LA FAMILIA HOY: La función paterna | Por Jorge A. León


LA FAMILIA HOY: Una perspectiva histórica y teológica | Cuestiones preliminares
LA FAMILIA HOY: La Función materna y las necesidades de los hijos

¿Qué entendemos por familia cristiana?


Para añadir el adjetivo  "cristiana" a una familia, es necesario definir qué entendemos por ser cristiano. Para ello vamos a partir de lo más simple para arribar a lo más complejo. Definamos que quiere decir ser chileno, argentino, ecuatoriano, etc. para después entender lo que significa ser cristiano. Ser de un determinado país es basicamente un sentimiento, una certeza de pertenencia, una identidad gratificante aún con cierto orgullo de ser lo que se es; también significa sentirse parte de un pueblo y respetar los símbolos que lo representan. Al mismo tiempo significa tener una serie de deberes y derechos.

De igual manera, no podemos hablar de ser cristianos sin comenzar por decir que se trata de un sentimiento. Uno se siente cristiano porque ha vivido una experiencia personal única, el encuentro con Jesucristo. Tenemos la certeza de nuestra salvación, no por derecho sino por gracia, por cuanto todos somos pecadores. Cristiano viene de Cristo, luego en el ser cristiano está implícita una pertenencia que trae gozo a nuestros corazones. Pertenecemos a Jesucristo y tratamos de dar testimonio de su vida y enseñanzas. Esa pertenencia nos identifica como cristianos, esa es nuestra identidad, somos eso y no otra cosa. Por otra parte no somos los únicos cristianos, por lo tanto tomamos conciencia de pertencer a un pueblo multirracial, multinacional,   plurilingüe y pluriconfesional que denominamos LA IGLESIA. Es decir, existen muchas razas, naciones, lenguas y denominaciones religiosas, pero, para Dios-Padre, hay UNA SOLA IGLESIA, LA SUYA. Esa Iglesia, comunidad de fe y testimonio, tiene sus símbolos que  representan la naturaleza de nuestra fe, los cuales reverenciamos y respetamos.

Con todos estos elementos en mente podemos afirmar, que la familia que encarna los valores espirituales revelados por Jesucristo, es una familia cristiana. Tal familia, según Juan Pablo II, es: "El corazón de la civilización del amor".  A la familia la podemos ubicar en tres expresiones particulares: 1.- La nuclear, consititiuida por el matrimonio y sus hijos, 2.- La extendida, que incluye a todos los demás parientes y 3.- La familia de Dios, integrada por todos los que consideramos a Dios nuestro padre y  hermanos a los que tienen con El  la misma relación.

La gente común, en buena parte de nuestra América Latina, supone que los términos cristiano y humano son sinónimos. Es decir, entienden que por cuanto los humanos no somos  animales, somos cristianos. Y aún más, podrían afirmar ser cristianos y al mismo tiempo sostener que no necesitan practicar lo que es característico en alguien  que profese la fe de Jesucristo. Hay personas que afirman que no necesitan de los valores espirituales para vivir. Podemos replicarles que no es necesario saber leer y escribir para vivir,  tampoco es necesario bañarse para conservar la vida. Pero si queremos cultivar nuestro intelecto es indispensable procurar el acceso a la cultura;  y si deseamos cuidar nuestro cuerpo, y respetar a los demás, tenemos que bañarnos todos los dias. Igualmente si queremos mantener la vida espiritual es necesario cultivarla por todos los medios que la Iglesia nos suministra, especialmente por la lectura devocional y el estudio de la Palabra de Dios,  por la oración cotidiana y por la participación del culto divino y de los sacramentos.

El hogar cristiano, tal como se nos revela en la Epístola a los Efesios, es una innovación en el mundo grecorromano del siglo I. El testimonio de las familias cristianas debe haber hecho un gran impacto sobre las familias paganas. El Judaismo, como todas las religiones antiguas, asumía que todos los derechos estaban reservados al varón, al padre de familia y todos los deberes a la esposa y los hijos. San Pablo insiste en que los derechos y los deberes son recíprocos.  Hoy como ayer, el ideal cristiano nos impulsa a procurar que dentro de la familia haya una independencia equitativa, una dependencia mutua y una obligación recíproca bajo el dominio del amor,  el respeto  mutuo, el ejercicio de la autoridad y el señorío de Jesucristo sobre toda la familia.

