LA FAMILIA HOY: Una perspectiva histórica y teológica | Cuestiones preliminares | Por Jorge A. León

Si ponemos la mira en la familia hoy, lo histórico como interpretación descriptiva del accionar humano en su diacronía, en mi opinión, pasa a un segunda plano por una razón muy sencilla: En la geografía de un país pueden convivir simultáneamente largos períodos de historia de la humanidad. Supongo que el estilo de vida familiar característico de la ciudad de Viña del Mar, no es el mismo que el de una provincia lejana. Esta realidad la vemos con mayor claridad en un país como Brasil donde encontramos varios siglos de diferencia histórica entre la población de San Pablo o Rio de Janeiro y los habitantes del corazón de la selva amazónica. Aún en una ciudad como Buenos Aires encontramos padres que viven, y pretenden hacer vivir a sus hijos, según el estilo de vida de cuando ellos eran jóvenes. Luego, al referirnos a la familia hoy, no debemos suponer que existe uniformidad histórica en los habitantes del planeta en los distintos momentos de la humanidad, y mucho menos en las postrimerías del siglo XX.

Es imposible equiparar a todos los seres humanos en una misma historia. En otras palabras, no podemos hacer con el hombre lo mismo que con la leche: Homogenizarlo y pasteurizarlo. Cada ser humano tiene su historia particular porque nace en una familia con cierto nivel de salud o enfermedad mental, espiritual y física. El recién nacido tendrá la oportunidad de desarrollarse según el modelo de salud o de enfermedad de sus progenitores. Hay funciones específicas que debe cumplir tanto el padre como la madre. En los primeros años de vida se estructura lo que será cada sujeto. Una vez logradas las estructuras singulares, cada sujeto, inconscientemente, habrá estereotipado su estilo de vida, que lo conducirá a la repetición de determinado tipo de conducta. A menos que Dios haga un milagro.

Cada ser humano, al llegar al mundo, recibe una imagen de lo que es el matrimonio según el modelo de sus padres. Pero no todo es psicológico. Cada aspirante a sujeto humano cuenta, además, con un capital genético, un temperamento particular, etc. En fin, cuenta con lo que Dios ha concedido a cada recién llegado. Además de los elementos innatos y constitucionales, hay que tener en cuenta las experiencias y traumas infantiles. La combinación de factores endógenos y exógenos determinarán una disposición para actuar según cierto tipo de respuesta prefijada. Es decir, a reaccionar característicamente, por motivaciones inconscientes, ante los detonantes que se le presenten en la vida cotidiana.

Pero la predeterminación psicológica no implica la pluralidad, es decir, la existencia de seres humanos casi idénticos en su manera de ser y de comportarse. Por el contrario, los hijos de los mismo padres escribirán con sus vidas historias diferentes. De ahí la singularidad histórica del sujeto humano. Cuando decimos singular estamos significando que no hay plural. Seguramente debe haber varias personas que tengan el mismo nombre y apellido que usted, hermano que me escucha. Pero el nombre no importa, lo importante es que ninguno es igual a usted en alma mente y cuerpo. Ninguna persona puede alterar la singularidad determinada por su historia personal. Nadie puede igualarlo como sujeto. También deseo dejar bien aclarado que cada uno de nosotros es un sujeto porque está sujetado por un Otro que lo habita en su dimensión inconsciente, la cual es absolutamente diferente en cada ser humano. Luego, es imposible homologar a las personas o las familias en una misma historia. Cada sujeto particular tiene su propia historia, como la tiene cada familia.

La relación de los padres con sus hijos y entre si determina la estructuración del psiquismo humano. Según el psicoanálisis las personas pueden estructurarse como: Neuróticos, perversos o psicóticos, a partir de las interacciones de las criaturas con sus padres. Esta estructuración se manifestará a lo largo de toda la vida del sujeto. En el comportamiento humano se privilegia la repetición, con diferencia, de las normas de conducta estereotipadas. Aclaro que al referirme a la repetición con diferencia estoy significando la imposibilidad de la repetición idéntica. Lo que podemos lograr es la reiteración. Es decir, rehacer el camino teniendo en cuenta lo que dijo Heráclito, un filósolo presocrático: "Nadie puede bañarse dos veces en el mismo rio".

