Hacia una definición de espiritualidad cristiana | Por Víctor Rey

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La espiritualidad cristiana puede identificarse como el proceso del seguimiento de Jesucristo bajo el impulso del Espíritu, y en el contexto de la comunidad cristiana.

La espiritualidad cristiana involucra todos los aspectos de la vida.  Para comprender la espiritualidad es necesario superar esa dicotomía que nos divide en dos segmentos: la parte espiritual, interior y ultramundana y la parte material, exterior y mundana.  Los términos bíblicos “carne” y “espíritu” no se refieren a dos dimensiones de nuestra vida, una exterior y otra interior, sino a dos maneras de vivir, dos orientaciones, dos estilos de vida.  Ser espiritual es vivir todo aspecto de la vida inspirado y
orientado por el Espíritu del Cristo vivo.  Y ser carnal es orientarse por otro espíritu.   La espiritualidad bíblica no consiste de una vida contemplativa, en lugar de ser activa, ni de retiro, en contraste con una participación en la sociedad.  Es participar en todas las dimensiones de la vida orientado y energizado por el Espíritu de Jesús.

En el sentido en que la espiritualidad cristiana consiste del seguimiento del Jesús histórico bajo el impulso del Espíritu por él otorgado, existe una sola espiritualidad cristiana.  Por otra parte, en el sentido en que los cristianos le seguimos a este Jesús en nuestros contextos históricos particulares, puede haber diversas “espiritualidades cristianas”.  Estas diferencias radican en las modalidades históricas de seguirle a Jesús.

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Así que una determinada espiritualidad no es otra cosa que una modalidad de vivir la fe cristiana.  Y esta varía de acuerdo con la cultura, la época histórica y la situación social.  Y aunque tengamos que reconocer diferencias evidentes en las varias expresiones de espiritualidad, esto no quiere decir que todas las espiritualidades sean igualmente auténticas.

Características de la espiritualidad cristiana

Las siguientes características que se desprenden de descripciones del Nuevo Testamento de espiritualidad ofrecen pautas para evaluar la autenticidad de una espiritualidad particular.

1.-  Una espiritualidad bíblica se basa en la promesa divina.  El Dios de la Biblia es el que promete la salvación a su pueblo, liberándolo de los poderes del mal.  Nuestro seguimiento de Jesús es siempre un anticipo del reino de Dios que viene.

2.-  Esta espiritualidad también se expresa en la esperanza.  Consiste en creer en aquello que parece ser imposible; la reconciliación de los seres humanos entre sí y con Dios en una familia caracterizada por la paz y la justicia.  Por eso el gozo es característica fundamental de la comunidad cristiana que confía más en el poder de Dios que en sus propias posibilidades.

3.-  Una espiritualidad cristiana implica solidaridad en el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús.  De la misma forma en que Jesús vivió y murió, así también la salvación de los opresores vendrá mediante el sufrimiento de los oprimidos.

4.-  Según la Biblia, la finalidad de la obra salvífica de Cristo es la restauración de la comunión entre la humanidad alienada y Dios.  La restauración de relaciones fraternales en las familias de Dios requiere la transformación de hombres y mujeres egoístas en hermanos y hermanas caracterizados por el amor.  Esta comunión se experimenta donde los bienes se comparten para el bienestar común y donde la autoridad se expresa en el servicio mutuo.

5.-  El amor caracteriza una espiritualidad auténticamente cristiana.  No sólo es cuestión de “no hacer mal al prójimo”, sino de buscar su bien.  Amar como Dios nos ha amado en Cristo implica ofrecer la vida por el hermano en formas concretas.  En el fondo es amar como Dios ama.  Es estar dispuesto a jugarse la vida por el prójimo, bien sea en un acto heroico y desprendido, o en el largo proceso de ir poniendo la vida poco a poco por él en las relaciones rutinarias del diario vivir.

6.-  La pobreza de espíritu es fundamental para toda espiritualidad cristiana.  Vivir en una dependencia radical de la providencia de Dios corta en su raíz todas esas actitudes y prácticas materialistas idolátricas.

7.-  Vivir los valores del reino de Dios en medio del mundo será motivo de solidaridad en el dolor, implicará una profunda simpatía por los que sufren.

8.-  La mansedumbre está íntimamente relacionada con la pobreza de espíritu.  Incluye la capacidad y la fortaleza para aguantar frente al mal sin ceder a sus reclamos.  Es renunciar a la violencia en la lucha por la justicia.  Lejos de ser una estrategia ineficaz, es realmente la estrategia de la cruz, encarnada en forma única por Jesús.

9.-  La justicia Bíblica implica relaciones sanas con Dios y entre los seres humanos en el contexto del pueblo que depende de la actividad salvífica de Dios, tanto para su convivencia como para su supervivencia.

10.-  La espiritualidad  cristiana se caracteriza por el énfasis en la Paz.  Los que trabajan por la paz son hijos de Dios, muy especialmente en el sentido en que se asemejan a su Padre en su forma de actuar.  El Dios de la Biblia es el que no se cansa  en sus esfuerzos para restaurar las condiciones de  SHALOM en su creación estropeada por el mal.

Sobre el autor:
Víctor Rey es chileno, radicado en Ecuador. Coordinador de Relaciones Inter institucionales de la Fundación Nueva Vida en Quito. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.



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