sobre el tema.
¿Cuáles han sido sus mayores satisfacciones como teólogo?
Muy difícil decirlo, porque el teólogo no existe aparte del pastor, ni el pastor aparte de congregaciones locales, donde hay toda suerte de oportunidades de compartir la visión de lo que es la Iglesia y lo que es la misión de la Iglesia.
Quizás una de las mayores satisfacciones ha sido ver que la reflexión ha hecho un impacto en la vida de la gente. Pero no creo que sea la teología sola; es lo que uno, por la gracia de Dios, logra integrar en su propia vida en términos de reflexión y de práctica cristiana.
¿Cuáles son los hitos en su peregrinaje espiritual?
Bueno, lo primero, mi conversión consciente. Ya mencioné que me crié en un hogar evangélico, pero cuando tenía más o menos quince años hice de mi compromiso con Jesucristo un compromiso personal. Todavía recuerdo mis caminatas por los largos corredores del Colegio Mejía de Quito, leyendo el Nuevo Testamento porque quería interiorizarme más personalmente de lo que significaba la enseñanza bíblica.
Cuando tenía más o menos diecisiete años, se me nombró Presidente de la Sociedad Juvenil. Para mí ese fue un tremendo desafío y creo que me ayudó a crecer en mi experiencia en lo que significa servir a Jesucristo. Comencé a predicar a los diecisiete años en el Penal García Moreno y también, al poco tiempo, por la radio, la radio HCJB.
Algunos de los recuerdos más vívidos que yo tengo de lo que Dios quiso hacer en mi vida se dieron en mi contexto de momentos difíciles. Por ejemplo, cuando en la Universidad de Wheaton no disponía de los medios necesarios para mi propio sostenimiento, porque yo tenía que pagarlo todo. No tuve ningún tipo de ayuda de ninguna institución. Recibí una beca de la propia universidad y eso fue todo, pero eso para mí fue una disciplina que me ayudó mucho a crecer y a confiar en el Señor y a saber que Él era capaz de proveer para mis necesidades, y a lo largo de la experiencia ha sido así.
Cuando nos casamos no teníamos nada, absolutamente nada, y cuando decidimos ir a Inglaterra a estudiar, mi señora y yo, tampoco teníamos nada, y sin embargo dimos un paso confiando en el Señor, y esto nos ayudó a crecer como personas.
Me ha ayudado mucho el hecho de estar vinculado a una iglesia y tener que responsabilizarme por el liderazgo dentro de una situación que no era necesariamente ideal, pero donde había que confiar en el Señor para que Él lograra cambiar las cosas. Para mí fue una gran alegría ver cómo la iglesia fue tomando forma de acuerdo con lo que yo soñaba que debía ser una iglesia; no porque fuera perfecta, pero porque sí se dieron cosas que para mí eran esenciales para la vida de la iglesia: la comunión cristiana a un nivel más profundo, la responsabilidad hacia el prójimo, especialmente a los más necesitados, la predicación de la Palabra como algo central en la vida de la Iglesia, la lectura regular de buenas obras por parte de muchos miembros de la Iglesia, el surgimiento de un liderazgo local, la formación de jóvenes. En fin, estas han sido cosas que han representado para mí oportunidades de crecimiento, a la vez que de servicio.
¿Qué es para usted la teología?
La teología es el esfuerzo humano por entender y articular el propósito de Dios para la vida humana, para la vida de la Iglesia y para la vida de la sociedad.
Cumple una función crítica, especialmente en relación con la Iglesia, y a la vez una función constructiva, apuntando la dirección en la cual debe moverse la Iglesia bajo la dirección del Espíritu Santo, según la instrucción de la Palabra de Dios.
Tiene mucho que ver con un diálogo entre la Palabra de Dios —la revelación en Cristo Jesús, la revelación escrita— y la situación del mundo, los problemas que nos rodean, el contexto en que vivimos. Sin ese diálogo no hay teología.
La teología es un esfuerzo humano; la palabra última la tiene el Señor y su revelación, pero nosotros tenemos la responsabilidad de entender lo que esa revelación en Jesucristo significa para nuestra propia vida.
¿Cuáles serían entonces las tareas de la teología en América Latina?
Básicamente las que he mencionado. Hay una tarea crítica y hay una tarea constructiva de apuntar la dirección en la cual la Iglesia debe moverse en obediencia al evangelio.