No siempre se manifiesta la estructura psíquica con claridad. Por ejemplo, alguien puede tener una estructura psicótica y no brotarse, es decir, "no volverse loco" (como se dice comunmente), porque no se han dado las condiciones propicias. Pero sus allegados se darán cuenta de que es una persona "rara". En la Parábola del Sembrador, nuestro Señor Jesucristo sugiere cuatro tipos de estructuración del sujeto. Un camino en tiempos de Jesús no era más que tierra apisonada, endurecida por los que le pasaron por encima. El terreno del camino no es necesariamente una tierra improductiva. Las circunstancias la han hecho improductiva, pero podría dar fruto si se modificaran esas circunstancias. Nos dice el Señor que el sembrador sembró a lo largo del camino, (en griego: parà tèn hodón) pero no logró que en él se produjera una sola nueva vida. (San Mateo 13:1-9; San Marcos 4:1-9; San Lucas 8:4-8). Un terreno lleno de espinos no es necesariamente un mal terreno, de hecho la semilla sembrada nació, pero la nueva vida fue criminanalmente ahogada por las circunstancias adversas. Un terreno pedregoso no es necesariamente malo, las piedras pueden ser útiles para cercar el terreno. Cada cristiano tiene que aprender a convertir en escalera las piedras que la vida le coloca en su camino. O como dijo una vez Alberto Schweitzer: "No esperes que por hacer las cosas bien hechas alguien te va a quitar las piedras que se encuentran delante de ti, espera que te pongan, todavía, unas cuantas piedras más". La Parábola nos dice que también existe el buen terreno, o más bien varios tipos de terrenos buenos, que producen fruto en cantidad diversa. Ni en eso hay pluralidad, pues cada uno produce en cantidad diferente.

Lo que deseo dejar sentado es que el propio Señor nos presenta una tipología humana, aunque no hay dos sujetos iguales, como no hay dos terrenos iguales. Pero la siembra de la Santa Semilla debe realizarse en todos los terrenos. "No son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos. Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido", nos dice el Señor.

El sujeto humano se enferma en familia, basicamente por la carencia de amor, y es en familia que se debería curar, especialmente en la familia de la fe. Es por eso que cada congregación debería ser una comunidad terapéutica y redentora, lamentablemente, muchas no lo son. La Biblia nos dice: "Dios es amor" (I Juan 4:8). Por lo tanto, toda persona que viva una profunda experiencia espiritual debe mostrar en su vida el amor de Dios. Es por eso que San Pablo presenta al amor como la primera manifestación del fruto del Espíritu Santo en la vida del creyente (Gálatas 5:22). ¿Quien no desea ser amado? Pero son pocos los que lo logran. ¡Cuán pocos son los que tienen la capacidad para amar!

Para el Creador del psicoanálisis, Segismundo Freud, la salud mental se expresa en la capacidad de amar y trabajar. Para un autor argentino, José Bleger, "los trastornos mentales son momentos exagerados, aislados y estereotipados de la dinámica familiar......" (Psicohigiene y psicología institucional).

El Dr. Emilio Mira y López, en su obra Los cuatro gigantes del alma distingue entre amores sanos y enfermos. No ama en realidad toda persona que dice amar. En el trabajo del psicoterapeuta a veces se puede leer entre líneas la autenticidad o falsedad del discurso. Deseo presentar el recorte de un discurso donde he podido detectar el amor. Es un verdadero testimonio de amor: "El pastor proclamaba su sermón, pero yo no podía concentrarme para seguirlo. Me quedé fijado en el pasaje bíblico sobre el que predicaba: Efesios 5:21-32. Pensé en mi amada y tuve la sensación de que en ese momento nos uniamos en un matrimonio espiritual. Esta ha sido una vivencia rara y única en mi vida. La de sentirme unido a ella en una, sola alma-mente-cuerpo, contando con el Si de Dios. Lo raro es que ella no estaba presente en el cuerpo para decir el: "Sí, quiero". ¿Se trata de la unión de dos almas?" ¿O es que me estoy volviendo loco? Si así es, ¡Que linda que es la locura de amor! El tiempo probó que éstas no eran sólo palabras ocasionales del momento. Este amor se conserva con frescura. Podría presentar otros testimonios que parecerían, a simple vista, un romanticismo irreal en una persona mayor de cincuenta años. El finado pastor metodista argentino Roberto Ríos, quien fue rector del I.S.E.

