LA FAMILIA HOY: La función materna y las necesidades de los hijos | Por Jorge A. León

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El concepto bíblico de misterio se refiere a una verdad que Dios ha mantenido velada por algún tiempo para darla a conocer en un momento determinado, según su voluntad. Entonces lo velado se transforma en re-velado. La revelación del misterio pertenece al campo de lo divino. Luego, cuando pensamos en: La familia hoy, una perspectiva histórica y teológica, estamos hablando de revelación.

El problema hermenéutico es el más grave hoy para la reflexión bíblico-teológica. No existe una exégesis ni una hermenéutica quimicamente pura y no pretendo que la mia lo sea. Cada uno, al interpretar la Biblia, lo hace según su propia formación, poniendo algo de lo suyo, lo cual es inevitable. Lo ideal es permitir que la Biblia nos hable en el contexto de nuestro tiempo como lo ha hecho a lo largo de la historia de la Iglesia. Debemos evitar que nuestros prejuicios amordacen la Palabra de Dios que tiene un mensaje para todos los tiempos y para todas las culturas.

San Pablo nos dice: "dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas (anaquefalaiosis) en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Efesios 1:9-10). En el concepto de familia que encontramos en Efesios 5:21-33 y 6:1-9 aparecen tres factores en la dinámica familiar: El padre, la madre y los hijos. En el misterio revelado hay un cuarto factor que no se ve a simple vista.

No tenemos muy claro en la Biblia cual es la función de la madre en la familia cristiana. Los capítulos 5 y 6 de la Epístola a los Efesios, y los pasajes paralelos de Colosenses, nos ayudan mucho, pero quedan puntos oscuros con referencia a nuestra situación concreta hoy. Es necesario recordar que la mayoría de las epístolas de Pablo fueron escritas para orientar a las congregaciones locales sobre problemas particulares que se presentaban. El texto en cuestión no tiene como objetivo definir lo que debía ser la familia cristiana en su época. Pero ofrece algunas pistas: 1.- Para no colocarse fuera de la ley Pablo no condena la esclavitud, pero incorpora al esclavo dentro de la familia cristiana. (Efesios 6:5-9). 2.- Acepta el predominio del varón, pero condicionándolo a que éste sea capaz de amar a su esposa como Cristo a la Iglesia. 3.- Reconoce que los hijos tienen derechos, además de deberes, algo revolucionario para su tiempo. (Efesios 6:1-4).

El texto fundamental paulino sobre la familia cristiana comienza con las siguientes palabras: "Someteos unos a otros en el temor de Dios" (Efesios 5:21). Aquí temor no quiere decir miedo como experiencia psicológica, sino temor reverencial frente a la grandeza de Dios. Y es ante esa Grandeza que marido y mujer deben tomar conciencia de sus limitaciones. También deben tomar conciencia de la necesidad de poner en acción el amor y la autoridad como actividad compartida.

La confusión entre Evangelio y Cultura ha llevado a muchos hombres a utilizar este texto como una excusa para convertirse en el tirano de su mujer. Esta confusión, sin embargo, no se utiliza hoy para prohibir a los cristianos que edifiquen sobre la arena porque Jesús dijo que no se debía hacer (San Mateo 7:26-27). Hoy se reconoce que Jesús presentó esa enseñanza porque en su tiempo no existía el hormigón armado. En este caso se distingue lo tecnológico de lo evangélico. ¿No les parece que la felicidad de la familia humana es mucho más importante que la construcción de un edificio?

Pero, aunque interpretemos literalmente el texto queriendo transplantar una cultura a otra, no es posible fundamentar que la función de la madre cristiana es la de estar sometida a su marido. El texto presenta la dialéctica característica de Jesús al referirse al reino de Dios en los Evangelios Sinópticos o la pefección cristiana en el Sermón de la Montaña. O como denomina esta situación paradojal el teólogo Oscar Cullmann: "La tensión entre el 'ya' y el 'no todavía' ". San Pablo presenta esta dialéctica, o situación paradojal, tres veces en la Epístola a los Efesios. La primera está referida al concepto de redención que se presenta como una conquista a disfrutar en 1:7 y como algo por adquirir en 4:30. La segunda al referirse a la unidad de la Iglesia como algo logrado en 4:3-6 y como algo por alcanzar en 4:13. La tercera paradoja se encuentra en el capítulo 5 y se refiere al lugar de la mujer en la familia cristiana. Primero dice: "Someteos unos a otros en el temor de Dios" (5:21). Es decir, el marido también debe someterse a su mujer cuando corresponda. En el versículo siguiente dice: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor". (5:22). ¿Debe semeterse una mujer ante un marido brutal, injusto, egoista, orgulloso y prepotente que represente la antítesis del Cristo? Algunos mentes retrógradas creen que por el sólo hecho de la diferencia sexual anatómica, el varón es superior a la mujer. Es decir, ¿creen ustedes que cuatrocientos sesenta gramos de carne son más importantes que la vida espiritual, la moral, la cultura y el amor, de un ser humano que carezca de ellos? Lo que ocurre es que los machistas leen sólo lo que les conviene para fundamentar sus prejuicios. No leen el versículo 21, ni tampoco Gálatas 3:28.