La funciòn del padre
Recordemos que San Pablo escribió la Epístola a los Efesios desde una cárcel romana. Como no deseaba agravar más su situación procesal condenando a la esclavitud, institución legalmente constituida en todo el Imperio, la "espiritualiza". Incluye a los esclavos en la familia cristiana. Por eso hace dos advertencias a los amos cristianos: 1.- Ellos también tienen un Señor en los cielos, que es el mismo Señor de los esclavos. 2.- Para Dios no existen diferencias entre los seres humanos. Es decir, en ese momento la esclavitud era legal para el Imperio Romano, pero siempre ha sido ilegal para el Dios-Padre. (Versículo 9).

Estos dos principios son válidos tanto para los padres como para los hijos, para los esclavos como para los libres. La función del padre es la de un embajador, quien representa a su gobierno en tierra extraña. Así el padre humano es un representante del Padre Celestial. La necesidad de un padre sólo debe concebirse como originaria. Es decir, se trata de la necesidad del Padre-Dios.

Por eso no es indispensable un hombre para que haya  un padre. Porque la función paterna puede ser cumplida cabalmente por la madre. Tal es el caso de los niños que quedan huérfanos del padre humano. Si la madre los educa bien, éstos jamás perderán al Padre Celestial.

 Estoy de acuerdo con Calvino en que la sumisión a la autoridad paterna es una escuela preparatoria del niño para que después pueda someterse a la autoridad divina. Es una etapa intermedia en la pedagogía de Dios a fin de conducir a los hombres a la sujeción divina.

La crisis de la familia hoy tiene mucho que ver con la crisis de la autoridad en general. En su afán de evitar el autoritarismo en el seno de la familia muchos padres han  caido en una actitud permisiva que ha traido funestas consecuencias para la salud social. Para Jacques Lacan: "La función del  padre, está en el centro de la cuestión del Edipo"  (Seminario V: Las formaciones del inconsciente, p. 85).

En mi presentación anterior reflexioné sobre Efesios 5:21-33 y 6:1-9 con la intención de distinguir entre la función materna y la paterna. Ahora vuelvo sobre ese texto para ocuparnos de la función paterna. No haré un estudio exegético exhaustivo. Me voy a limitar a reflexionar sobre dos conceptos fundamentales para comprender la función paterna que son: El Amor y el misterio.

El amor

La sujeción de  la mujer al marido esta condicionada a que éste sea capaz de amarla "así como Jesucristo amó a la Iglesia, y se entregó a si mismo por ella...." (5:25). Luego la primera función del marido-padre es amar según el modelo de  amor de Cristo. Mas adelante dice que "los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos" (5:28). Esta parecería ser una nueva versión del  "ama a tu prójimo como a ti mismo",  pero referida al área cuerpo. El eros, como se denomina en griego a la llama de la pasión sexual, no aparece explicitamente en este texto, pero es evidente que está implícita. Eros es una palabra muy famosa y distinguida en la poesía griega y también en su mitología. Tampoco aparece filia,  que se refiere al  amor de la amistad. En este texto bíblico aparece siempre el amor agape.  Esta palabra exquisita significa amor en su pureza y profundidad espiritual. Es el amor del alma.  Representa al amor de Dios y al de nuestra propia alma. Este es el afecto específicamente cristiano. Es la característica distintiva de Dios, quien según I Juan 4:8 es Agape.  Es el sublime amor que el Evangelista sintetiza en los siguientes términos:  "porque de tal manera amó Dios al mundo, que que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Ser cabeza significa autoridad. En griego cabeza se dice  quefalé que, a su vez,  es el corazón del concepto de ana-quefala-iosis, que presenta Pablo relacionado con el misterio de la revelación divina, en Efesios 1:9-10. Es decir,  el propósito de Dios es poner a Jesucristo como cabeza, es decir, como única autoridad, sobre todo lo que está en el cielo y en la tierra. Luego la autoridad  en el contexto del amor-agape es el vínculo que une, como cuarto elemento, la relación padre-madre-hijo. Es decir,  la familia.

La analogía es perfecta en cuanto al amor, pero no es tan perfecta en cuanto a la autoridad, porque Jesucristo además de Cabeza es  Salvador. El marido no puede salvar a su mujer, ni viceversa, sólo Cristo puede  salvar.  Aunque Pablo, en otro texto donde se refiere a la vida conyugal, nos dice: "Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizás harás salvo a tu marido? ¿O que sabes tú, oh marido, si quizás harás salva a tu mujer? (I Corintios 7:16).

De todas maneras, esta imagen, como todas,  tiene sus limitaciones. ¿Acaso podemos imaginar a San Pablo escribiendo: "Por eso Jesucristo dejará a su Padre y a su Madre y se unirá a la Iglesia y los dos serán una sola carne?". La función del padre como salvador, en el vínculo amor-autoridad, sólo la podemos descubrir en el área mente, referente a la salud mental. Esto está relacionado con el concepto de misterio.

