“He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos”.
Santiago 5.4
El reverendo Martin Luther King, Jr. no fue asesinado en una marcha por la desegregación de los espacios públicos. Tampoco fue asesinado en una protesta por el acceso o el derecho al voto de la población negra. King fue asesinado apoyando la huelga de los trabajadores de la basura en la ciudad de Memphis, Tennessee. Dicha huelga tenía como fundamento el derecho de los trabajadores a su organización sindical y la necesidad de políticas de salud y seguridad en el empleo. A pesar de la negativa de su círculo íntimo a que participara activamente en esta huelga en medio de la campaña de reclutamiento para la Marcha de los Pobres en Washington, King optó por ser solidario con la clase trabajadora. Vio la huelga como:
“el punto de partida en el cual la primera fase del movimiento por la igualdad política y los derechos constitucionales seguiría como la fase dos de la igualdad económica”.
Yo tengo un sueño
Yo tengo un sueño reúne en una cuidada edición coleccionable el discurso que marcó un antes y un después en la historia de los derechos civiles. Pronunciado en 1963 frente al Lincoln Memorial, el texto de Martin Luther King Jr. articula con maestría tradición bíblica, documentos fundacionales de Estados Unidos y referencias literarias para sostener una visión ética de justicia e igualdad. Su fuerza no reside solo en la retórica, sino en la hondura moral que sigue interpelando a cada generación. Leerlo hoy confirma que este sueño no pertenece al pasado, sino a una tarea aún inconclusa.
King no fue extraño al movimiento obrero y sindical. En 1958 se pronunció en contra de las mal llamadas leyes del “derecho al trabajo”, cuya finalidad era debilitar la organización sindical. Promovió activamente un ingreso garantizado anual para toda persona. Apoyó el Presupuesto de la Libertad, cuyo propósito era dirigir los fondos de la guerra a fortalecer los servicios sociales a la población. Insistió en una Carta de Derechos de los Desventajados. Proclamó la necesidad imperiosa de una profunda redistribución de las riquezas. En diciembre de 1963, 24 horas después de haber regresado de Europa luego de recibir el Premio Nobel de la Paz, marchó junto a las mujeres negras en huelga en la compañía Scripto, en la ciudad de Atlanta.
La relación de King con el movimiento obrero y sindical empezó en diciembre de 1955, cuando se reunió con A. Philip Randolph, de la Brotherhood of Sleeping Car Porters, en busca de apoyo para el iniciado boicot a los autobuses en la ciudad de Montgomery. Esto lo llevó a establecer relaciones con diversas organizaciones sindicales y obreras, las cuales se convirtieron en importantes aliados del movimiento por los derechos civiles. Michael K. Honey nos dice, en la introducción a la colección de discursos de King a organizaciones obreras y sindicales All Labor Has Dignity (Todo Trabajo Tiene Dignidad), que:
“la relación de King con las uniones de izquierda lo ayudó a desarrollar un experimento de solidaridad entre los sindicatos y los derechos civiles que duró hasta su muerte”.
En septiembre de 1962, un año antes de la Marcha a Washington, ante el Distrito 65 de la Retail, Wholesale and Department Store Union, en la ciudad de Nueva York, unión compuesta casi en su totalidad por trabajadores/as negros/as y puertorriqueños/as, presentó un primer esbozo de uno de sus más importantes discursos, donde señala la interseccionalidad del racismo, el militarismo y la pobreza, no solo en la sociedad estadounidense, sino en el mundo. Este discurso, que es conocido como “Los Tres Males de la Sociedad”, es importante porque será la línea política y teológica que definirá el pensamiento de King hasta su asesinato: que la guerra, la injusticia económica y la injusticia racial son los tres males interrelacionados de la sociedad capitalista.
Un elemento importante que señalar en este discurso es su afirmación de que:
“nos hemos dado cuenta de que, si queremos ser libres, nosotros debemos hacer algo para eso”.
