El carácter invertido del servicio

Personas recogiendo platos después de una comida comunitaria, imagen sobre servicio cristiano y reino invertido de Jesús.

El servicio es una de esas palabras de moda que impregna la cultura cristiana. Gran parte del discurso sobre el servicio gira en torno a la idea del “liderazgo de siervo” o “liderazgo de servicio”, definido como emular el estilo de liderazgo de Jesús. El servicio puede, en efecto, calificar el tipo de liderazgo de Jesús, pero desmerecemos su ejemplo cuando limitamos el servicio al ámbito del liderazgo y no consideramos la invitación más profunda que Jesús hace a todos sus seguidores. Las siguientes son algunas reflexiones sobre un relato que muestra el contraste del servicio y la invitación transformadora que Jesús nos hace a través del servicio.

Uno de mis relatos favoritos en las Escrituras trata sobre la postura de servicio y se encuentra en Mateo 20:20-28. En este relato, la madre de Jacobo y Juan se acerca a Jesús y se arrodilla ante él. Jesús le pregunta qué desea y ella responde: “Manda que en tu reino uno de mis hijos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21). Jesús responde: “Ustedes no saben lo que piden”, y se dirige a Jacobo y Juan, quienes podemos imaginar que están allí mismo, quizás un poco detrás de su madre, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y Jesús les pregunta si son capaces de beber el trago amargo que él estaba a punto de beber.

Ellos dijeron:

—Podemos.

23 Jesús les respondió:

—Ustedes beberán este trago amargo, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que se les dará a aquellos para quienes mi Padre lo ha preparado. Mateo 20:22b-23

Me encanta esta historia. Puedo imaginar a la madre de Jacobo y Juan, en pleno modo de madre protectora, buscando lo mejor para sus hijos, dispuesta a interceder ante el propio maestro en su favor. Esta historia muestra no solo la determinación de una madre, sino también su cercanía con Jesús. Ella formaba parte de las comidas y reuniones, y quizás lo hospedó en su casa. Hay una relación allí que le da la confianza para acercarse a él y hacer su petición. También vale la pena señalar que Jesús no se enoja con ella ni tampoco con sus hijos. Más bien, al escuchar la petición de la madre, lo imagino respondiendo con una expresión de dolor en su rostro, y quizás sintiendo una presión en el pecho al imaginar el camino y el sacrificio que tiene por delante. El relato mismo nos ayuda a imaginar esta postura en la respuesta de Jesús: “No saben lo que piden…”. Incluso ante la pregunta difícil, el pasaje muestra la hermosa profundidad de la relación que Jesús tiene, no solo con Jacobo y Juan, sino también con su madre.

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Aunque Jesús no se molesta por la pregunta de la madre, los otros discípulos sí se indignan cuando se enteran. El relator no deja lugar para dudar de su reacción: “Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con los dos hermanos” (Mateo 20:24). Por supuesto que estaban molestos. Queda claro que, dentro del grupo de los doce elegidos, ¡dos intentan colocarse por encima de los demás! Es solo después de que el resto de los discípulos arremete contra los hermanos que Jesús explica con más profundidad su respuesta.

Pero Jesús los llamó y les dijo:

—Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; 27 y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. 28 Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por una multitud. Mateo 20:25-28

Su explicación muestra lo que espera de ellos como seguidores y califica lo que él vino a hacer. Es en la explicación de Jesús donde entendemos el servicio como la antítesis de la manera en que el mundo ejerce el poder. Reconocemos la forma en que el mundo se aferra a posiciones de influencia, autoridad e incluso celebridad. Todos estos lugares implican estar por encima de los demás: dirigir, recibir un trato preferencial, ser admirado e incluso envidiado. En algunos casos, incluso esperaríamos que ese poder se utilice para decidir sobre otros, de manera directa o indirecta. Ese no es el camino de Jesús ni lo que él espera de sus seguidores.

Probablemente lo hayamos escuchado muchas veces en nuestras congregaciones: en posiciones de liderazgo debemos orientarnos a servir a los demás. Pero el servicio es una cualidad que debe aplicarse a todos los seguidores de Cristo, no solo como un adjetivo para quienes son elegidos o aspiran a posiciones de liderazgo. En esta historia, Jesús dirige a sus discípulos a servir a los demás si aspiran a ser los primeros, no porque él los haya elegido como líderes, sino porque emularán el ejemplo del Hijo del hombre.

Cuando nos orientamos hacia este tipo de servicio, como resultado de nuestra decisión de seguir a Jesús, recibimos la oportunidad de reflexionar sobre los distintos grados de privilegio que tenemos gracias a diferentes accidentes de la vida, roles o posiciones. Situarnos en una mentalidad de servicio nos invita a reconocer dónde esos privilegios nos han quitado obstáculos del camino, y también a reconocer que otros quizás todavía deben enfrentar esos mismos obstáculos. El servicio nos invita entonces a renunciar a nuestros privilegios, o a hacernos a un lado y ofrecer oportunidades para que otros crezcan en roles en los que nosotros naturalmente nos hubiéramos encontrado. Podemos elegir servir y no ser servidos.

El servicio es también una de las señales del reino invertido de Dios que llega a este mundo. La afirmación de Jesús de que “entre ustedes no debe ser así” apunta a la manera profética de relacionarnos unos con otros que debería caracterizar al pueblo de Dios. Para los seguidores de Jesús no debería haber “gobernantes” en nuestro medio que se “enseñoreen”, como dice otra versión, o que “hagan sentir su autoridad sobre ellos”. Más bien, el llamado para cada uno de nosotros debería ser seguir el ejemplo de Jesús de servicio a los demás, incluso hasta el punto de dar la propia vida.

La pregunta final de Jesús a cada uno de nosotros, como sus seguidores, es también: “¿Pueden beber el trago amargo?”. ¿Podemos buscar servir en lugar de solo liderar? ¿Podemos dejar que la invitación de Jesús al servicio nos permita reconocer los diferentes privilegios que podemos tener y dejarlos de lado, para convertirnos en los últimos? ¿Podemos enfrentarnos a lo que comúnmente se nos muestra como éxito, autoridad, un lugar privilegiado en este mundo, y elegir el camino invertido del reino, el del servicio a los demás? La invitación de Jesús no es solo para los que aspiran al liderazgo, sino para cualquiera que quiera seguirle. ¿Podemos seguir a Jesús y mostrar la belleza del reino de Dios que llega en nuestro servicio a los demás?

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