El ministerio

La familia reunida dentro del concepto de anaquefalaiosis en Cristo, es decir, la reunión de todas las cosas bajo Jesucristo, es el sentido de Cristo cabeza de la Iglesia en lo real,  también es aplicado al marido con relación a la mujer, pero simbólicamente. Esta realidad lleva a San Pablo a exclamar: "Grande  es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia" (5:32). En otras palabras, es real la condición de Cristo como cabeza de la iglesia. Por analogía se habla de la autoridad (condición de cabeza del hogar) del marido.

Lo que se juega acá es el concepto bíblico de misterio, que no tiene nada de "misterioso". Concepto aplicado tanto a la actividad de Cristo como Señor de la Iglesia como a la relación familiar y otros aspectos que Pablo menciona  en la Epístola a los Efesios. A continuación voy a copiar un párrafo de mi libro Teología de la Unidad (Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1971), donde me ocupo de este asunto:
En Efesios 1:10 nos encontramos con el verbo anaquefalaiosasthai, un infinitivo aoristo de voz media. El aoristo nos da la noción de acto acabado, puntual. El Reino de Dios ya se ha iniciado efectivamente en la vida y ministerio de Jesucristo. Comienza a realizarse lo que Dios se había propuesto (versículo 9). Sin embargo, el verbo nos da la idea de proceso. Encontramos la tensión tan común en el Nuevo Testamento entre el  'ya' y el  'todavía no'. En la misma epístola aparece esta tensión entre la obra ya realizada por Jesucristo y lo que falta para su consumación en lo referente a la redención y a la unidad, lo cual veremos más adelante. La voz media según  según Oltramare y Abbott subrayaría el interés que Dios tiene en el asunto. Con mucha razón tanto Beare como Abbott señalan que el verbo anaquefalaiosasthai  es un infinito explicativo del misterio. Se entiende de  misterio como una verdad que Dios ha mantenido velada por algún tiempo, pero que en un momento nos es dada a conocer. San Pablo nos dice que el misterio ha sido preparado desde la creación del mundo (I Corintios 2:7), que ha sido escondido en Dios (Efesios 3:9), que ha sido velado de los eones (I Corintios 2:8; Efesios 3:9; Romanos 16:25 y Colosenses 1:26). Pero Dios nos ha revelado en Cristo su propósito de poner bajo el señorío de Jesucristo a todos los hombres (Efesios 1:9-10), que los gentiles son coherederos y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús (Efesios 3:5-6)". (p. 17-18).
El exhaustivo estudio que hace San Pablo sobre el concepto de misterio como algo escondido, reservado por Dios, para darlo a conocer a los hombres cuando éstos son capaces de comprenderlo, por ejemplo, que no hay diferencia entre judío y gentil ante el amor de Dios, ¿cómo no pensar que Dios aprovecha  los conocimientos científicos, que el hombre ha podido alcanzar porque El le dio la posibilidad de descubrir para ampliar al hombre Su revelación? Me he referido en las exposiciones anteriores al concepto de Psicología Revelada de J. Liebman, a la Teología Natural donde podemos  ver a Dios actuando en la naturaleza, etc.

Teniendo en cuenta todo lo dicho sobre el concepto de misterio, como la revelación diacrónica de Dios a medida que el ser humano va siendo capaz de comprenderlo, voy a referirme al complejo de Edipo, ese cuentito freudiano, tal como lo ha elaborado el  psicoanalista francés Jacques Lacan.

LA  FAMILIA  SANA: ¿Un misterio revelado?

Por los personajes que nos presenta el texto de San Pablo en Efesios 5:21-6:9, el Padre, la madre y el hijo, circula un vínculo (autoridad en amor). Estos  pueden coincidir con los lugares lógicos del complejo de Edipo según Lacan. Para entender la elaboración lacaniana es necesario tener en cuenta el concepto de estructura como lugares que pueden ser ocupados por personas diferentes. Lacan toma el concepto de estructura de Levi Strauss en su obra Estructuras elementales del parentesco.     Se trata de una estructura intersubjetica en la cual hay algo que circula y que le da a cada uno, en el momento de tenerlo, una posición particular. Un buen ejemplo de esta situación es el juego del anillo que circula entre un grupo de personas sentadas en círculo. La persona que está en el centro tiene que adivinar quién lo tiene. Cada uno al tenerlo siente algo especial hasta que pueda pasarlo, inadvertidamente, a la persona que tiene a su lado. En este juego, el valor de una determinada persona depende de algo que le es ajeno, algo que circula entre las personas. En esta estructura lo que circula es el orden de la valoración en el sentido de perfección.  Alguien que lo acaricia  cree que adquiere un valor especial por tenerlo. Cree que tiene importancia por sí mismo,  es como si fuera él mismo el anillo.