El descontento ante nuestra realidad de explotación y empobrecimiento debe llevarnos a la acción y al reconocimiento de que somos nosotros y nosotras los artífices de nuestra libertad. Ni el Estado ni el gobierno son capaces de transformar nuestra sociedad para el beneficio de las mayorías. Somos nosotros y nosotras, de forma organizada; ONG, comunidades, sector religioso, sindical, femenino, de diversidad de género, etnia y cultural, de derechos humanos, en unidad, quienes iniciaremos las profundas transformaciones que son necesarias para una vida plena y abundante.
Es importante señalar que la famosa Marcha a Washington de agosto de 1963 llevaba como título “La Marcha por la Libertad y el Trabajo”. El movimiento de derechos civiles estaba muy claro sobre la relación que existía entre las políticas segregacionistas y racistas y el empobrecimiento de la comunidad negra y de otras minorías étnicas. No es suficiente luchar por la igualdad legal o constitucional de la diversidad existente en nuestra sociedad. Es fundamental exigir la igualdad y la seguridad económica.
En marzo de 1968, el Dr. King envió un telegrama al líder de los trabajadores agrícolas en ayuno, César Chávez, donde le dijo:
“Como hermanos en la lucha por la igualdad, tiendo mi mano en señal de hermandad y buena voluntad y deseo éxito continuo a usted y sus miembros… Usted y sus valientes compañeros han demostrado su compromiso para restaurar los opresivos errores causados sobre la gente explotada. Nosotros estamos junto a ustedes en espíritu y en determinación de que nuestros sueños por un mejor mañana serán realizados”.
La solidaridad de la lucha por una sociedad donde quepamos todos y todas tiene que superar las diferencias étnicas, idiomáticas, nacionales y culturales, pero sobre todo las diferencias de la división social del trabajo.
King tenía una visión muy clara sobre el futuro del trabajo cuando, en 1961, señaló lo siguiente:
“Hoy en día, el mundo laboral se enfrenta a una grave crisis, quizás la más calamitosa desde que surgió de la miseria y la inseguridad. En los próximos diez o veinte años, la automatización reducirá los empleos a polvo al producir volúmenes de producción ingentes… pero también puede generar una gran riqueza para algunas personas o una gran pobreza para millones, ya que sus máquinas, con apariencia humana, generan desechos humanos junto con desechos mecánicos como subproducto de la producción”.
Su capacidad de discernir el futuro le permitió ver lo que hoy experimentamos: un mundo donde la tecnología no solo ha dominado el mundo del trabajo, sino el mundo de las comunicaciones y la educación, creando de esta manera un mundo donde la tecnología ha permitido a unos pocos y pocas acumular gran cantidad de riqueza, pero ha condenado a millones de personas al empobrecimiento y a la destrucción de la naturaleza.
Señalo, brevemente, algunas ideas de King que creo siguen siendo vigentes para nosotros y nosotras hoy. Primero. King reconoce que ante la crisis del capitalismo el movimiento obrero fue:
“la respuesta inspiradora a esta intolerable y deshumanizada existencia”.
Nunca debe olvidarse la historia de la contribución de la lucha obrera y sindical al mejoramiento de las condiciones de vida, no solo para la clase trabajadora, sino también para la sociedad en general. Lucha en la cual las mujeres han jugado un rol protagónico y esencial.
Segundo. King señala que:
“… nosotros sabemos que si no hay una organización simultánea de nuestras fuerzas, no tendremos los medios para movernos hacia adelante”.
