¿Es el diezmo estafa o mandamiento?

Ilustración editorial conceptual sobre el diezmo en la iglesia cristiana: una Biblia cerrada con una moneda encima y la sombra de una mano abierta, simbolizando discernimiento ético y justicia.

En realidad, el diezmo no es una estafa, aunque hoy por hoy algunos estafan con dicha práctica. Tampoco es un mandamiento, aunque otros lo tomen así. Entonces, ¿qué es el diezmo? Lo difícil de desarrollar este tema es que toca muy profundamente tradiciones que hemos considerado como sacramentos a través de los siglos. Es decir, el diezmo se ha considerado por siglos, desde la perspectiva evangélica, como una práctica sagrada e incuestionable.

Otro problema es la pobreza formativa de algunos pastores para entender la continuidad y discontinuidad que existen entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. ¿Qué debemos desechar del Antiguo Testamento? ¿Qué es viejo y qué es nuevo? Esto demuestra la pobreza teológica y la pereza del pensamiento crítico de algunos pastores, aún más aquellos de bajo nivel educativo. Pero la iglesia de hoy debe considerar el estudiar y discutir estos temas para responder con obediencia a las Escrituras. Este tema del diezmo hace unos años parecía innecesario de discutir. Hoy, ante los abusos de los chamanes neoapóstoles y predicadores electrónicos, se ha tornado necesario discutir el tema, y este artículo es un intento teológico de iniciar la discusión, para que esta continúe en nuestras iglesias.

Portada del libro

Riquezas, Templos, Apóstoles y Superapóstoles

Riquezas, Templos, Apóstoles y Superapóstoles es una denuncia teológica y pastoral contra la instrumentalización de la fe en clave de mercado y poder. Osías Segura examina con rigor bíblico el fenómeno de los megatemplos, la teología de la prosperidad y el liderazgo apostólico autoproclamado, mostrando sus derivaciones éticas y eclesiales. El libro propone una alternativa clara: una teología integral que recupere el servicio, la comunidad y una mayordomía fiel al Evangelio.

Dios, la ley y el centro de la vida comunitaria

Dios es el centro de la vida comunitaria y personal de todos los humanos. Dios nos dio lineamientos y mandamientos para que nuestro vivir tuviera responsabilidades éticas. Es decir, que nuestro vivir fuera próspero sin afectar negativamente a otros. Por tanto, no debería ser la ley el centro de nuestra vida comunitaria y personal (como lo ha sido para los judíos), sino Cristo mismo.

Por ello, cuando nos encontramos con pasajes difíciles en el Antiguo Testamento debemos pensar en el propósito o principio detrás de esa ley, y no en la ley misma tal y como la pudiéramos interpretar hoy en día. Por ejemplo, en los libros del Pentateuco encontramos un sinnúmero y variedad de ofrendas. Sin embargo, un tipo muy especial de ofrenda aparece como diezmo. La palabra diezmo significa, como bien sabemos, una décima parte.

La ley mosaica contextualizó el diezmo (Levítico 27:30–33) a partir de una práctica que en Génesis aparece como voluntaria. Al encontrarse Abraham y Melquisedec, el primero le otorga al segundo una ofrenda del 10 % del botín, ganancia de la batalla (Génesis 14:18–20). Jacob también le promete a Dios una décima parte de sus ingresos, en cierta forma como trueque (Génesis 28:22). Por supuesto, Jacob no tenía un conocimiento de la gracia y provisión de Dios como el que tenemos hoy.

El diezmo en la ley de Moisés

Consecuentemente, la práctica del diezmo fue incorporada en la ley de Moisés con el propósito de mantener a la tribu de Leví y a los sacerdotes de la nación que servían en el templo, quienes no poseían bienes materiales de ningún tipo (pues cuando les fue repartida la Tierra Prometida a las doce tribus de Israel, los levitas no recibieron parcela alguna). Esta tribu moraba en toda la tierra antigua de Israel como sacerdotes para Dios y no tenían ninguna otra forma de sustento económico, ya que el trabajo de ellos era servir en el altar.

Esta tribu de sacerdotes existía aparte de los sumos sacerdotes que eran descendientes de Aarón, quienes también necesitaban su sustento. Así que el mantenimiento de esta tribu y de todo el sacerdocio dependía de las contribuciones y los diezmos del pueblo. Si el pueblo no diezmaba, o no lo hacía correctamente, el sacerdocio y los servicios religiosos, festivales y otras expresiones y observancias de la ley de Dios sufrían consecuencias negativas.