 A este "algo especial" Lacan lo denomina "falo imaginario". Para Lacan el falo imaginario es todo aquello que le permite al sujeto tener la ilusión de que no le falta nada, que está completo. El  objeto que cumple la función de falo imaginario puede ser cualquier cosa. En el mundo cristiano evangélico puede ser, por ejemplo, la confesión cristiana a la que se pertenece. Este es el caso de quien cree ser miembro de la iglesia que posee el monopolio de la verdad, que cree que su denominación es la única que está calcada de los textos bíblicos. En otras palabras estas personas se sienten plenas, seguras, y  sin darse cuenta están afirmando:  "Tengo el falo simbólico porque soy  .......ista". Por supuesto que muchas otras cosas pueden funcionar como falo simbólico: Una carrera universitaria (soy muy importante, tengo el "santo anillo" porque soy doctor en......), también puede utilizarse como falo simbólico el liderazgo en la Iglesia. Igualmente, el poder que produce el dinero y, lo que lamentablemente es cada vez más común en el mundo,  LA DROGA. Supongo que en nuestra época hay más personas que se están entregando al falo imaginario de la droga que las que se están  convirtiendo a Jesucristo. La Iglesia está haciendo algo al respecto, pero, nada está bien hecho si se puede hacer mejor.

La prevención del uso indebido de drogas pasa necesariamente por el fortalecimiento  del vínculo autoridad-en-amor en cada familia como nos sugiere San Pablo en Efesios capítulos 5 y 6. A su vez, este fortalecimimiento es posible por la circulación no accidentada del falo simbólico, según el esquema estructural desarrollado por Lacan. Un accidente en el Edipo convierte a muchas personas en terreno bien preparado y dispuesto  para caer en la drogadicción.

El falo inscribe una ausencia, es decir, una falta como si fuera una presencia. Por ejemplo un nombre puede estar presente en el Registro de Defunciones, pero se trata de una presencia ausente, porque no existe esa persona,  está muerta. De la misma manera, la droga como falo simbólico intenta rellenar el agujero de una carencia, pero no conduce  a la vida sino a  la muerte, aunque el drogadicto tenga la fantasía de plenitud de vida.  Esa carencia no se adquiera en la adolescencia, la juventud, o la vida adulta. Viene de la infancia, se juega en el triángulo edípico. La predisposición a ser drogradicto está ya en muchas personas.Dicho de otra manera: La dinamita está,  solo falta el detonante que la haga estallar. Y este mundo nuestro está lleno de situaciones detonantes. En el vínculo del amor florecen los límites colocados por la autoridad sana. Esos límites conducen hacia la salud plena.

Según el desarrollo que aparece en el Seminario No. 5, Las formaciones del inconsciente, la estructura edípica, según Lacan, se expresa en tres tiempos. En el primer tiempo el niño es el falo, cree serlo.  La madre tiene el falo, cree tenerlo. Aquí el niño es el falo imaginario, el que produce la ilusión de completud.

En el segundo tiempo se produce la separación de la célula narcisista madre fálica. O sea, la primitiva relación del recien nacido con su madre. El padre interviene en el momento adecuado para producir la separación. El chico pasa de ser alguien sujetado al deseo de la madre a un sujeto independiente del deseo de la madre mediante lo que Lacan denomina la metáfora paterna. Esa es la función paterna básica. Lacan utiliza una expresión religiosa cuando se refiere al: "Significante del nombre del Padre". Esta sería la representación de una Autoridad Ultima, es decir,   la Ley. En la Biblia las tablas de la Ley son entregadas a Moisés, quien actúa como un representante de Dios. La Ley se identifica con el Padre Eterno, no con el padre mortal, Moisés. Otra vez vemos la correlación entre el esquema calvinista y el lacaninano. La preclusión del significante del Nombre del Padre desencadena lo que comunmente se denomina "locura". En otras palabras sin Ley -sin límites- no hay salud mental. Sin amor tampoco. Recuérdese la definición freudiana de salud mental como la capacidad para amar y trabajar.

