Una lectura de Miqueas 6:8 para nuestro tiempo
¡Él te ha mostrado, oh mortal, lo que es bueno!
¿y qué es lo espera de ti el Señor?
Practicar la justicia, amar la misericordia
y caminar humildemente ante tu Dios.”
(Miqueas 6:8)

Dios en este trabajo de justicia
Dios en este trabajo de justicia es un devocionario de Cuaresma que entrelaza Escritura, memoria histórica y compromiso público, mostrando que la espiritualidad cristiana no puede separarse de la justicia. A través de reflexiones bíblicas, testimonios proféticos y preguntas de discernimiento, invita a una fe que sirve, resiste y se organiza. No ofrece consuelo superficial, sino una práctica diaria de seguimiento a Jesús en medio de las tensiones reales de nuestro tiempo.
Hay textos bíblicos que se repiten tanto que corren el riesgo de vaciarse. Miqueas 6:8 es uno de ellos. Se imprime en pancartas, se cita en conferencias, se coloca en biografías institucionales. Pero el profeta no estaba ofreciendo un eslogan. Estaba pronunciando un veredicto.
El capítulo 6 de Miqueas es una escena judicial. Dios convoca a su pueblo a un litigio. No se trata de una disputa abstracta. Es una confrontación ética. El pueblo ha mantenido ritos, sacrificios y celebraciones, pero ha descuidado la justicia. La pregunta no es si han adorado, sino si han vivido conforme al carácter de Dios.
En ese contexto, la respuesta divina no es complicada. No es técnica. No es inaccesible. Es concreta.
Hacer justicia.
Amar la misericordia.
Caminar humildemente con Dios.
Esta Cuaresma, el devocional Dios en este Trabajo de Justicia nos invita a volver a estos tres verbos no como consigna, sino como práctica espiritual y pública. Antes de recorrer los cuarenta días, necesitamos entender lo que significan.
Practicar justicia: más que buena intención
La palabra hebrea que se traduce como “justicia” es mishpat. No alude únicamente a la imparcialidad judicial. Implica restauración del orden comunitario, defensa del vulnerable, corrección de estructuras torcidas.
En la tradición profética, hacer justicia no es una postura emocional. Es intervenir donde el poder se ha desviado. Es revisar cómo funcionan nuestras comunidades, iglesias e instituciones.
En América Latina, la palabra justicia tiene peso. No es un concepto teórico. Está ligada a la memoria histórica, la desigualdad económica, la violencia, el racismo estructural y la exclusión. Cuando Miqueas habla de justicia, no está pensando en algo etéreo. Está hablando de relaciones concretas.
La Cuaresma, entonces, no puede reducirse a disciplina interior. Si ayunamos, pero no revisamos cómo participamos —consciente o inconscientemente— en sistemas injustos, hemos malentendido el texto.
Hacer justicia es preguntarnos:
¿Quién queda fuera?
¿Quién paga el costo de nuestra comodidad?
¿Dónde necesitamos corregir el rumbo?
Amar la misericordia: el corazón que sostiene la justicia
El segundo verbo es “amar la misericordia”. Aquí aparece la palabra hebrea hesed, una de las más ricas del Antiguo Testamento. No es simple compasión. Es fidelidad leal. Es amor comprometido que no abandona.
La justicia sin misericordia se vuelve fría.
La misericordia sin justicia se vuelve superficial.
El profeta no separa ambas. Amar la misericordia implica cultivar una disposición interior que sostiene la acción justa. No basta con actuar correctamente. Es necesario desear el bien del otro.
En contextos polarizados —también en nuestras iglesias— este llamado es urgente. La misericordia nos impide convertir la justicia en arma. Nos recuerda que las personas no son caricaturas ideológicas.
Durante estos cuarenta días, el devocional propone no solo reflexionar sobre estructuras injustas, sino examinar el tono de nuestro corazón.
Caminar humildemente: el discipulado como proceso
El tercer verbo es quizá el más exigente: caminar humildemente ante Dios.
No dice “pensar correctamente”.
No dice “declarar públicamente”.
Dice caminar.
La fe bíblica es dinámica. Se construye en el trayecto. Y la humildad es el antídoto contra el orgullo moral que suele acompañar los discursos de justicia.
Caminar humildemente significa reconocer que también necesitamos corrección. Que nuestra comprensión es parcial. Que la justicia no nos pertenece como propiedad moral.
En la práctica, esto implica escuchar. Escuchar voces que no siempre han sido escuchadas. Escuchar a quienes han sufrido. Escuchar incluso cuando eso pone en tensión nuestras certezas.
Cuaresma como espacio de revisión
Históricamente, la Cuaresma ha sido tiempo de examen, arrepentimiento y reorientación. Pero ese examen no es exclusivamente privado. Los profetas nunca limitaron la conversión al ámbito interior.
Isaías 58 lo deja claro: el ayuno que Dios quiere tiene consecuencias sociales.
El devocional Dios en este Trabajo de Justicia nos ofrece un itinerario para recorrer esta dimensión pública de la fe. No se trata de repetir frases, sino de entrenar la mirada.
Mirar la realidad.
Mirar nuestras prácticas.
Mirar nuestras comunidades.
Y preguntarnos si nuestros rituales coinciden con el carácter del Dios que decimos seguir.
Una pregunta que nos acompañará cuarenta días
Quizá la mejor manera de iniciar esta Cuaresma no sea con una afirmación, sino con una pregunta:
¿Qué significa hacer justicia hoy?
No ayer.
No en teoría.
Hoy.
En nuestro país.
En nuestra iglesia.
En nuestras decisiones económicas.
En nuestro lenguaje.
En nuestras relaciones.
Este primer domingo no agota la respuesta. Solo abre el camino.
Si deseas recorrerlo con mayor profundidad, puedes descargar el devocional completo Dios en este Trabajo de Justicia, que acompañará estos cuarenta días con reflexiones diarias, memoria histórica y llamados concretos a la acción.
Porque la justicia, en la tradición bíblica, no es un concepto.
Es una forma de caminar.

