El Concilio de Nicea para dummies: Todo lo que necesitas saber (sin volverte loco)

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En el año 325 d.C. ocurrió un evento que marcó la historia del cristianismo: el Concilio de Nicea. Quizá suene como un tema reservado para especialistas, pero lo que allí se definió sigue moldeando la fe cristiana hasta hoy. Aquí te contamos lo esencial de forma clara, directa y sin vueltas.

¿Qué es un concilio?

Un concilio es una reunión formal de líderes de la Iglesia —generalmente obispos— para tratar asuntos decisivos de fe, doctrina o disciplina. En la práctica, es una asamblea convocada para enfrentar crisis que afectan la unidad e identidad de la Iglesia.

Portada del libro

El Credo Niceno: Una introducción

El Credo Niceno: Una introducción ofrece un recorrido claro y bien construido por uno de los textos más decisivos de la fe cristiana. Phillip Cary consigue explicar su origen, su lenguaje y su impacto histórico sin perder profundidad teológica. El libro muestra cómo una confesión del siglo IV sigue orientando la vida y la enseñanza de las iglesias en medio de debates actuales. Es una puerta de entrada accesible y seria para quienes desean comprender qué sostiene el corazón del cristianismo.

El Concilio de Nicea: fecha, lugar y contexto histórico

El Concilio tuvo lugar en Nicea (hoy İznik, Turquía) y se desarrolló durante varias semanas entre mayo y julio del año 325 d.C. Fue convocado por el emperador Constantino I, quien recientemente había legalizado el cristianismo con el Edicto de Milán (313).

Para Constantino, resolver las tensiones internas de la Iglesia era clave para mantener la estabilidad del Imperio. La crisis que detonó el Concilio tenía nombre propio.

¿Cuál era el conflicto teológico?

En Alejandría, un presbítero llamado Arrio enseñaba que Jesús no era Dios en sentido pleno, sino una criatura excepcional creada por el Padre. Esta enseñanza dividió a comunidades enteras y provocó un debate que desbordó las fronteras de Egipto.

Mientras algunos consideraban razonable esa postura, otros afirmaban que negaba el corazón de la fe cristiana. El enfrentamiento escaló tanto que Constantino decidió convocar a todos a Nicea para encontrar una respuesta común.

Decisiones centrales del Concilio de Nicea

1. Rechazo al arrianismo

El Concilio declaró que Cristo no es una criatura, sino Dios verdadero, eterno y de la misma sustancia que el Padre. La palabra clave del debate fue homoousios, que significa “de la misma esencia”.

2. Redacción del Credo de Nicea

Para expresar la fe cristiana de manera unificada, los obispos redactaron un credo que afirmaba claramente la divinidad del Hijo y la obra salvadora de Cristo.

3. Definir la fecha de la Pascua

Se acordó celebrar la Pascua el primer domingo después de la luna llena posterior al equinoccio de primavera, separándola del calendario judío.

¿Qué dice el Credo Niceno?

Esta es una versión adaptada y accesible del contenido esencial del Credo de Nicea, que aún hoy se proclama en iglesias de diversas tradiciones:

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, engendrado del Padre,
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, consustancial con el Padre;
por quien todo fue hecho;
quien por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo,
se hizo hombre, murió, resucitó y vendrá de nuevo con gloria.
Y creemos en el Espíritu Santo.

¿Por qué el Concilio de Nicea sigue siendo relevante?

Las decisiones tomadas en Nicea siguen teniendo peso hoy porque:

  • Ofrecen una expresión clara de la fe cristiana sobre la identidad de Jesús.
  • Unifican la confesión cristiana entre diversas iglesias.
  • Muestran que las diferencias doctrinales se disciernen mejor en comunidad.

Nicea no fue un debate académico, sino un proceso eclesial que buscó claridad para vivir la fe con fidelidad.

Curiosidades del Concilio de Nicea

  • Se cuenta que Nicolás de Mira (el origen histórico de “Santa Claus”) abofeteó a Arrio durante una discusión.
  • Asistieron entre 250 y 318 obispos, la mayoría provenientes de Oriente.
  • Constantino, aunque no era teólogo, ejerció un rol decisivo como mediador.
  • La palabra homoousios, tan importante para el resultado del Concilio, no aparece literalmente en la Biblia.

Nicea 1700 años después (2025)

El año 2025 marca los 1700 años del Concilio de Nicea, y la conmemoración tomó un giro histórico con la visita del Papa León XIV a İznik, la antigua Nicea. Allí, junto al Patriarca Bartolomé I y otros líderes cristianos, participó en una oración ecuménica en el sitio donde se formuló el primer Credo común del cristianismo. El encuentro, sencillo pero profundamente simbólico, recordó que lo decidido en el 325 sigue siendo un punto de encuentro para millones de creyentes.

Durante la visita, el Papa subrayó que Nicea no es una reliquia, sino un llamado vigente a la comunión entre iglesias que comparten la misma confesión fundamental. Con este viaje, León XIV concretó el deseo que el Papa Francisco expresó antes de morir: volver a Nicea como gesto de unidad. En un momento de fragmentación global, su presencia en Turquía reabre la conversación sobre qué significa confesar hoy una fe que nació del diálogo, el discernimiento y la búsqueda común de la verdad.

¿Por qué importa Nicea hoy?

El Concilio de Nicea importa hoy porque sigue ofreciendo un marco común para entender quién es Jesús y cómo se articula la fe cristiana. No se trató de un debate abstracto del siglo IV, sino de un esfuerzo colectivo por expresar con claridad aquello que las comunidades ya confesaban en su vida y en su oración. Nicea permitió que la Iglesia afirmara, de forma compartida, que Cristo no es una figura inspiradora entre muchas, sino el Hijo que participa plenamente de la vida de Dios. En un tiempo donde la fe puede reducirse a intuiciones personales o espiritualidades a la carta, Nicea recuerda que la identidad cristiana nace de una confesión compartida y no de interpretaciones sueltas.

Además, Nicea muestra que las diferencias teológicas pueden abordarse en comunidad y con responsabilidad histórica. Lo que allí se decidió no fue fruto de una imposición imperial ni del genio de unos pocos, sino del discernimiento de una Iglesia que, reunida en oración y debate, buscó ser fiel al testimonio apostólico. Por eso, volver a Nicea hoy no es nostalgia, sino una invitación a recuperar el valor del diálogo, la escucha y la búsqueda común de la verdad. El Credo que surgió de aquel encuentro sigue ofreciendo un lenguaje capaz de unir a iglesias diversas y de sostener una fe que se confiesa con el corazón, se piensa con la mente y se vive en comunidad.

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