Una de las propuestas más importantes de King, y una de las mayores amenazas al sistema capitalista en su tiempo y en el presente, era su insistencia en crear un movimiento social y político que estuviera por encima de las diferencias raciales y culturales. Insistía en un movimiento amplio y diverso como la fuente de transformación de la sociedad. En este momento crucial en el que vivimos no podemos darnos el lujo de seguir con nuestro tribalismo y nuestros sectarismos. Si nuestro compromiso es mejorar las condiciones materiales y espirituales de la clase trabajadora y del pueblo, es necesaria y urgente una unidad de principios en medio de la diversidad de métodos. Dentro del movimiento obrero y sindical, al igual que en los movimientos de transformación social, debe superarse la diferencia entre sector privado, público o semipúblico. Todos y todas somos trabajadores y trabajadoras, y somos explotados y somos oprimidas por un sistema que busca el lucro y la acumulación.
Sobre esta unidad, King va más allá y nos invita a crear una amplia coalición si deseamos alcanzar nuestras metas.
“Si una coalición de conciencias entre las fuerzas laborales, la iglesia, la comunidad académica y el movimiento de derechos civiles no surge para hacer estas situaciones inescapablemente claras y demandar soluciones, entonces tengo temor de que la hostilidad y la violencia producirán una crisis de proporciones nacionales”.
Hoy se hace más que necesaria esta amplia coalición. Coalición que esté consciente de la interseccionalidad de nuestra lucha y con el entendimiento de King de que, si uno o una cae, el otro o la otra también cae. Esta lucha no es de un sector o un grupo particular. La unidad de los opresores y opresoras es clara. La vemos y experimentamos todos los días en nuestras ciudades y países: la unidad del sector tecnocrático, del sector empresarial, del sector financiero, del sector industrial. Contra esa unidad de opresión y explotación, discrimen y exclusión, tiene y debe existir una unidad que luche desde distintos frentes por la creación de una nueva sociedad. Una sociedad basada en los valores de la igualdad, la justicia, la solidaridad, la inclusión. Donde quepamos todos, todas y todes.
Tercero. King afirma que:
“… los sindicatos tendrán que intervenir en la vida política de la nación para marcar el curso que distribuye la abundancia para todos en vez de la concentración para unos pocos”.
King estaba claro del potencial político de la clase trabajadora a través de su organización. Son las uniones y los sindicatos, junto a las organizaciones comunitarias, quienes deben señalar el curso en la construcción de una sociedad basada en la justicia y la solidaridad. El movimiento obrero y sindical debe superar su concepción “tallerista” y moverse a una participación política activa amplia. Esta lucha debe llevarse a todo rincón del país. Luchar contra la privatización de nuestras costas y playas. Luchar contra la privatización de nuestra educación pública y nuestra Universidad. Luchar contra la privatización de los servicios esenciales de apoyo al pueblo. Luchar por los derechos a la salud reproductiva. Los derechos por la igualdad de la diversidad de género. Luchar contra la privatización de los medios de transporte. Luchar por un sistema de salud accesible, eficaz, eficiente.
Es fundamental que hoy, no mañana, las instituciones religiosas, más allá de la diversidad y de las diferencias existentes en lo teológico, doctrinal o práctico, creen un frente ecuménico y plurirreligioso para apoyar las luchas del movimiento obrero y sindical y las luchas comunitarias en nuestra nación.
Concluyo con dos iluminadoras frases del pastor King para nuestro tiempo:
“Nuestra lucha es por la igualdad genuina, lo cual significa igualdad económica… Nosotros podemos obtener mucho más juntos que divididos… y este es el camino en el que ganamos poder”.
La unidad de propósito en medio de nuestra diversidad nos permitirá ir ganando el poder necesario para ir transformando las estructuras de opresión y explotación.
Y
“… saben que cuando hacemos las cosas juntos no nos pueden destruir… déjenme asegurarles que nos levantamos juntos o nos hundimos juntos”.
Estas son palabras que deben resonar claras y fuertes: solo la unidad de los oprimidos, excluidas, explotados y marginadas nos permitirá obtener victorias que nos acerquen a nuestra meta. Sin esta unidad estamos destinados al fracaso y a la irrelevancia.



Un comentario
Muy atinadas ideas