Hoy recibo con tristeza la noticia de la muerte de Bryant L. Myers, pero también con profunda gratitud por su vida, su amistad intelectual con tantos de nosotros y el enorme legado que deja en World Vision y mucho más allá de nuestra organización.
Bryant fue uno de los grandes pensadores y practicantes cristianos del desarrollo. Fue vicepresidente de World Vision International y profesor del Fuller Theological Seminary. Pero, sobre todo, para quienes hemos trabajado durante años en el campo del desarrollo, fue uno de los principales sistematizadores del Desarrollo Transformador Sostenible (DTS). Nos ayudó a ponerle palabras, categorías teológicas y rigor académico a muchas de las convicciones que orientaban nuestra práctica.
Su aporte fue decisivo para comprender que la pobreza no puede reducirse a la carencia de bienes materiales. Bryant insistió en verla desde una perspectiva integral y relacional: relaciones quebrantadas con uno mismo, con los demás, con la comunidad, con la creación y con Dios; relaciones atravesadas, además, por injusticias y desequilibrios de poder.
De allí se desprendía una de sus convicciones más importantes: el verdadero desarrollo no consiste en que unos, supuestamente desarrollados, transformen a otros considerados necesitados de desarrollo. La transformación es mutua. Quienes acompañamos procesos comunitarios también necesitamos ser transformados.
Esa perspectiva quedó plasmada magistralmente en su libro Walking with the Poor, una obra que marcó la reflexión cristiana sobre el desarrollo en muchas partes del mundo. Para Bryant, acercarse y caminar junto a quienes sufren exclusión y pobreza era parte de nuestra manera de seguir a Cristo y reconocer la dignidad de quienes han sido creados a imagen de Dios.
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Tuve el privilegio de coordinar la edición en español de ese libro. Y recuerdo con especial cariño una conversación acerca de su título. La traducción más directa habría sido Caminar con los pobres. Le propuse que para nuestra edición latinoamericana lo llamáramos Fe, pobreza y desarrollo, como finalmente apareció.
Había detrás de aquella propuesta algo más que una cuestión editorial.
Caminar con los pobres podía sonar, en nuestro contexto, como si «los pobres» fueran un sector distante al que otros —los que tienen recursos, conocimientos o poder— deciden acercarse para acompañarlo. Pero América Latina nos había enseñado otra cosa: son también los pobres quienes caminan con los pobres. Las comunidades no son objetos de nuestra compasión ni simples destinatarias de nuestros programas. Tienen saberes, espiritualidades, capacidades, historias de resistencia y recursos propios. Muchas veces son ellas quienes nos enseñan a nosotros cómo caminar.
Creo que Bryant comprendía muy bien esa intuición. Su propuesta cuestionó el paternalismo del desarrollo y ayudó a comprender que las comunidades deben participar activamente en las decisiones que afectan su propia vida. Esa convicción continúa siendo central en el enfoque de desarrollo de World Vision.
También nos enseñó algo profundamente evangélico: el desarrollo cristiano no utiliza la ayuda como instrumento de evangelización. La transformación humana, la búsqueda de justicia y la restauración de relaciones son en sí mismas expresiones del Reino. Bryant decía que nuestro trabajo debía suscitar las preguntas para las cuales el Evangelio pudiera ser respuesta.
Hoy despedimos a un maestro.
Quienes hemos dedicado una parte importante de nuestra vida al trabajo de World Vision sabemos cuánto de nuestra manera de comprender la pobreza, el desarrollo, la transformación, la justicia, el poder y la misión cristiana lleva las huellas de Bryant Myers.
Los buenos maestros se van, pero algunas de sus ideas continúan caminando. Y las de Bryant seguirán caminando con nosotros.
Celebramos su vida. Agradecemos su pensamiento, su servicio y su testimonio. Y damos gracias a Dios por el privilegio de haber coincidido con él en este largo camino junto a las comunidades que sueñan y trabajan por una vida en plenitud.
Gracias, Bryant.
Tu legado permanece.

