En toda América Latina y el Caribe, desde las llanuras del Cono Sur hasta las islas del Caribe, las iglesias cristianas evangélicas comparten un denominador común: si las mujeres dejaran de asistir hoy, el 70 % de las congregaciones colapsarían mañana. Sin embargo, a pesar de ser la columna vertebral de la fe regional, el acceso a la toma de decisiones sigue siendo una “frontera prohibida” en gran parte del continente.

Texts of Terror
Texts of Terror, de Phyllis Trible, relee cuatro relatos bíblicos marcados por la violencia contra mujeres: Agar, Tamar, la concubina sin nombre y la hija de Jefté. Desde una mirada literaria y feminista, la autora expone el dolor y el silencio presentes en estas historias olvidadas. Su lectura devuelve a estos textos su fuerza trágica y desafía la manera en que han sido interpretados dentro de la tradición religiosa.
América Latina es la región con mayor desigualdad en el uso del tiempo a nivel global. Según datos de la CEPAL (2025), las mujeres latinoamericanas dedican el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado.
En el contexto eclesiástico, esto se traduce en una “triple jornada”:
- Laboral: El trabajo para el sustento económico.
- Doméstica: El cuidado de hijos y hogar.
- Eclesiástica: La gestión logística de la iglesia (escuelas dominicales, misiones, alimentación y limpieza).
Estudios realizados en países como Brasil, Colombia y República Dominicana muestran que las mujeres sostienen la infraestructura operativa de las iglesias, pero este esfuerzo a menudo se invisibiliza bajo la etiqueta de “virtud femenina”, privándolas de espacios de descanso y formación teológica de alto nivel.
A diferencia de las iglesias del norte global, en ALC el liderazgo femenino enfrenta barreras culturales propias del «machismo eclesiástico».
- Representación en cifras: Aunque las mujeres representan el 65–68 % de las congregaciones, solo el 12 % ocupa cargos de presidencia en concilios nacionales o juntas directivas regionales.
- La brecha educativa: Si bien hay una explosión de mujeres matriculadas en seminarios, la mayoría se concentra en áreas de “servicio y consejería”, mientras que las cátedras de teología sistemática y administración eclesiástica —las llaves del poder institucional— siguen siendo predominantemente masculinas.
El crecimiento del evangelismo en América Latina en la última década ha sido liderado por mujeres en las bases. No obstante, para que la iglesia siga siendo relevante en una sociedad que avanza hacia la paridad, el liderazgo debe reflexionar: ¿es bíblico sostener una estructura donde el 70 % de la fuerza laboral eclesiástica no tiene voz en el presupuesto o la doctrina?
La justicia de género en nuestras iglesias no es una importación ideológica; es una deuda con los millones de mujeres latinoamericanas que, con sus manos y su tiempo, han construido la fe de este continente.