En el texto encontramos cuatro factores que debemos articular de acuerdo con nuestra cultura y en su temporalidad histórica: La madre, el hijo , el vínculo y el padre. Lo más importante parecería ser el vínculo que Pablo presenta en el sentido de autoridad amorosa. La madre puede ser hoy tan tirana con su marido como lo fue el marido ayer, con su mujer. Pero a veces nos encontramos con un par de tontos que son grandes, pero no adultos, que están tiranizados por "Su Majestad el bebé".

En un contexto cristiano no hay amos ni esclavos. Por lo menos no debería haberlos. Cuando una mujer trae un hijo al mundo el padre no cuenta en el sentido vincular. La autoridad amorosa circula entre la madre y su hijo. La madre tiene la fantasía de que su hijo la completa y éste parecería creérselo. La inclusión del padre cabalga sobre lo que la madre sienta por su marido. Si ésta no le da lugar, algo que suele ocurrir, la célula madre fálica-hijo narcisista destruirá la salud mental de la familia. El más perjudicado es el hijo. Esto lo veremos en mi próxima exposición cuando me refiera a los tres tiempos del Edipo en Lacan.

En situaciones como las que acabo de mencionar comienza el negocio de los traficantes de drogas. Algunas personas son vulnerables a caer en el uso indebido de drogas por falencias en la dinámica familiar. La falta de autoridad en equilibrio con el amor, circulando entre los padres. y con el hijo, ha producido la crisis de la familia hoy. Luego, la función de la madre es basicamente mantener el adecuado equilibrio entre el amor y la autoridad para la salud de su hijo, y cuando no hay un hombre, la madre puede cumplir la función paterna. A veces la función materna es cumplir ambas funciones, madre-padre simbólico. La madre puede hacerlo, el padre no.

Las necesidades de los hijos

No siempre los padres sabemos lo que nuestros hijos necesitan, pero por lo general suponenos saberlo. Creo que todos los padres que nos equivocamos en la educación de nuestros hijos hemos actuado de buena fe. Solemos repetir las normas de conducta en las cuales fuimos criados. En ocasiones deseamos fervientemente hacer las cosas en forma diferente a lo que fue nuestra experiencia infantil, al cabo de los años comprobamos que hemos repetido nuestra propia historia sin proponérnoslo conscientemente.

Son muchas las necesidades afectivas y espirituales de un niño, me voy a limitar a reflexionar sobre ocho necesidades que considero fundamentales para un desarrollo armonioso y sano. Los recortes de casos que les voy a presentar están tomadas de mi libro Cada muchacho necesita un modelo vivo, editado por la Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, E.U.A., cuya primera edición apareció en 1983.

La necesidad de amor

El ser humano necesita tanto del amor como del oxígeno para poder conservar la vida. Algunos bebitos al ser abandonados por sus progenitores suelen caer en estado de marasmo, es decir, pierden peso y se mueren "de hambre" aun cuando no les falta el alimento. Se mueren porque les ha faltado amor. De ahí la práctica común de que al bebé abadonado lo alimente siempre la misma persona, la cual junto con el alimento debe darle afecto.

El modelo de amor ideal es el que nos ofrece Jesucristo, quien muestra su amor auténtico hasta la muerte por el bien de los que ama. Amor que hace posible la salvación.

Veamos el primer recorte: "Mi mamá es muy tímida y mi papá es dominante, tiene un complejo machista...No recuerdo que ninguno de los dos me haya dado un beso, los dos son frios y poco expresivos. Ahora, de grande, son un poco más expresivos, pero cuando niño me negaron su calor. La única expresión de cariño que recuerdo es la de mi maestra del segundo grado; la he querido mucho y la sigo queriendo. Por eso cuando alguien me dice que me aprecia me cuesta pensar que no se está burlando de mi. Aunque aprecio a algunos amigos, estoy como bloqueado y no puedo expresar mis sentimientos. Mis padres no me dieron cariño y no me enseñaron a amar. Ahora quieren arreglarlo todo ofreciéndome dinero, pero lo que me faltó en la niñez me seguirá faltando" (p. 16-17).