Es decir, no fue sino hasta que se instaura la institución del templo que se legaliza la práctica del diezmo como ley para el pueblo de Israel. Y vale la pena agregar que las otras culturas vecinas a los israelitas también diezmaban a sus dioses paganos, pero con el propósito de apaciguar su furia y obtener bendiciones de ellos.

Quiénes diezmaban y qué se diezmaba

De esta manera, los israelitas debían por obligación y mandato ofrendar y diezmar de todo lo que producían. Por ejemplo, diezmar de los animales, la cosecha, los frutos, etc. Los levitas que recibían el diezmo del pueblo debían también ofrendar a Dios el diezmo de todo lo recibido.

Había varios diezmos, a saber, según diferentes pasajes, aunque parece que son formulaciones del mismo diezmo. Por ejemplo, aparece la décima parte de las posesiones (Levítico 27:30–33), que se entregaba a los levitas para el ministerio en el templo (Números 18:20–32). El segundo diezmo se ahorraba y se entregaba cada tres años, aunque no hay certeza de si se dividía claramente del primero. De esta forma, un diezmo tendía a beneficiar a los levitas, al templo y a ciertos festivales, y también a los huérfanos, viudas y extranjeros, y tales diezmos tenían su promesa de bendición divina (Deuteronomio 14:28–29; 26:12–15).

Así que, como podemos notar, aquellos que poseían tierra y la hacían producir en la época del Israel antiguo no daban solamente el diez por ciento de su producción, sino hasta un poco más. Pues los sirvientes y los esclavos, al no poseer tierras para producir, no estaban obligados a diezmar. De esta práctica, podríamos decir en términos modernos que solo aquellos que poseían los medios de producción en una sociedad, como en el caso de los ricos, eran los que diezmaban. A los pobres no se les requería diezmar.

El templo como centro de distribución social

¿Qué hacían los levitas con el diezmo? El templo de Jerusalén representaba para los israelitas y para los judíos el centro del mundo. En su cosmovisión holística todo tenía implicaciones religiosas. Para los israelitas, el templo no era solo el lugar cúltico, sino también el centro de distribución y ayuda social.

Los diezmos, como anteriormente notamos, se daban en parte primeramente para apoyar a lo que hoy podríamos llamar “ministros religiosos” (Deuteronomio 12:19; 14:27). Pero recordemos que estos “ministros” recibían el diezmo porque no poseían bienes para generar riqueza. Esos diezmos también servían para beneficiar a los extranjeros, huérfanos y viudas, aquellos más desposeídos de la producción de riqueza. Así que podríamos concluir que el diezmo lo daban los ricos para aquellos que no poseían bienes de producción. Es decir, el diezmo, junto a otras ofrendas, se utilizaba como una manera de redistribuir la riqueza de una nación.

El diezmo durante la monarquía y el exilio

Posteriormente, al aparecer los reyes de Israel como otra institución de gobierno paralela al templo, otros impuestos empiezan a aparecer, e inclusive impuestos esporádicos para el templo (2 Crónicas 24:4–16). La codicia de algunos reyes parece dejar al templo y a sus sirvientes religiosos sin posibilidades de recoger sus diezmos, y a los pobres sin capacidad de recibir ayuda. El diezmo parece instaurarse de nuevo en 2 Crónicas 31:1–12.

Luego aparecen los profetas hablando contra la codicia y la injusticia social, como en el caso de Amós y Malaquías, entre otros, frente a una forma cruda de un precapitalismo que explotaba a los pobres (Isaías 5:8–10) y a los ministros religiosos de la época (Malaquías 3:6), y donde Dios mismo los acusa de robo. Lo que parece demostrar que durante el período de los reyes el diezmo sufrió de falta de práctica.

Dios ve roto el pacto con su pueblo y los deja continuar su camino por sí solos. Estos son no solo invadidos, sino también en su mayoría desplazados hasta Babilonia, y el templo de Salomón es destruido por Nabucodonosor en 587 a. C. Al tiempo regresan otros del exilio de vuelta a Jerusalén con Nehemías y Esdras, logrando reconstruir las murallas de Jerusalén, un templo modesto (515 a. C.), e instituir el diezmo de nuevo, el cual parece volver a funcionar (Nehemías 10:37; 13:12). Sin embargo, no parece quedar claro en la práctica si la institucionalización del diezmo es exitosa, es decir, si el diezmo continúa funcionando para los judíos a partir de esta época, principalmente con la invasión de otros imperios exigiendo sus impuestos.

