Hermenéutica bíblica desde la niñez - Perspectivas Latinoamericanas, Primera parte

Por Juan José Barreda, Perú y Argentina
Imagen: Pixabay
Empezaré por expresar brevemente lo que comprendo por "latinoamericana". Siendo que todo pensamiento teológico está ubicado en un mundo, y que es imposible que así no sea, por latinoamericano me refiero a nuestras culturas híbridas, vinculadas por poblaciones y parentescos, historias comunes, tierra, idiomas y lenguajes, economías y políticas que nos forjaron y siguen forjando. Aun en estos tiempos de globalización las particularidades culturales, las experiencias históricas regionales, los intereses en común y otros, no solamente siguen existiendo y teniendo vigencia en nuestras vidas, sino que generan nuestra identidad y nuestras búsquedas en la vida. El mundo no se está globalizando de forma equitativa y equidistante, los nuevos centros del mundo nos quedan lejos a los latinoamericanos. Son tiempos difíciles para Latinoaméricanas.

Cincuenta años de tradición hermenéutica latinoamericana no deben ser ignorados en un análisis bíblico. Aunque seguimos siendo muy pocos, especialmente en el mundo evangélico, están quienes hemos dejado esa autoritaria y presuntamente objetiva hermenéutica bíblica que no prestaba atención a las opiniones y vivencias de los demás. Vamos madurando. Preferimos hablar de una hermenéutica comprometida, o al menos, consciente de su lugar para la sociedad y la fe cristiana. Esta hermenéutica no busca el mero conocimiento del dato histórico, ni se circunscribe a una suerte de realidad intelectual que busca la explicación de las cosas como un fin en sí mismo. Esta hermenéutica se hace cargo de la responsabilidad ética que ella conlleva y se compromete por la transformación de la realidad de injusticia, así como también, con la vida plena que Dios promete. En este sentido, no juega a la neutralidad, ni a la pura objetividad, o aún, a la "academia", sino que las descarta por su inviabilidad y asume el desafío ético y espiritual de interpretar las Escrituras como un ejercicio de seguimiento de Jesús.

Mientras que el 30% de la población latinoamericana está bajo el índice de pobreza, el 50% de los pobres son menores de edad, en su mayoría, mestizos, negros, aborígenes, y con capacidades diferentes.[1] Las niñas son las que están más expuestas a situaciones de abuso sexual, todo tipo de violencia, explotación laboral, discriminación, entre otros. El surgimiento de movimientos que han visibilizado la condición de injusticia de las mujeres ha contribuido también a advertir el sufrimiento de las niñas. Con todo, y en vista a su vinculación con los ejes de poder en nuestra sociedad, la situación de los niños y niñas suele ser menospreciado como una manera de ignorar lo que esta condición de sufrimiento significa para el resto de la sociedad. Estamos hablando de condiciones estructurales de injusticia.

También están surgiendo en el mundo evangélico latinoamericano movimientos con perspectivas más realistas de la situación de la niñez. Sin embargo, dominan aquellos que siguen los estereotipos de un niño hecho a la medida de los intereses del mundo adultocéntrico. Se le estereotipa como niño de clase media, test blanca y en masculino. Niños y niñas que no llenan estos parámetros son obligados a encajar en ellos. De una u otra manera, estos estereotipos son acompañados por lecturas bíblicas que los legitiman. Basta con mirar las ilustraciones de un material de estudios bíblico dominical, o el acercamiento que se hacen a los pasajes bíblicos que hablan sobre los niños, o bien, advertir las temáticas, las perspectivas teológicas, las metodologías con las que son "discipulados" -o ignorados- niños y niñas para advertir lo que se dice aquí.[2] Con todo, es bueno señalar que están surgiendo prácticas teológicas y de interpretación bíblica desde la niñez que nos están llamando la atención sobre esta problemática.[3] Esperamos con este artículo hacer un aporte a la reflexión sobre la niñez desde el campo bíblico y exegético.