D.E.T., dejó un bello testimonio en su libro titulado. ¿Vale la pena amar? (Methopress, Buenos Aires, 1980). Nos dice Ríos: "El amor es siempre una aventura, el amor auténtico por supuesto. Porque amar genuinamente significa 'Darse a si mismo más allá del círculo conocido, es perder toda la seguridad del propio sistema de vida, lanzarse a desconocidas exigencias" (p. 61). No es imposible encontrar el amor, no importa la edad, lo difícil es conservarlo. Pero si interpretamos bien el Evangelio debemos propender al cultivo del amor, que debemos encontrar.

Necesitamos cuidar la familia en estos momentos difíciles, y no debemos olvidar que el matrimonio es el fundamento de la sociedad humana. Quiero rescatar del recorte que acabo de citar el concepto de matrimonio espiritual. Llegué a la conclusión de que hay tres tipos de matrimonio. Veamos.

El matrimonio legal:

Es la unión a los efectos legales y patrimoniales. Es una Sociedad de Bienes Gananciales. Es la unión que hace heredero al otro exista o no el amor entre ellos. Es la unión que impide que una persona casada compre algo para sí, pues cualquier compra que haga se convierte en un bien ganancial sobre el cual el otro puede reclamar en caso de divorcio. Una libreta de casamiento no sirve para nada sin amor. El papel no llega al corazón. Por otro lado, el Matrimonio Civil existe, por lo menos en la Argentina, desde poco más de un siglo. Antes no lo había. Sólo existía el Matrimonio Religioso.

El matrimonio religioso:

Comenzó a existir en el siglo XII. Esto quiere decir que durante más de mil años no hubo en la Iglesia Cristiana una ceremonia de casamiento. Recordemos que en las Bodas de Caná de Galilea Jesús no hizo ni siquiera una oración. Sólo hizo buen vino para que la gente se alegrara. La mujer en tiempos bíblicos, una sociedad machista y patriarcal, pasaba de la tiranía de un hombre a la de otro, del padre al marido. No había posibilidad de opción y el matrimonio se realizaba sin amor. Los padres hacían los convenios con los correspondientes arreglos económicos. Todavía queda algo de esa costumbre, la dote. Según Deuteronomio 24 el hombre se podía divorciar, la mujer no. Si Jesús prohibe el divorcio es para proteger a la mujer. En tiempos bíblicos el padre hacía una gran fiesta y en ella entregaba a su hija como posesión para otro hombre. A una fiesta como esa asistió Jesús en Caná de Galilea.

No siempre el matrimonio religioso es garante de la felicidad, lo constatamos en la vida cotidiana. A veces hay matrimonios religiosos por conveniencia y sin amor. La iglesia no debe prestarse a realizar este tipo de matrimonios. Sólo el amor valida el matrimonio. Pero no siempre fue así. En el relato de Génesis 24, cuando Abraham decide buscar esposa para su hijo, no le preguntó a éste ni siquiera si le gustaba rubia o morocha, flaca o gordita. No había noviazgo en aquellos tiempos patriarcales. La palabra novio/a no aparece en la Biblia. Según Génesis 24:67 el proceso amatorio entre Isaac y Rebeca fue el siguiente: 1.- El criado escoge la chica según las instruccciones recibidas. 2.- Isaac la lleva a su tienda y la toma por mujer, es decir, la inicia en la vida sexual. 3.- Con el correr del tiempo comienza a sentir amor por su mujer. 4.- A partir de su relación con su mujer Isaac se consuela de la muerte de su madre, es decir, supera su complejo de Edipo. En esos antiguos tiempos bíblicos el amor podía venir al final, hoy todo es al revés, porque Jesucristo nos ha revelado que Dios es amor. Por eso sabemos que Dios está donde está el amor y se ausenta donde no lo hay. En el relato de Génesis 24 no se hace referencia a una ceremonia religiosa para autorizar la iniciación de la actividad sexual. Tampoco la hubo en Caná de Galilea. En esa ocasión nuestro Señor ni siquiera hizo una oración.