La necesidad de ser respetado como persona

La insatisfacción de las necesidades fundamentales del niño puede producir la incapacidad para satisfacer otras necesidades de la vida adulta. Escuchemos un testimonio:

"No hubo respeto de mi como persona. Parecía que mamá se complacía en dominarme, hacerme sentir como una porquería para pedirle perdón. Papá a veces me decía 'debes besar el lugar por donde ha caminado tu madre'. Quizás mis padres eran así por sus patrones culturales. He conocido otra familia siciliana que es por el estilo" ( p. 19).

En el caso que acabo de citar la persona en cuestión entendía que las fuertes presiones recibidas de sus padres, durante su niñez y adolescencia, tenía como objetivo que rindiera el máximo en sus estudios. Entendía que sus padres no estaban realmente interesados en lo que a él le pasaba, sencillamente querían "lucirse" ante sus parientes y amigos con los logros de su hijo. A continuación sus palabras:

"Cuando hacía algo bien, guardaban silencio. Nunca reconocieron un solo éxito mio. Pero cuando algo me salía mal, aquello era terrible. Tenía que obtener el máximo, diez puntos en todos los exámenes. Si no lo lograba yo no servía para nada. Me lo dijeron tantas veces que he llegado a creer que no sirvo para nada. Me parece que siempre me falta algo. Sólo para darle una idea del poco reconocimiento por parte de mis padres le diré que el promedio general de mis cinco años de estudios secundarios fue de 9.43. Hice todo lo posible, pero no pude llegar a cubrir las aspiraciones de mis padres" ( p. 19-20).

La necesidad de protección y seguridad

Las necesidades fundamentales del niño interactúan entre sí. Es indiscutible que un niño amado y respetado por sus padres se sentirá seguro y protegido. No obstante, es necesario distinguir claramente la protección de la sobreprotección. Esta última paraliza las iniciativas y el normal desarrollo de la personalidad.

El testimonio que voy a presentar a continuación resulta insólito, un joven logra encontrar protección y aún afecto en un oficial del ejército durante su servicio militar. Había sido muy maltratado por sus dificultades para marchar bien, durante los ejercicios militares. Un dia un oficial observó como un cabo lo insultaba. Entonces lo invitó a pasar el fin de semana en una quinta junto con su hijo quien cumplía el servicio militar en el mismo regimiento. "Yo lo voy a enseñar a marchar", le dijo el oficial.

"Me sentía acompañado y protegido porque el oficial no me gritaba, me trataba como no pudo hacerlo papá. Siempre los tipos fuertes y duros me han asustado y me aflojo ante ellos. A veces me parece que ser un hombre es ser como ellos, pero soy cristiano y tengo otras normas de vida. Es que estoy muy confundido". ( p. 23).

La necesidad de educación cristiana

El encuentro personal con Jesucristo es una necesidad grabada en la esencia misma del ser humano, por cuanto el hombre es religioso por naturaleza. La opción humana no está entre Dios y el ateismo sino entre la aceptación del Dios verdadero, revelado por Jesucristo, y la idolatría. El hombre puede resistirse a ser plenamente humano, pero no encontrará descanso hasta que su alma descanse en Dios.

Aunque reconocemos que todos los niños necesitan educación cristiana, debemos admitir que algunos métodos no son buenos. Por el contrario, algunos procedimientos que pretenden ser educativos predisponen al niño para rechazar a la Iglesia en su vida adulta.

"Según las enseñanzas que papá me ofrecía, no debiamos defendernos si otros chicos nos pegaban. Recuerdo que en sexto grado tenía un amigo, que no era cristiano, que me defendía. Cuando alguien me pegaba y yo no me defendía venía él y le pegaba al chico. Era muy fuerte y todos le temían. Yo no quisiera criar a mis hijos como mi padre me crió. No quiero que ellos sufran lo que yo sufrí; pero como creyente quiero darles una buena educación cristiana". (p. 27).

Algunos padres no procuran educación cristiana para sus hijos con el pretexto de que éstos deben escoger su religión cuando sean grandes. Si el argumento fuere válido, estos padres tendrian también que abstenerse de enseñarles a comer, esperando que aprendrán cuando sean grandes. El resultado de tal proceder sería la muerte. Los niños necesitan tanto del alimento espiritual como del material.

La necesidad de socialización

Las relaciones interpersonales significativas dentro de un contexto de amor y respeto mutuo, en el seno familiar, son necesarias para el logro de personalidades bien equilibradas. El hombre es un ser social y necesariamente debe interactuar con los demás para expresar plenamente su humanidad. El proceso de socialización en que el individuo sale de sí mismo para encontrarse con el otro, debe iniciarse y consolidarse durante la niñez.

El Jardín de Infantes tiene ese propósito socializador. El niño sale de su hogar donde a veces actúa como si fuera "su majestad el bebé", para ser uno más en el jardín. Allí aprende que tiene que respetar a los demás, ser sociable y en varias ocasiones, tendrá que defenderse de los demás. Allí aprende que la maestra no es toda para él, y que debe compartirla con los otros chicos.