Primera parte:
Los niños y las niñas presentados en las Escrituras

1. El texto como producción social: niños/as que no escriben

Aunque posiblemente en este espacio no sea necesario mencionarlo, quisiera comentar algunos aspectos de lo que significa el texto como producción social para una hermenéutica bíblica de la niñez. Todo texto, oral, escrito, como imagen o aún como la vida misma,[4] es una construcción compuesta por una diversidad de hilos y entramados, de tejedores activos y pasivos, así como también de múltiples usos y funciones. Como construcción social, el texto representa posiciones sociales, modos de producción económica,[5] tensiones y luchas de poder,[6] legitima ideologías -y teologías en este caso;[7] así como también, puede ser una producción propagandista o un lugar donde la imaginación creadora discierne un mundo diferente.

No hay texto bíblico neutro. Todo texto es objeto/sujeto interpretante y de interpretación.[8] Esto nos debe llevar a evitar interpretaciones concordistas que presuponen un texto bíblico impoluto y extra-temporal,[9] carente de condicionamientos sociales. Pero también, esta afirmación nos advierte que no basta con señalar que todo texto tiene su contexto cual fuera un hecho neutro y meramente decorativo, sino que nos abre a mirar críticamente ya no solo el mundo del que forma parte el texto, sino también al texto como parte de ese mundo. Un problema con la palabra "con-texto" es precisamente que parece señalar la idea de un entorno, de "la realidad alrededor del texto", donde ambos son independientes o podrían serlo. Esta comprensión del texto y del contexto genera una lectura acrítica donde las Escrituras ya no son fuente de inspiración y guía, sino más bien, un mero instrumento ideologizado que legitima teológicamente prácticas establecidas. Superar, ya sea la tan extendida "aplicación para hoy", como también, la mirada simplista del "contexto", significa aproximarse al mundo del texto y afrontar los desafíos y opciones que trae consigo la labor hermenéutica, discernir su reserva de sentido,[10] y en materia de fe, discernir lo que las Escrituras nos enseñan sobre la niñez.

De esta manera es que tenemos la tarea de estudiar el texto no en su "con-texto", sino en su mundo, y preguntarnos, por ejemplo, cuando hablamos de los niños: ¿En qué estrato social parece haber sido compuesto el texto? ¿Qué relaciones sociales presupone o legitima en torno a los niños/as? ¿Cuáles voces no se oyen -o aún son silenciadas u ocultadas- como objetos pasivos? Adelantándonos a lo que observaremos unos párrafos más abajo, cabe preguntarse, ¿hay textos bíblicos o narraciones bíblicas compuestas por o para niños y niñas, o jovencitos y jovencitas? ¿Por qué no existen o no han sido interpretados como procedentes de los tales? ¿Por qué un escrito sagrado no incorporaría como relatores o escritores a niños/as?

La ausencia de autores y autoras infantiles, conjuntamente con otros factores, nos muestra un hecho pocas veces explicitado: las Escrituras reflejan fundamentalmente las perspectivas del adulto (¿adultocentrismo?). Si no es así, al menos la exégesis bíblica académica así las ha presentado, aunque esto viene cambiando en los últimos diez o quince años.[11] Cabe preguntarse si un cuento como el libro de Jonás no debería de ser considerado como literatura infantil.[12] O si, por ejemplo, las historias de héroes, como la historia del jovencito o niño David que enfrentó a Goliat (cf. 1 Samuel 17) no se forjó como historia narrada a niños. ¿Y por qué no pensar en los destinatarios de las parábolas a niños y niñas que seguían a Jesús al igual que los adultos, según lo vemos en los relatos evangélicos (obs.: Mt 18:2; Mr 9:36; Lc 9:47; Jn 6:9; cf. Mt 14:21)? Recordemos que buena parte de los contenidos de las Escrituras tuvieron una etapa oral en su composición y desarrollo antes de ser puestas por escrito, y que aún después de ser escritas fueron transmitidas de forma oral.[13] El espacio donde tomaron forma estas narraciones fueron las asambleas tribales, las reuniones familiares donde se recordaba el obrar de Dios y se difundía la enseñanza de las tradiciones sagradas, el culto. Allí, y siguiendo la modalidad de diálogo, los niños y niñas no fueron meros oyentes pasivos, sino que seguramente fueron destinatarios de muchas composiciones (cf. Deut 1; Rom 16:),[14] y aún, por qué no decirlo, partícipes activos en la conformación de los estilos, contenidos y perspectivas. Buscar en las Escrituras una composición por parte de niños y niñas, o jovencitos, puede parecer una labor muy subjetiva, pero podemos usar las mismas herramientas que se usan para otros casos, como por ejemplo, las mujeres como en el caso del Cantar de los Cantares.[15] Por otro lado, y en clave hermenéutica, ¿no deberíamos de pensar en la interpretación de los textos dirigidos a ellos como primeros o fundamentales destinatarios?