El matrimonio espiritual:

Es el único y verdadero matrimonio. Aquél en que se unen dos personas en su totalidad: ALMA, MENTE Y CUERPO. Sólo con la unión de las almas se puede lograr la armónica unión de las mentes y de los cuerpos.

Esto es un misterio como dice San Pablo en Efesios 5. Lo es en cuanto a la unión de Cristo y de la Iglesia. También lo es en cuando a la unión de dos mentes y dos cuerpos porque sus almas se han unido.

¿Cómo es posible unir dos mentes si un ser humano no puede comprender la suya propia? Es por eso que se trata de un misterio. No se lo puede comprender en el campo de lo teórico, sólo se lo puede vivenciar en la experiencia personal. Lo misterioso se hace comprensible sólo en el momento empírico del amor. El Dr. Emilio Mira y López, en la obra que he citado nos dice al respecto: “...a partir de ese instante, dos forman uno; hay interpenetración de los núcleos personales y se constituye una superpersona común a los dos cuerpos.... Al confesarse recíprocamente su amor, los dos amantes se fecundan mentalmente y se engarzan de un modo más íntimo y perdurable de lo que luego harán sus cuerpos”. (Páginas 150-51). En una obra más reciente, otro autor español, el Dr. Enrique Rojas, nos dice: “Desde la atracción inicial del enamoramiento hay un largo camino por recorrer; unos se quedan a mitad del trayecto; otros, prosperan y alcanzan ese desear estar junto al otro, una de las características que definen al amor.” (El hombre light, Colección Fin de Siglo, 1992, p. 60).

Hay matrimonio espiritual cuando se logra la unión de las almas de tal manera que la ausencia temporal se hace desesperante para los dos. Cuando se logra alcanzar lo que Mira y López denomina “superpersona común a los dos cuerpos”, se produce una real unión de los cuerpos. Es entonces cuando se puede hacer el amor. Sin la unión de las almas lo sexual es sólo una caricatura del amor.

¿Por qué está en crisis el matrimonio hoy?:

Porque algunas personas se casan siendo aun inmaduros y no se encuentran en condiciones de hacer la mejor elección. Después, al madurar se dan cuenta del error cometido. Al tomar conciencia, se dan cuenta que pueden lastimar a muchas personas si rompen el vínculo. Este problema es el más común que se me ha presentado en mi tarea como pastor y como psicoterapeuta.

Porque las personas van cambiando con el tiempo. Cambian sus células, pero también sus mentes y la sensibilidad de sus almas. Pero lo que nunca debe cambiar en una persona plenamente humana y cristiana es su capacidad de amar y de recibir amor. Dar y recibir, oferta y demanda.

En el mercado internacional del amor hay una gran inflación porque la demanda es mucha, pero la oferta escasea. ¿Quien no desea ser amado? La mayoría de las personas que desean ser amadas, han perdido la capacidad de amar. El amor implica el respeto por la persona amada. Implica además el deseo de hacer crecer integralmente al objeto del amor. Quien ama verdaderamente no critica las debilidades de su pareja para deprimirla y disminuirla en su autoestima; por el contrario, la ayuda a convertir en fortaleza sus debilidades.

Cuando no existe respeto por el conyuge el amor muere, como muere una planta cuando se la priva de la luz del sol, del agua y del aire. La falta de deseo de superación de la pareja marchita el amor, la reincidencia en esa falta, lo seca. Un amor marchito se puede reactivar, pero cuando se seca muere definitivamente. El deseo desmedido de lograr prestigio, fama y poder personal sin procurar que la persona amada le acompañe en su peregrinar constituye el asesinato del amor.

La clave del crecimiento del amor, EN EL MATROMONIO ESPIRITUAL y su conservación en el tiempo consiste, entre otros factores, en los siguientes:

Respeto por el otro.

No aprovecharse de las debilidades psíquicas del otro para dominarlo o esclavizarlo, sino ayudarle a convertir en escalera las piedras que la vida le ha colocado en su camino, desde la niñez.

Nada está bien hecho si se puede hacer mejor. El matrimonio espiritual no debe conformarse con la mediocridad sino que cada uno de sus miembros debe estimular al otro a desplegar su creatividad y su espontaneidad, articulándolas amorosa y armoniosamente con la creatividad y la espontaneidad del otro.