¿Es requerido el diezmo para los cristianos?

El segundo templo de Jerusalén se reconstruye por Herodes el Grande (recordemos que el primer templo fue destruido al tiempo que los judíos experimentan el exilio a Babilonia), ahora bajo la ocupación del Imperio Romano. Para el segundo templo se generan algunas nuevas clases de personal religioso, como los fariseos y saduceos. En estos tiempos se calcula que cerca de veinte mil personas servían en el templo. Estos tiempos parecen mostrar un templo incapaz de cobrar una décima parte de la producción nacional, pues el Imperio se llevaba toda la riqueza para Roma. Por ello aparece cierta evidencia de un impuesto al templo, que Jesús mismo es confrontado a pagar (Mateo 17:24–27). A Jesús no se le exige que diezme, sino que pague el impuesto.

Los únicos pasajes que dan testimonio de la práctica del diezmo en el Nuevo Testamento se presentan como ejemplos ingratos. Jesús aparece exhortando a los fariseos a ver más allá de los detalles y a reconocer la injusticia social que reinaba en ese entonces. Recordemos que los fariseos ponían la ley, y no a Dios, como el centro de su devoción; por ello su perspectiva carecía de una visión macrosocial de la justicia. Estos diezmaban de sus hierbas y hortalizas y se jactaban de ello, pero en su legalismo habían descuidado lo macrosocial (Mateo 23:23; Lucas 18:10–14). De esta manera, podríamos concluir que el Nuevo Testamento no proporciona evidencia alguna de la práctica del diezmo ni para los judíos ni para los cristianos judíos o gentiles de la época.

Ofrendas, pero no diezmos

Hay mucha evidencia de ofrendas, pero nada de diezmos. Por tanto, no existe algún mandato para diezmar en el Nuevo Testamento. No encontramos en el Nuevo Testamento instrucción u orden alguna para dar el diezmo a la congregación o iglesia. La razón por la cual no se indica en el Nuevo Testamento a que se diezme puede ser porque Dios espera que los cristianos den todo lo que tienen de manera voluntaria, en gratitud de corazón (1 Timoteo 6:18), para los que le sirven y no poseen bienes, y para los más necesitados.

El apóstol Pablo presenta los principios del dar en la segunda carta a los Corintios, en cuanto a una ofrenda dada con gozo que es enviada a una congregación en Jerusalén que estaba experimentando tiempos difíciles (2 Corintios 8:7–15; 9:6). Las ofrendas son práctica común en las iglesias cristianas primitivas, pero el diezmo no se menciona como práctica alguna.

Consideraciones para una contextualización actual

Una conclusión errónea y simplista sería decir que, como el diezmo según el Nuevo Testamento no es una práctica instituida, entonces debería eliminarse. Si Dios instauró dicha práctica para suplir las necesidades de los desposeídos de riqueza, como los pobres y los grupos religiosos que servían en el templo, ¿por qué no practicar el espíritu de dicha práctica hoy, en vez de su legalismo? Veamos qué podemos considerar hoy para contextualizar esta práctica en nuestras iglesias.

Primeramente, las iglesias evangélicas están experimentando un materialismo y un endeudamiento entre las generaciones más jóvenes. Hoy estos jóvenes profesionales dan menos y menos a sus iglesias, y no solo a iglesias sino también a organizaciones de caridad. Es de suma importancia ayudar a nuestras nuevas generaciones a generar una mayordomía más sana de sus recursos financieros y humanos. Si no les ayudamos a salir de sus deudas y a vivir de lo que ganan, la iglesia pronto empezará a sufrir las consecuencias.

Segundo, desde una perspectiva del Nuevo Testamento, el creyente no está bajo la ley de Moisés, sino bajo el espíritu de su ley. Decir que no se debe obligar a nadie a dar ofrendas o diezmos no es absolutamente cierto. Recordemos que toda persona en el Antiguo Testamento era llamada a ofrendar, pero no todos eran llamados a diezmar. ¿Qué tal si algunos desean contextualizar el diezmo como una práctica para hoy, algo que en la tradición evangélica ya se ha dado en los últimos 200 años? Veamos el caso de Abraham, quien no estaba bajo la ley de Moisés y diezmó a Melquisedec (figura tipo Cristo). Podríamos adaptar este caso y contextualizarlo como un buen ejemplo de sumisión y mayordomía hacia Cristo, pues el Señor nos ha bendecido y no damos para que nos bendiga más.