Voy a compartir con ustedes el testimonio de un profesional que, de niño sufrió un grave déficit de socialización. En las únicas fotografías que conserva de su niñez, los chicos del barrio aparecen siempre del otro lado de los barrotes de la cerca que daba acceso a la casa. Los padres no le permitían llevar amigos a la casa, al parecer temían que se contagiara de algo. Lamentablemente se contagió de soledad y aún cuando llegó a ser una persona mayor, no podía salir de ella.

"Con mis colegas en el hospital a veces me siento un poco como si fuera un nene. Esa sensación me viene por instantes, como una ráfaga, entonces me siento como un chiquitín entre mis colegas". (p. 34).

La necesidad de comunicación

"El es como si no existiera. Desde que tengo uso de razón actúa así. Nosotros tenemos que arreglárnosla solos. Es una personalidad muy débil. Yo no lo tengo en cuenta; si voy a salir le digo a mamá dónde voy, pero a él no le digo nada. No se puede confiar en él para que cumpla una responsabilidad. Con todo le tengo un poco más de afecto que a mi madre, pero no mucho. Realmente, no quiero a nadie, ni a mi mismo". (p. 35).

La comunicación entre padres e hijos debe ser recíproca, pero es la responsabilidad de los padres propiciarla e inicarla. Se habla de lengua materna, es la lengua de la madre la que aprende el hijo. Así como se aprende en casa un idioma, también en casa se debe aprender a dialogar.

Los hijos, desde su perspectiva particular ofrecen una visión diferente de las cosas, lo cual hace posible que los padres también puedan aprender de ellos.

La mayoría de los jóvenes que atraviesan por situaciones límites, acuden a otros antes que a sus propios padres. Por supuesto, hay excepciones, gracias a Dios.

Entre padres e hijos debe existir una comunicación constante. Ambos miembros de la pareja, por igual, tienen responsabilidad en la comunicación con sus hijos. No es solo cuestión de la madre o el padre. Es tarea de los dos.

La necesidad de buenas relaciones entre sus padres

"Nunca sentí que se amaban, ni siquiera los vi jamás agarrarse las manos. Suponía que no me querían pero por lo menos me gustaría saber que ellos se amaban el uno al otro. Desde mi adolescencia siempre deseé encontrar una mujer que fuera capaz de amarme; que no fuera indiferente como mamá" (p. 41). No voy a hacer comentario alguno sobre los estados angustiosos de este hijo. Sería bueno que lo haga cada matrimonio, pensando que sus hijos pueden estar pasando por una situación similar.

Los padres que no son capaces de resolver entre ellos sus problemas y se pelean delante de sus hijos, no tienen la más ligera idea de cuánto hacen sufrir a sus hijos. Algunos los encuentran llorando y no saben por qué. Otros se enojan porque el nene vuelve a orinarse en la cama, sin imaginarse que ellos son los causantes de la anomalía.

La necesidad de equilibrio entre la libertad y sus límites

Los límites colocados por los padres, a pesar de las protestas, suelen ser vividos por los niños y los adolescentes como una forma de interés por la preservación de su integridad. La mayor dificultad consiste en encontrar el justo punto de equilibrio entre la libertad y sus límites.

Los hijos necesitan libertad limitada sin que las limitaciones anulen la libertad. El exceso de libertad es una demostración de desinterés de los padres por los hijos. Negar totalmente la libertad es dificultar el desarrollo normal de la personalidad.

Cuando los padres son capaces de encontrar el justo equilibrio entre la libertad y sus límites, generalmente los chicos reaccionan adaptativamente a esos límites, y también los adolescentes, aunque éstos ofrecen cierta resistencia. En parte válida y en parte no válida.

Jesucristo utiliza el verbo IMPEDIR en forma negativa, no impidais, al referirse a las actitudes de los adultos con relación a los niños. Ciertamente los adultos somos frecuentemente un gran obstáculo para que los niños se acerquen al Señor. De ahí la necesidad de que preparemos el ambiente más sano y adecuado para nuestros niños. Jesús sigue diciendonos hoy: "Dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidais; porque de los tales es el reino de los cielos".

Sobre el autor:
Jorge A. León es cubano de origen y radicado en Argentina, doctorado en Filosofía en la Universidad de La Habana (en la especialidad de Psicología) y doctorado en Teología en la Facultad Protestante de Teología de Montpellier, Francia.  Tiene un posgrado en psicoanálisis en la Universidad Argentina John F. Kennedy, en Buenos Aires.  Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.  El Dr. León es autor de numerosos libros de Psicología Pastoral y ha sido reconocido como el "Padre de la Psicoloía Pastoral en América Latina"
Sitio Web de Jorge A. León:  Psicopastoral

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