2. Niños y niñas que "no hablan"

Continuando con lo recientemente dicho, pensar en una hermenéutica bíblica desde la niñez nos lleva a preguntarnos por los textos donde los niños y niñas "hablan": ¿Qué perspectivas de vida se les asignan? ¿Qué opinan respecto a sus vínculos con el resto de la sociedad? ¿Cómo es su fe en Dios? Desde el punto de vista literario es valioso observar al narrador como quien intuye, interpreta y configura una forma de ser del niño o niña, y desde ese lugar preguntarnos sobre estás y otras maneras posibles de comprender la realidad en perspectivas de la niñez. Los métodos de la sospecha, muy cuestionados en algunos círculos académicos, son muy valiosos para recuperar la voz de quienes han sido silenciados.[16] Preguntarse sobre su opinión y oír hablar a quienes no se les permitió hablar es una manera de imaginar relaciones más justas y creadoras de vida plena.

No se conocen muchos textos en las que se vierta la voz de los niños. Uno lo tenemos en 2 Reyes 5, la historia de sanidad obrada por el Eliseo a Naamán. Un niña (heb. na´erah) hecha prisionera y esclavizada tiene un acto de valentía y de grandeza en medio de la peor adversidad.[17] Ante la lepra de su amo y esclavizador, ella le sugiere a la esposa que lo lleve ante un profeta de Israel que sanaría al general sirio. El análisis semiótico de la primera parte del relato nos presenta varias oposiciones en el binomio niña-Naamán: mujer-hombre, niña-adulto, generosidad-rapto, israelita-sirio, debilidad-poder, vulnerable-omnipotencia, esclava-amo, salud-enfermedad, conocimiento-necedad, niña-niño. Las palabras que se ponen en labios de la niña son: «Ojalá el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra.» En el texto queda claro que la niña a pesar del atropello que sufre y de exposición a la vulnerabilidad, muestra su grandeza ante el general sirio que, a pesar de su poder, no contaba con el Dios de Israel al que más tarde acudió por una solución. En la última sección del relato se contraponen dos siervos israelitas, la niña y Guiezi. Ella procede con liberalidad mientras Guiezi procede con avaricia, ella sirve con humildad aportando un dato importante, y Guiezi guarda para sí una paga por el obrar de Dios. Sin embargo, hay un final vinculado a la niña que no relata. Guiezi es castigado por su mal proceder, pero no sabemos nada del futuro de la niña. En este relato las perspectivas de género no pueden obviarse. El texto utiliza una figura contemporánea socialmente insignificante, y evidencia la grandeza de Dios sobre la incapacidad de personas poderosas y de gran honra. A nivel hermenéutico debe decirse que son dos concepciones que juegan, la de la vulnerabilidad e inferioridad de una niña, con su poder, lealtad y, finalmente, superioridad a pesar de su condición de esclavitud.

Otra historia donde oímos la voz del niño es la del ofrecimiento de Isaac, el niño (o muchacho, heb. na´ar) como sacrificio por parte de su padre Abraham (Gén 22). La pregunta del niño es más que dramática: "...pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" (22:7). El silencio de Isaac en lo que sigue es desgarrador. Lo postran en el altar, están a punto de degollarlo, pero el narrador no pone palabra alguna en su boca. El relato parece querer asemejar a Isaac con un manso cordero. El niño perspicaz que recién había advertido que algo raro estaba por suceder ahora es silenciado y se somete a la voluntad del adulto, del padre que lo degollará.