En su ensayo titulado: De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis,  nos dice: 

...es llamado Nombre del Padre, puede pues responder en el  Otro un puro y simple agujero, el cual por la carencia del efecto metafórico provocará un agujero corresondiente en el lugar del significante fálico"  (Escritos 2, p. 540). En la misma obra aclara: "Es en un accidente de este registro y de lo que en él se cumple, a saber la preclusión del Nombre-del-Padre en el lugar del Otro, y en el fracaso de la metáfora paterna, donde designamos el efecto que da a la psicosis su condición esencial, con la estructura que la separa de la neurosis" (Escritos 2, p. 556).
En el segundo tiempo del Edipo se produce lo que Lacan denomina "castración simbólica", la cual está insertada en la cultura mediante la prohibición del incesto.       El elemento que circula, el falo (o el anillo en la imagen que usamos), en el primer tiempo es el hijo. En el segundo es el padre en el momento de la castración simbólica. Lo es el padre como representante de la Autoridad. En el tercer tiempo el chico tiene el falo. De la dialéctica del ser (primer tiempo), se pasa a la dialéctica del tener (tercer tiempo), metáfora paterna mediante. La metáfora paterna es una especie de repercusión en el sujeto de la castración simbólica. El chico tomará, entonces, como propias las insignias del padre, su modelo identificatorio.

En una apretada síntesis no es fácil resumir algo tan denso como la interpretación lacaniana de complejo de Edipo, el cual no es superponible al de Freud. Sólo he querido descorrer una cortina para que los que no conocen a Lacan puedan ver la posibilidad de articular su pensamiento con el de Calvino en lo referente al lugar del padre en la familia. A tales personas les recomiendo  un  libro escrito por un autor francés, Joel Dor, titulado: "El padre y su función en psicoanálisis" (Editorial Nueva Visión, Buenos Aires), que es una buena introducción a los desarrollos de Jacques Lacan acerca de la función paterna y su relación con la salud mental.

El lugar de los hijos en la familia

San Pablo en Efesios 6 apela a los padres y a los hijos con relación a los deberes y los derechos de cada uno. El estilo de la Epístola me hace pensar que el Apóstol esperaba que todos estuvieran presentes en el culto en el momento en que su carta fuera leida.  Del documento se desprende la idea de que el hijo tiene el legítimo derecho a la desobediencia cuando el padre le exige algún acto contrario a la voluntad de Dios expresada en Su Palabra. Luego la autoridad del padre humano es relativa, por cuanto él no es mas que un representante de la autoridad absoluta, Dios nuestro Señor.

La única autoridad absoluta e incondicional es la de Dios. Los padres también estamos subordinados a Su Ley. Por lo tanto,  no podemos disponer libremente de la autoridad que nos ha sido confiada.

Los padres cristianos deben aceptar la soberanía de Dios quien ha concedido dones particulares a sus hijos para que cumplan una determinada vocación. (Vocación viene del verbo latino vocare que significa llamar). Dios nos llama a los que somos padres y no debemos rechazar ese llamado. No sólo por la salud de nuestros hijos, sino por el futuro de la humanidad.

La función paterna es basicamente cumplir la voluntad de Dios para cada uno de nuestros hijos. Por lo tanto los padres cristianos debemos pedir la dirección divina a fin de orientar adecuadamente a nuestros hijos. Debemos hacerlo con mucha humildad. La buena intención no alcanza. Alguien dijo que "las calles del infierno están empedradas con buenas intenciones". Es obvio que todos los padres nos equivocamos, pero lo más grave del asunto es que los que más se equivocan suelen creer que hacen las cosas bien, sobre todo en el ambiente de la Iglesia.

Es evidente que vivimos en un mundo en crisis debido a la gran escasez de hogares cristianos. El futuro del mundo dependerá en gran manera de la calidad de los hogares actuales. La crisis que vive la sociedad actual es es gran manera una crisis expresada en las relaciones familiares. No es cristiano todo lo que parece serlo. No es cristiano todo lo que se llame por ese nombre.

San Pablo afirma que no hay autoridad sino de parte de Dios (Romanos 13:1). En el mundo de hoy hay una gran crisis de autoridad la cual se debe fundamentalmente a que padres desobedientes a Dios pretenden ser obedecidos por sus hijos.  El resultado de esa contradicción se encuentra ante nuestros ojos.  

Sobre el autor:
Jorge A. León es cubano de origen y radicado en Argentina, doctorado en Filosofía en la Universidad de La Habana (en la especialidad de Psicología) y doctorado en Teología en la Facultad Protestante de Teología de Montpellier, Francia.  Tiene un posgrado en psicoanálisis en la Universidad Argentina John F. Kennedy, en Buenos Aires.  Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.  El Dr. León es autor de numerosos libros de Psicología Pastoral y ha sido reconocido como el "Padre de la Psicoloía Pastoral en América Latina"
Sitio Web de Jorge A. León:  Psicopastoral

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