Huída a Egipto

Por Parrish Jácome, Ecuador

Reflexiones de Adviento y Navidad en Clave Migrante - Segundo Domingo de Adviento Con el auspicio del Seminario Teológico Bautista de Ecuador

Mateo 2: 13 - 15

La llegada del nacimiento del Mesías no sería buenas noticias para todos. Los sabios de Oriente que les fueron adorar, debieron regresar a su lugar de origen por otro camino. Herodes esperaba, necesitaba recibir las indicaciones precisas. Encontrar al niño luego de lo que escuchó de estos hombres se tornó en una de sus prioridades.

El auxilio del Señor llega de inmediato, cuando se necesita, revelándoles en sueño que no debían regresar a Herodes. Las formas particulares de que tiene el Eterno de comunicar siempre responderán a su soberanía. Encasillarlo, sujetarlo a esquemas, formatos, desconoce su poder y autoridad, sobre todo y sobre todos.

El anuncio de lo que acontecería incluirá a quienes estaban corrían peligro. Ellos debían saber de primera mano lo que estaba por acontecer. El frágil niño estaba frente a una situación impensada, donde la decisión de su padre sería determinante para preservarle la vida. Como se produce en la mayoría de los casos, los más vulnerables, mujeres y niños, son empujados a huir, salvar sus vidas.

La cultura judía donde las mujeres y los niños no tenían valor alguno, serían desafiados con el amor manifestó de un padre y esposo. José estaría dispuesto a otorgar a su esposa María, al igual, que a su hijo Jesús, recibido como propio, la protección que requería. El poder de Herodes no podría hacerle frente, aunque sus tentáculos estaban en todos lados, la acción sobrenatural del Eterno, los protegió.

Abandonar su tierra en circunstancias tan complejas, no sería sencillo. Huir de Herodes no es algo sencillo. La fragilidad humana debía ser fortalecida, mostrándole el mismo Dios que los advirtió que el tiempo había llegado para su retorno. Un regreso esperado, necesario, determinante para los planes futuros.

La historia de esta huida es un entorno que sigue repitiéndose en muchas naciones. Dejar su tierra, nunca será una decisión sencilla, es una ruptura muy fuerte, sobrellevada por las razones de supervivencia que en gran parte, mueven la migración. Los niños y mujeres, siguen llenando las calles de nuestro continente y otras zonas del mundo, mostrando los azotes de una cruel realidad.

Los rostros de la migración están presentes, visibles, en quienes no participan en muchas ocasiones de las decisiones, simplemente deben prepararse para dejarlo todo atrás. Estos rostros muestran el dolor, la tristeza, la incertidumbre. Rostros donde la sonrisa se ha perdido, buscando refugio en aquellas imágenes que al llegar a sus mentes, les brindan la fuerza para seguir.

El impacto migratorio se manifiesta de inmediato. Quien sale a otras tierras con frecuencia no lo planifique, no lleva un plan establecido, nada está definido. La providencia del Eterno es lo que los acompaña. Familias, tradiciones, recuerdos, quedaron atrás, se debe hacer frente a una realidad que los llevaría a otra cultura. El retorno traerá consigo la esperanza de todo migrante, volver a su tierra, a su gente, a sus costumbres.

La actitud frente a los migrantes es desafiante. Hay pueblos que tienen un estigma muy fuerte. A los lugares que llegan son señalados, responsabilizados por situaciones que el país donde llegaron viven, cargando con una memoria colectiva en su contra. Cuanta necesidad tenemos de asumir lo que somos, ciudadanos del mundo, donde todos vivimos como peregrinos y extranjeros. Si bien poblamos el mundo, es importante reconocer que esta casa grande, nos pertenece a todos, debiéndonos acompañarnos en esos momentos complejos.

Los latinoamericanos tenemos historias de migración. Algunos de nuestros pueblos enfrentaron el dolor de ver partir a su gente, muchas veces, huyendo como en el caso de la historia de María, José y Jesús. Esta realidad nos debería mover a la sensibilidad, solidaridad, disponiéndonos a ser una mano de apoyo a quienes en la actualidad enfrentan esta realidad.

Los venezolanos, un pueblo alegre, apegado a su tierra, habitantes de una tierra muy rica en recursos naturales, ha sido empujado a migrar. Los rostros que pueblan nuestro continente y diversos lugares del mundo, son tan diversos. Aquellos que lograron salir con algo de ahorros, con una profesión, con algunos contactos donde se dirigían y quienes dejaron atrás todo; sin nada, más que sus pocas prendas que le acompañaron.

Responder a esta realidad con el evangelio siempre será nuestro desafío. Ellos necesitan buenas noticias, aquellas que fuera de su tierra pueda traerles esperanza. Hacerlo es posible, hacerlo es necesario, hacerlo es urgente. Disponernos como pueblo del Señor es nuestra responsabilidad y compromiso. No permitamos que la indiferencia e indolencia, nos permita seguir observando mujeres, niños, familias, con esos rostros que muestran el dolor más grande de la migración, el desamparo. El padre de huérfanos, viudas y extranjeros, nos invita a participar como sus instrumentos de bendición. Hagámoslo, no perdamos la oportunidad de hacer el bien.

Sobre el autor:
Parrish Jácome Hernández, ecuatoriano. Se desempeña como Director General de la Unión Bautista Latinoamericana, UBLA. Secretario Regional de la Baptist World Alliance, BWA. Decano académico del Seminario Teológico Bautista del Ecuador. Licenciado en Teología. Master en Estudios Teológicos. Doctor en Ministerio, por Fuller Theological Seminary, con énfasis en Misiones Urbanas. Economista. Pastor General de la Iglesia Bautista Israel en Guayaquil.



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