En este momento hace falta un diálogo interdisciplinario en el que tratemos de entender la relación que hay entre el evangelio y situaciones tales como las que plantea la economía moderna, la destrucción del medio ambiente, la vida humana en una sociedad violenta, el problema de la corrupción que existe en nuestros países, que son legado del pasado y que sigue siendo una gran carga para estos países. La teología tiene la responsabilidad de buscar la Palabra de Dios en relación con estas situaciones.
¿Qué piensa en cuanto al panorama teológico en América Latina hoy?
En el panorama teológico de América Latina ha habido un crecimiento, en círculos evangélicos, en cuanto a la preocupación por la reflexión teológica. Todavía, pienso yo, estamos lejos de alcanzar lo que es necesario. En muchos sectores se teme a la teología o se la relega a una posición de ninguna importancia. Se cree que la Iglesia puede funcionar perfectamente con fórmulas que recibió de afuera.
No hay una reflexión teológica en muchos círculos y yo creo que eso es asunto de preocupación, pero a la vez las cosas han cambiado en ciertas situaciones. Uno ve que la juventud tiene preocupaciones teológicas y está aprendiendo a pensar teológicamente, y esto es algo que anima.
¿Qué piensa del futuro de la teología en América Latina?
La nueva generación es la que tiene que responsabilizarse por la tarea teológica, como por la tarea de la Iglesia en general. Hace falta más gente que vea la importancia de la reflexión teológica, que no es una ocupación ociosa para los que tienen demasiado tiempo y no tienen nada que hacer.
Algunos contraponen, por ejemplo, la evangelización con la reflexión teológica. Yo no creo en eso. Yo creo que no hay reflexión que no obtenga incidencia en la vida práctica, si es que es una reflexión que se desprende de un compromiso cristiano, y a la vez, sin reflexión, la tarea en que estamos empeñados se torna en mero activismo.
Yo no creo ni en el activismo ni en el intelectualismo. Creo en una teología que ilumina la acción de la Iglesia y que critica lo que debe ser criticado desde una perspectiva bíblica.
¿Cuáles son las áreas débiles de los evangélicos en América Latina?
No sé, se puede hablar en términos muy generales; depende mucho de la situación.
Hay situaciones en que no se está estudiando la Palabra como se debe, la predicación está vacía de Palabra, hay mucho énfasis en la emoción, no se reflexiona, hay mucha pereza intelectual. Todavía hay mucha dependencia de lo que se piensa fuera del contexto latinoamericano; entonces se reciben directivas de otros lados y eso no ayuda.
No hay preocupación por un liderazgo local enraizado en la Palabra y a la vez en la situación de nuestros pueblos. Hace falta aún un trabajo serio de contextualización, no solo del evangelio sino de la Iglesia.
¿Usted tuvo una destacada participación en Lausana 74. Tomando esa fecha, cuáles han sido los mayores cambios de la obra evangélica en América Latina?
Un cambio marcado, me parece a mí, ha sido el despertar de la conciencia social.
Cuando algunos de nosotros, en el Congreso Mundial de Evangelización, propusimos que no se puede separar la evangelización de la responsabilidad social, fuimos mal vistos; se nos criticó duramente. Algunos nos tildaron de marxistas.
Yo creo que hoy es mucho más fácil decir estas cosas sin temor, abiertamente, y en efecto en la nueva generación hay mucho deseo, en general, de practicar un evangelio integral; vivir de manera que no solamente se hable del amor de Dios sino que se demuestre ese amor en la vida práctica, y especialmente hacia los más necesitados.
¿Cómo definiría que debe ser la misión de la Iglesia hoy en América Latina?
La única misión que hace honor al nombre de Jesucristo es la misión en que se muestra una compasión real por el ser humano integral, como persona y como miembro de una sociedad, en su aspecto personal y en su aspecto comunitario.
Yo creo que en América Latina, por mucho tiempo, hemos trabajado como si la gente no tuviera cuerpo, solo tuviera alma. Hoy día las cosas están cambiando. Somos seres psicosomáticos y espirituales, y por lo tanto la atención tiene que ser al ser humano integral en la sociedad y en la comunidad.


Un comentario
No pierde vigencia esta entrevista y todavía al leerlo, me siento desafiado de seguir a Jesus de hacer camino sin perder de perspectiva la realidad en la que pensamos, vivimos y compartimos el evangelio hoy.