¿Quién secuestró a Bonhoeffer? A propósito de la biografía de Eric Metaxas | Por Manfred Svensson

Recientemente se ha publicado en español la biografía de Bonhoeffer escrita por Eric Metaxas, “Bonhoeffer: Pastor, Mártir, Profeta, Espía”, libro cuya edición en inglés fue nombrado como el libro del año 2011 por parte de la asociación de editoriales evangélicas (ECPA), entre varios otros reconocimientos. Tales reconocimientos por supuesto conducen a renovada discusión no sólo sobre Bonhoeffer, sino en particular sobre el modo en que ha sido presentado por Metaxas. En concreto, un buen número de prestigiosos académicos ha puesto en duda la objetividad de esta biografía, alegando que Metaxas ha presentado un Bonhoeffer demasiado evangélico, domesticado para un público conservador, alejado de cualquier cosa que pueda ser remotamente calificada como liberalismo teológico o político. Clifford Green, uno de los editores de la edición inglesa de obras completas de Bonhoeffer, ha sugerido que un título más adecuado para esta biografía habría sido “Bonhoeffer secuestrado”. Y la cuestión ciertamente merece ser discutida, porque hay consenso en que ha sido secuestrado. ¿Por quién?

Mi primer recuerdo personal respecto de Bonhoeffer se corresponde muy bien con la imagen popular que espero el libro de Metaxas contribuya a erradicar: iba en la locomoción pública con un conocido que dirigía un grupo de jóvenes en una iglesia, cuando éste me dijo que se estaba dando cuenta de que no había que dedicarse tanto a la teología, sino más bien a la praxis; según aclaró, había aprendido eso leyendo recientemente teología de la liberación y a Bonhoeffer. Creo que fue la primera vez que escuché el nombre de este teólogo alemán. Y naturalmente no me causó mayor interés por leerlo. Pero al mismo tiempo me fui dando cuenta de que Bonhoeffer estaba en la dieta literaria de amigos bastante cuerdos, de modo que al poco tiempo empecé a leerlo. El tiempo pasado en Alemania agudizó además mi preocupación por el período en que le tocó vivir, y mientras más lo leía, más increíble me parecía la distancia entre la obra de Bonhoeffer y la imagen popular de “teólogo de la democracia liberal” o “Che Guevara luterano”. Mi sorpresa terminó convirtiéndose en un libro.

Pero en el proceso naturalmente me asaltaron algunas dudas, porque me fui dando cuenta de que la “imagen popular” que yo pretendía criticar no era meramente “popular”, sino que gozaba de amplia respetabilidad académica. O por decirlo de otro modo, había todo un “Bonhoeffer establishment” perpetuando esta imagen. Había excepciones, que lo intentaban presentar como un evangélico conservador. Hay, por ejemplo, un libro de Georg Huntemann, titulado “Dietrich Bonhoeffer, an Evangelical Reassessment”. Pero es un libro bastante patético, y estar de acuerdo con él no habría sido un punto muy reconfortante - era una obra que permitía al establishment darse un festín que los confirmaba en sus convicciones. Pero el libro de Metaxas es distinto, y eso es lo que les debe resultar exasperante.

¿Tiene deficiencias? ¿Es en algún punto unilateral? Creo que se puede conceder que sí. Cuando Bonhoeffer estuvo en Estados Unidos, criticó muy duramente el liberalismo reinante, pero para el otro lado del espectro también reservaba palabras firmes. Sobre los adversarios del liberalismo escribe que “entre ellos en verdad sí hay algo de protestantismo reformado, pero burdamente deformado [...]. Porque también la forma de pensar de los fundamentalistas está marcada de modo determinante por el individualismo”. Creo correcto reconocer que ese tipo de afirmaciones no se encuentran presentes de modo suficiente en el libro de Metaxas. Pero sinceramente no creo que el resto de las críticas a la obra sean igualmente atendibles. Es una biografía popular. Entre los críticos de esta biografía se afirma con alguna frecuencia que Metaxas ha presentado un Bonhoeffer mucho más simple que el real. Todas las complejidades de su teología parecerían desaparecer. Supongo que Metaxas estaría de acuerdo, y que nunca pretendió lo contrario. Después de todo, el título de esta biografía es revelador respecto de dónde cae el énfasis. El primer gran biógrafo de Bonhoeffer, Bethge, tituló su biografía “Bonhoeffer: teólogo, cristiano, hombre actual”; Metaxas excluye del título de su biografía la palabra teólogo. Y como bien ha indicado Jordan Ballor, gran parte de las críticas que se ha dirigido contra esta obra son simplemente el tipo de críticas que un académico acostumbra hacer contra una obra de difusión popular –especialmente cuando se trata de un académico herido en su orgullo por no haber sido citado una cantidad suficiente de veces.