Tercero, tristemente hay que reconocer que usualmente las iglesias que más reciben diezmo son aquellas en las que se enseña a hacer trueque con Dios: “Siembre hoy y el Señor le prosperará más mañana”. Esta teología de la prosperidad es una herejía, pues enseña que Dios está obligado a bendecir a aquellos que le tuercen el brazo. Recordemos que Dios es soberano y puede bendecir a quien quiera, cuando quiera y como quiera, sin necesidad de intercambio de dinero u obras. Las bendiciones de Dios no son solo financieras, ni solo para los que dan con fines de obtener más lucro. La sumisión a la voluntad de Dios, y no la manipulación de las bendiciones de Dios, es lo que marca la diferencia para recibir y dar bendición.

Cuarto, enseñar a nuestra congregación a dar un diez por ciento podría convertirse en una terrible herejía. Dios es nuestro Señor y dueño de toda la creación. Nosotros, sus mayordomos, le debemos dar y consagrar a Dios el 100 % de lo que somos y producimos. Así, el 10 % podría simbolizar esa entrega, siempre y cuando el espíritu y el propósito de la ley del Antiguo Testamento se mantengan fieles. Es decir, si usted desea contextualizar la práctica del diezmo en su iglesia, considere los siguientes principios.

Si su iglesia diezma y parte de esos diezmos no se distribuyen hacia los más necesitados, tanto fuera como dentro de la congregación, su iglesia le está robando al Señor. Si los pastores de su iglesia tienen otras fuentes de ingreso y, en vez de recibir un salario, se llevan el diezmo como pago por sus servicios, sus pastores le están robando a Dios.

Si en su iglesia es el pastor y su familia los únicos que, a discreción, hacen uso del diezmo, tenga cuidado. Usted podría estar permitiendo abusos con el dinero del Señor. Toda iglesia debe presentarse como un libro abierto al mundo. Todo pastor y líder eclesial debe dar cuentas abiertas, en cualquier momento que se le pida, de la mayordomía que se le ha encargado. Siempre es sano tener a dos personas sin relación de parentesco entre sí ni con el pastor supervisando los fondos de la iglesia (entre ellos no debe haber ningún pastor ni ninguno de sus familiares).

Si su pastor dice que los diezmos son para él o ella, su pastor le está robando al Señor y al Estado al no pagar impuestos. En nuestra sociedad capitalista, todo pastor debe gozar de un salario, pagar impuestos y otros aportes de ley. Tal y como hemos visto, el diezmo no es para el pastor ni para los pastores solamente.

Si algún medio de difusión masiva, como canales de televisión, emisoras de radio o prensa escrita, solicita un diezmo, primicias u ofrenda a cambio de una bendición particular, están practicando una estafa. Una ofrenda o diezmo no se da para recibir. Se da porque hemos recibido, pero no con la intención de recibir más. Nadie puede asegurarle a nadie una bendición de Dios. Dios es soberano y, a su tiempo, dará buenas dádivas a los fieles de su pueblo.

Si en su iglesia le hacen, directa o indirectamente, sentir culpable si no diezma; si en su iglesia es obligatorio diezmar; o si constantemente se enseña que quienes no diezman le están robando a Dios y por tanto no reciben bendición financiera, su iglesia está practicando una estafa. El diezmo era una práctica obligatoria en el Antiguo Testamento, no así en el Nuevo Testamento. Si se desea contextualizar esta práctica, recordemos que en el Antiguo Testamento solo a quienes poseían los medios de producción (los ricos) se les solicitaba diezmar, aunque el ofrendar era para todos.

Si su iglesia ha contextualizado (o desea contextualizar) la práctica del diezmo sin considerar el espíritu y propósito de esta práctica de la ley en el Antiguo Testamento, su iglesia entonces no está diezmando. Su iglesia está haciendo algo que no debería llamarse diezmo y hasta podría estar estafando a su membresía, todo por ignorancia teológica.

Finalmente, recordemos que el diezmo, además de las múltiples ofrendas, se daba al templo para el cuidado de la infraestructura y su personal, que no poseía tierras ni herencias, y para los más necesitados (viuda, huérfano, extranjero, etc.). Si su iglesia local no cumple el rol de los antiguos templos en la distribución según los principios del diezmo, usted no está en la obligación de diezmar, y aún menos si usted no produce riqueza alguna.

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