Un pueblo que no conocías y un Dios bajo cuyas alas te has refugiado

Dos personas caminan separadas en un campo de cosecha al atardecer, en una escena rural sobria que sugiere distancia, cuidado y refugio silencioso.

Rut 2,10–13

El capítulo 2 de Rut nos presenta un momento cumbre en la historia de la redención: el encuentro en el campo de Booz. Tras la decisión radical de Rut de abandonar su tierra y sus dioses, se encuentra ahora en la posición de una extranjera vulnerable, buscando “hallar gracia” para sobrevivir. El diálogo entre Rut y Booz no es solo una cortesía de la época; es la manifestación de cómo la lealtad humana invoca la provisión divina.

La pregunta de Rut —“¿Cómo es que he caído tan bien ante tus ojos?”— revela la sorpresa de quien se sabe fuera del sistema de privilegios, pero que es alcanzada por una bondad que trasciende las fronteras nacionales y sociales.

Portada del libro

Las mujeres de la genealogía de Jesús

Las mujeres de la genealogía de Jesús ofrece una lectura clara y profunda sobre Tamar, Rahab, Rut y Betsabé, mostrando cómo sus historias —marcadas por vulnerabilidad, extranjería y fe— desafían las convenciones de su tiempo. El libro ilumina el propósito teológico de Mateo al incluirlas en la línea mesiánica, revelando un Dios que actúa a través de vidas marginadas. Es una obra breve pero sólida, ideal para comprender la dimensión humana y sorprendente del linaje de Jesús.

La ética del hesed: más allá del afecto superficial

Un concepto central en esta reflexión es el hesed (misericordia o lealtad basada en el pacto). A diferencia del amor basado en la “pasión” o el interés emocional pasajero, el hesed es un compromiso inquebrantable con el bienestar del otro.

Booz reconoce que Rut ha practicado este tipo de amor con Noemí. La lealtad de Rut no fue un sentimiento, sino una serie de acciones concretas:

  • El abandono de la seguridad: dejar padre, madre y la tierra natal.
  • La inmersión en lo desconocido: caminar hacia un pueblo con costumbres y leyes ajenas.
  • El compromiso en la crisis: mantenerse al lado de una suegra amargada y empobrecida cuando lo más “razonable” era buscar un nuevo futuro en Moab.

Este “embrollo” humano, que a menudo escondemos bajo apariencias impecables y perfumes caros, es el terreno donde el amor verdadero se prueba. La lealtad es decidir quedarse cuando se descubre “la entraña del dragón” en el otro, priorizando su bienestar sobre la comodidad propia.

El refugio divino como respuesta a la acción humana

Booz pronuncia una bendición que es, a la vez, un reconocimiento teológico:
“Que el Señor… bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces”.

Aquí, la fe de Rut se describe no como una confesión de labios, sino como un movimiento físico y existencial.

Refugiarse bajo las alas de Dios significa:

  • Reconocimiento de la soberanía: admitir que solo en el Dios de Israel hay protección verdadera.
  • Confianza en la providencia: creer que, aunque se llegue como una extraña “sin nada”, la fuente de la vida no dejará de fluir.
  • Acción recíproca: Dios utiliza a personas (como Booz) para ser las alas tangibles que dan sombra y sustento al necesitado. La oración de Booz es también su compromiso de ser parte de esa respuesta divina.

El corazón de Rut como buena tierra

La reflexión nos advierte que las palabras de consuelo y las promesas de Dios requieren una “tierra” específica para dar fruto. No basta con que la semilla sea buena; el corazón debe estar libre de espinos (preocupaciones) y piedras (dureza).

Tener el “corazón de Rut” implica una receptividad dócil que permite que la palabra de Dios realice su obra. Rut no se siente digna de la atención de Booz (“ni siquiera soy como una de sus criadas”), y es precisamente esa humildad la que la posiciona para recibir una recompensa que va más allá de un poco de cebada: su entrada definitiva en el linaje del Mesías.

📖 OTROS ARTÍCULOS DE LA SERIE:
El camino de la cosecha – Por David E. Ramos

La recompensa de la fidelidad radical

La historia de Rut nos desafía a evaluar la naturaleza de nuestros compromisos. En un mundo de relaciones desechables y búsquedas de bienestar individual, la figura de la moabita nos recuerda que la verdadera espiritualidad se traduce en lealtad hacia los demás y confianza absoluta en Dios.

Al final, el camino hacia “el pueblo que no conocías” termina siendo el camino hacia la plenitud, demostrando que bajo las alas del Eterno, lo que comenzó como un acto de sacrificio se convierte en una herencia eterna, pagada con creces.

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