No son muchos los testimonios como estos en las Escrituras. Las historias de niños y niñas mencionados pero no se dice lo que opinaban mucho más extensas a la de cualquier otro grupo social, aún a la de mujeres y extranjeros. ¿Qué pensó el niño Ismael sobre su padre cuando lo desecha, lo deja huir cuando su madre huye, o es postergado por el hijo de Sarah? Una vez crecido, ¿qué dijo Samuel sobre la decisión de su madre de entregarlo como ofrenda a Dios y a gente totalmente desconocida? (ver anexo: El llanto de Ana) ¿Y cómo se sintió la niña que Jesús puso en medio de todos los discípulos para ser observada como ejemplo? ¿Con qué objetivo aquel muchachito se acercó a Andrés para ofrecer sus cinco panes y dos peces? Hay muchas escenas en las Escrituras donde se habla explícitamente de niños y niñas, sin embargo, muy pocas veces se recrearon sus voces, sus visiones de lo que vivían. ¿Por qué este silencio? ¿Qué deberá de hacer una hermenéutica bíblica desde la niñez para recuperar sus historias y sus visiones de la vida? Una alternativa está en la hermenéutica narrativa con la que se puede recrear sus voces, imaginar sus vivencias y posibles opiniones explicitando su presencia a través del habla, y reconociendo sus derechos al ser oídos. Esta metodología se ha desarrollado mucho en la lectura popular de la Biblia en dramatizaciones, reescritura de textos bíblicos, entre otros. El recurso a los estudios etno-históricos ha servido de mucho para aproximar los horizontes del intérprete actual y del texto mismo.

Hermenéutica bíblica desde la niñez - Perspectivas Latinoamericanas, Segunda parte

Notas:

[1] Se puede consultar: https://www.cepal.org/es/comunicados/la-pobreza-aumento-2016-america-latina-alcanzo-al-307-su-poblacion-porcentaje-que-se
[2] Honestamente, hay materiales bíblicos y perspectivas ministeriales que son una abierta violación a los derechos de la niñez. Se me viene a la mente, por ejemplo, un libro que habla de mujeres en la Biblia llamándolas "princesas de la fe". En el libro se las ilustra con cuerpos delgados, jovencitas, con rostros siguiendo los estereotipos de belleza que el mercado propone y señalando de parte de ellas acciones circunscriptas a la colaboración a un hombre, la delicadeza, la belleza, etc. Ese material es comercializado por una editorial y cadena de librerías argentina que tiene una llegada masiva en ese país y en América Latina.
[3] Véase, por ejemplo, Omar Cortes y Juan José Barreda Toscano, edits., Seamos como niños. Pensar teológicamente desde la niñez latinoamericana, Buenos Aires, FTL-Kairós, 2006. Algunos aportes más recientes son el de Harold Segura, Teología con rostro de niñez, Barcelona, CLIE, 2015; y Nicolás Panotto, De juegos que hablan de Dios. Hacia una teología desde la niñez latinoamericana, World Vision - Sociedades Bíblicas Ecuador, Quito, 2016. Conozco una Tesis de Maestría que aborda puntualmente el tema de la hermenéutica bíblica desde la niñez y lo hace compartiendo experiencias de trabajo, Mailé Vázquez Ávila, La niñez como sujeto de lectura: un ejercicio hermenéutico sobre 2 Reyes 5, IU ISEDET, Buenos Aires, 2016.
[4] Paul Ricoeur va a decir "las acciones significativas como texto" para referirse aquellas memorias que fijamos, que reconstruimos y que interactúan en nuestras vidas dándole sentido y organización a las mismas. Del texto a la acción. Ensayo de hermenéutica 2, México, FCE, 2006, pp. 169-196.
[5] J. Kristeva, "Práctica significante y modo de producción", en Travesía de los signos, autores varios, Buenos Aires, La Aurora, 1985, pp. 13-26.
[6] M. Foucault, El orden del discurso, Buenos Aires, Tusquets Editores, 2002, pp. 5-13.
[7] Juan Luis Segundo, Liberación de la teología, Buenos Aires, Lohlé editores, 1980.
[8] S. Croatto, Hermenéutica bíblica. Para una teoría de la lectura bíblica como producción de sentido, Buenos Aires, La Aurora, 1984, p. 24.
[9] Por "concordismo" se entiende a la idea de aplicar enseñanzas de otros contextos a los propios sin pasar, supuestamente, por el supuesto filtro de la interpretación. Se lee haciendo concordar las enseñanzas al contexto actual "aplicando" las enseñanzas directamente.
[10] Croatto, Íbid., p. 28.
[11] Hay estudios sobre la niñez que cabe resaltar y que están abriendo camino a nuevos estudios. Véanse los artículos de RIBLA vinculados a niñez, así como también las obras conocidas de Marcia Bunge, edit., The Child in the Bible, Michigan, Eerdmans, 2006; Naomi Steinberg, The World of the Child in the Hebrew Bible, Sheffield, Sheffield Phoenix Press, 2013; Erkki Koskenniemi, The Exposure of Infants among Jews and Christians in Antiquity, Sheffield, Sheffield Phoenix Press, 2009; y varios artículos en la obra de C. Osiek y M. MacDonald, con J. Tulloch, A Woman´s Place. House Churches in Earliest Christianity, Minneapolis, Fortress Press, 1989; y más recientemente, Margaret MacDonald, The Power of Children. The Construction of Christian Families in the Greco-Roman World, Texas, Baylor University Press, 2014.
[12] El carácter narrativo, artístico y didáctico de la historia de Jonás es señalado por varios investigadores que descartan su carácter histórico. P.e., N. Gottwald, The Hebrew Bible. A Socio-Literary Introduction, Filadelfia, Fortress Press, 1985, p. 560; y más recientemente, W. Brueggemann, An Introduction to the Old Testament, Londres, John Knox Press, 2003, p. 230.
[13] P.e., James Dunn, The Oral Gospel Tradition, Michigan, Eerdmans, 2013.
[14] Las tradiciones orales no son estancas. En la interacción entre narrador/a y oyentes hay una actualización de datos, énfasis, perspectivas que, si bien es cierto se cuidó de no modificarse abrupta o grandemente en vista a la conservación de la tradición, sí sufrió cambios producto de la interacción entre narradores, circunstancias y distinatarios. Cf. M. Maciá, El bálsamo de la memoria. Un estudio sobre comunicación escrita, pp. 28-29. Con la "escritura" hubo una clausura de sentido que se vuelve a abrir en la lectura-interpretación del relato. ¿No deberíamos de estar abiertos a la vitalidad del texto también desde la lectura de niños y niñas, o aún, desde la niñez?
[15] Pablo Andiñach, Cantar de los cantares. Fuego y la ternura, Buenos Aires, Lumen, 2006. Obsérvese el trabajo sobre autoras en los escritos del cristianismo primitivo de Kimberly Joy Haines Eitzen, The Gendered Palimpsest. Women, Writing, and Representation in Early Christianity, New York-Oxford, Oxford University Press, 2012; y especialmente el de Athalya Brenner y Fokkelien van Dijk-Hemmes, On Gendering Texts. Female & Male Voices in the Hebrew Bible, Leiden-New York-Köln, E. J. Brill, 1996.
[16] Segundo, Liberación de la teología, pp. 11-45.
[17] Obsérvese el excelente estudio de Edesio Sánchez, "Una niña: Víctima y redentora en medio de la violencia. Un análisis de 2 Reyes 5", en Materiales Bíblica Virtual, Niños/as y niñez en la Biblia, Buenos Aires, 2014.


Sobre el autor:
Juan José Barreda Toscano es peruano radicado en la Argentina. Es Doctor en Teología con especialidad en Biblia del Instituto Universitario ISEDET y pastor de la Iglesia Evangélica Bautista de Constitución, Buenos Aires, Argentina. Actualmente se desenvuelve como Conector Continental de la Red del Camino. Profesor Invitado de Sagradas Escrituras en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Es Director y Profesor de Bíblica Virtual (campus.biblicavirtual.com).


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