En el matrimonio espiritual no se puede hacer todo, porque siempre existen las limitaciones inherentes a nuestra condición humana, pero se puede hacer algo como expresión de amor genuino, Lo que es posible hacer debemos hacerlo.

Amor + autoridad = Salud mental en la familia:

Hasta ahora, en el desarrollo de este primer tema, he dado prioridad al amor como medio de alcanzar la plenitud de vida, pero el amor sólo no alcanza. El niño necesita, para estructurarse como un sujeto relativamente sano, tanto del amor como de los límites. Lograr el equilibrio entre el amor y los límites es tarea impostergable de ambos padres.

La autoridad no es lo mismo que el autoritarismo. La autoridad puede conducir a la salud, el autoritarismo a la enfermedad. El teólogo francés André Biéler nos presenta un valioso estudio del concepto de autoridad de los padres, según la teología de Juan Calvino, en su obra L'homme et la femme dans la morale calviniste (El hombre y la mujer en la moral calvinista). Nos dice que según Calvino, la autoridad de los padres está en relación directa con la soberanía de Dios. Calvino afirma que el quinto mandamiento de la ley de Dios que ordena respetar al padre y a la madre no tiende solamente a mantener el orden familiar. Más bien preside el orden de toda la humanidad. Dios se sirve de la autoridad de los padres para mantener su obra. Dice Biéler: "La obediencia a los superiores humanos es más bien una etapa en la pedagogía de Dios para conducir al hombre a la sujeción divina. La sumisión a las autoridades no es más que una escuela preparatoria para la obediencia a Dios".

En su sermón sobre Deuteronomio 21:18-21, Calvino afirma: "Nosotros vemos aquí que la autoridad es atribuida tanto a uno como al otro; que Dios no quiere que el padre gobierne solo a su hijo, sino que la madre también tenga una parte de honor y preeminencia". En los tiempos en que vivimos, quizás es la madre la que más incide en la educación de los hijos. Para Calvino los dos padres son responsables ante Dios por la adecuada educación de sus hijos. Al mismo tiempo, señala que existe una resistencia legítima de los hijos frente a los padres, lo expresa en los siguientes términos: "Esta resistencia debe efectuarse sólo cuando los superiores exigen a sus subordinados cualquier acto contrario a la voluntad de Dios". Por lo tanto, ninguna autoridad es absoluta ni incondicional, excepto la de Dios mismo. Dice Biéler: "Si los subordinados deben obedecer a sus superiores a causa del Señor, es evidente que por su lado los superiores no disponen libremente de su autoridad. Esa autoridad es ordenada y sujetada a Dios por cuanto surge de Su propia autoridad".

Este aporte del siglo XVI, actualizado por un teólogo francés de nuestro tiempo, pone de manifiesto el lugar que debe ocupar la fe cristiana en la lucha contra toda forma de deshumanización de la máxima creación divina, el ser humano. Una de esas deformaciones es la drogadicción. Otro francés, Jacques Lacan, aunque en otro contexto, ha reflexionado en nuestro siglo con relación al aporte del padre y de la madre a la salud o a la enfermedad mental de sus hijos. Encuentro una correlación muy significativa entre las ideas de Calvino que he expuesto y los conceptos lacanianos de: Deseo de la madre, falo, los tres tiempos del Edipo, castración, metáfora paterna y significante del Nombre del Padre. Veremos algo de esto en la próxima exposición.

Creo que todos vamos a coincidir en que las reflexiones teológicas de Calvino, sobre la familia, que he intentado sintetizar, tienen actualidad y vigencia en nuestro tiempo. Al acercarnos al tercer milenio debemos tomar conciencia de que la autoridad de los padres y la libertad de los hijos para autoexpresarse y autorrealizarse entran en tensión de diversas maneras. Los padres autoritarios crean situaciones donde sobra padres y falta libertad. Por el contrario los padres permisivos, los que no saben o no pueden poner límites a sus hijos, actúan de tal manera que sobra libertad y falta padres. En el caso de los padres paternalistas, aquellos que están dispuesto a hacer todo por sus hijos, a condición de que éstos hagan todo lo que ellos creen que deben hacer, en nombre del amor, sobra protección y falta libertad. No todo lo que recibe el nombre de amor, lo es en realidad. No es fácil desempeñar bien el oficio de padres hoy. Por lo tanto, es necesario dejar bien establecido que el amor que ahoga, que cercena totalmente la libertad, no es amor y el que no pone límites tampoco. Por otro lado, la autoridad de los padres carece de valor moral cuando está en contradicción con el amor auténtico. Además, toda autoridad reñida con la autoridad de Dios, quien es esencialmente amor, carece de autoridad moral y espiritual.

No cualquiera se convierte en un drogadicto. No cualquiera que se fume un "porro" (cigarrillo de marihuana en la jerga de Buenos Aires) llega a ser drogadicto. Pero muchos de ellos comenzaron de esa manera. Por lo tanto es mejor no probarlo, porque no existe la persona que tenga naturalmente grabada, en su piel, una etiqueta donde se establece el tipo de estructura psíquica que ha fraguado en la niñez. Nadie sabe si tiene una estructura perversa, si es o no vulnerable ante la droga con sólo “olerla”.

El drogadicto lo es en potencia antes de haber visto un "porro". Lo es por tres razones fundamentales: 1.- Porque vive determinado por el principio del placer y supone encontrar su plena satisfacción en la droga. 2.- Porque su principio de realidad es débil y por lo tanto no se da cuenta de que va en camino a su autodestrucción. 3.- Porque la imagen de Dios, presente en todo ser humano - creyente o incrédulo - aunque desdibujada por el pecado, no suele ser cultivada por quienes viven bajo la potestad del principio del placer. Por lo tanto, la esencia moral, que se expresa tempranamente en el pudor infantil, es avasallada por la inmoralidad, el delito y la muerte.

La imagen de Dios en el hombre es el núcleo fundamental, innato, del superyo. Pero éste es adquirido en gran manera. Por lo tanto, es falso que sea el angelito de las tiras cómicas. A veces el superyo puede ser muy cruel. Tan cruel que puede conducir al delito para aliviar, a través del castigo de la sociedad, terribles sentimientos de culpa inconscientes. Aunque debo hacer constar que, los perversos suelen carecer de sentimientos de culpa.

La vida cristiana es cuestión de equilibrio. Por lo tanto, no se caracteriza por el desenfreno del libertinaje, ni tampoco por la represión indiscriminada de la libertad individual. El adulto cristiano debe perder el miedo a la libertad de amar. Pero también debe imponerse los límites que le permitan disfrutar una vida sana y cristiana. Estas reflexiones me traen a la memoria el título de dos importantes libros de Erich Fromm: El arte de amar y El miedo a la libertad. Del primero sólo quiero recordar que el respeto por la persona amada es una de las manifestaciones del amor auténtico.

Los capítulos 5 y 6 de la Epístola de San Pablo a los Efesios me van a servir de fuente de inspiración para el desarrollo de las siguientes exposiciones sobre el tema que me fue propuesto. Estas llevarán por título: 1.- La función materna y las necesidades de los hijos. 2.- La función paterna. En ambos temas acerca de la familia hoy, no voy a referirme al padre y a la madre como progenitores, sino como funciones. ¿Por qué? Por una sencilla razón, porque la función paterna o materna pueden ser desempeñadas por personas distintas de quienes trajeron al mundo criaturas o de quienes las engendraron. También veremos conceptos modernos tales como: "No es necesario que haya un hombre para que haya un padre". Por hoy nos quedamos aquí. Ahora les invito a dialogar.

LA FAMILIA HOY:  La función materna y las necesidades de los hijos 

Sobre el autor:
Jorge A. León es cubano de origen y radicado en Argentina, doctorado en Filosofía en la Universidad de La Habana (en la especialidad de Psicología) y doctorado en Teología en la Facultad Protestante de Teología de Montpellier, Francia.  Tiene un posgrado en psicoanálisis en la Universidad Argentina John F. Kennedy, en Buenos Aires.  Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.  El Dr. León es autor de numerosos libros de Psicología Pastoral y ha sido reconocido como el "Padre de la Psicoloía Pastoral en América Latina"
Sitio Web de Jorge A. León:  Psicopastoral

COMENTARIOS:
 
El Blog de Bernabé © 2017 | Diseño de template creado por Chica Blogger | Volver arriba