Con todo, aquí no pretendo ni una reseña ni una defensa del libro de Metaxas, cuya lectura recomiendo vivamente. Sí quiero dirigir la mirada hacia el otro lado del espectro, hacia el mundo del que vienen estas críticas, y el tipo de mutilación que ha sufrido Bonhoeffer ahí. Me limito a continuación a tres ejemplos elocuentes de tergiversación.

a) La última palabra de Bonhoeffer

Bonhoeffer fue un hombre con significativa evolución intelectual, y así es natural que nos preguntemos cuál fue su última palabra, cómo pensaba en sus últimos meses en la cárcel. La respuesta estándar se suele obtener leyendo sus cartas desde la prisión, publicadas como “Resistencia y Sumisión”. Ahí, por supuesto, es donde se encuentra las clásicas frases sobre “teología para un mundo mayor de edad”, “cristianismo sin religión”, etc. Desde su publicación casi no ha habido límite al abuso de las mismas. Pero no es en eso que me quiero detener aquí, sino en el hecho de que simultáneamente Bonhoeffer escribió algo más. En la cárcel, en efecto, escribió una novela, una novela de ideas que no ha estado ni remotamente cerca de recibir la difusión que han recibido estas cartas. Y esto no porque no sea interesante, sino por un hecho mucho más significativo: su publicación fue intencionalmente retrasada por varias décadas. ¿Por qué? Por temor a que diera una impresión “equivocada” de Bonhoeffer. En 1981, cuando finalmente fue publicada, Bethge citó las palabras del crítico literario Walter Killy, quien le había desaconsejado publicar la novela: “¿No nos muestra un Bonhoeffer más burgués de lo que realmente era?” Y al finalmente publicar los textos, los editores se apuran en informarnos que estos intentos literarios estaban obsoletos ya en el momento en que Bonhoeffer los escribía: “Estos escritos parecen contradecir la corriente de los tiempos, mostrando un Bonhoeffer al que el mismo Bonhoeffer ya había superado, tanto en su teología como en sus acciones”, escribe Bethge. Retrasar 35 años la publicación de un texto cuando uno ha dedicado la vida a dar a conocer los otros textos del autor, y además al finalmente publicarlo intentar convencernos de que el texto en realidad no merece ser leído… No sé si “secuestro” es la expresión adecuada, pero ciertamente es más adecuada para describir esto que para describir la biografía de Metaxas.

b) Bonhoeffer y la Biblia

Paso a otro punto. Se puede discutir bastante sobre la medida en que Bonhoeffer represente o no una ortodoxia cristiana clásica, una posición liberal, una posición barthiana, etc. Él mismo nos da abundantes testimonios en diverso sentido: a veces afirma que se entiende como un teólogo moderno, a veces enfatiza la fidelidad a los documentos confesionales, otras veces predomina un tono de piedad centrada en la autoridad de la Biblia. Desde luego es difícil hacer justicia a todo ese complejo conjunto de posiciones. Pero no sólo se puede errar en la dirección de volverlo más “evangélico” de lo que es. Si de omisiones se trata, hay un elocuente ejemplo en el reciente Dictionary for Theological Interpretation of the Bible, editado por Kevin Vanhoozer. La entrada sobre Bonhoeffer está a cargo de John W. de Gruchy, un nombre prominente en el circuito bonhoefferiano (editó el Cambridge Companion to Bonhoeffer). Para un artículo de diccionario es algo medianamente equilibrado. Pero no hay referencia alguna a un texto de Bonhoeffer sobre la “actualización de textos neotestamentarios”, texto que echa por tierra cualquier intento por leer a Bonhoeffer en una dirección contextualista. Se trata de una conferencia de 1935, con párrafos como éste:

“La cuestión de volver contemporáneo el mensaje del Nuevo Testamento puede significar dos cosas. O bien se quiere decir que el mensaje cristiano tiene que justificarse ante el mundo contemporáneo, y que en ese sentido tiene que mostrarse capaz de una actualización, o bien se quiere decir que el mundo contemporáneo tiene que justificarse ante el mensaje bíblico, y que para eso este mensaje tiene que volverse actual. Aquellos que nos plantean hoy esta pregunta por la con tan insólita urgencia, como la principal tarea de la teología, siempre están hablando en el primero de estos dos sentidos”. Algo más adelante, Bonhoeffer se opone frontalmente a la idea de que corresponde al intérprete distinguir “palabras humanas” y “palabras divinas” dentro del texto: “Más o menos del siguiente modo: la teología de Pablo es palabra humana, lo que llaman religión de Jesús es palabra divina; las doctrinas del pecado y de la justificación están condicionadas por su época, pero la lucha por lo bueno y puro es eterna; la enseñanza ética de Jesús es eterna, pero las historias de milagros están condicionadas por su tiempo; o bien: el luchador Jesús y su muerte son expresión de la eterna lucha de la luz contra la oscuridad, pero el Jesús sufriente e impotente no nos atañe; o bien: la doctrina de la gracia es eterna, pero los mandatos del sermón del monte ya no valen para nosotros”. Por supuesto puede ser difícil ver cómo es que esto se relaciona con otros aspectos del pensamiento de Bonhoeffer; pero ambos lados de la moneda existen.

c) ¿Precursor de la teología de la liberación?

En la cárcel Bonhoeffer escribió que “permanecerá para siempre como una experiencia de valor incomparable el hecho de que hayamos aprendido a ver los hechos de la historia mundial desde abajo, desde la perspectiva de los excluidos, los marginados, los maltratados, los sin poder, los oprimidos, los sometidos a burla, en suma, desde la perspectiva de los sufrientes”. Y ciertamente fue una experiencia de valor incomparable, por lo que debemos tomar en serio sus últimos escritos teológicos, aunque tengan un carácter fragmentario. Debemos tomarlos tan en serio como para leerlos de corrido. Eso es lo que no hizo Gustavo Gutiérrez, quien en 1983 intentó presentar a Bonhoeffer como un precursor de la teología de la liberación. A este efecto cita exactamente las palabras que acabo de citar. Pero omite la línea siguiente, donde Bonhoeffer escribe que “todo depende ahora de que esta perspectiva desde abajo no se convierta en una toma de partido por los eternamente inconformes, sino que seamos justos para con la vida en todas sus dimensiones, y así la afirmemos, desde una conformidad superior, fundada más allá del arriba y del abajo”.

Se podría continuar por horas citando este tipo de ejemplos, pero acabo con dicho ejemplo de Gutiérrez, más cercano al tipo de tergiversación que nos ha tocado conocer en este continente. Si la pregunta es quién está mostrando un Bonhoeffer mutilado, quién ha “secuestrado” a Bonhoeffer para volverlo digerible para cierta sensibilidad, entonces creo que la respuesta es clara. En su reseña del libro de Metaxas, Clifford Green afirma que en este libro sólo se estaría atacando a “un par de escritores que cometieron algunos errores unos 40 años atrás, pero que han tenido poca o ninguna influencia sobre la teología y la iglesia”. Creo que los ejemplos citados son elocuentes respecto de cómo, por el contrario, se trata de una práctica constante de manipulación de su obra, no menos grosera por venir de gente con credenciales académicas. Por supuesto puede ocurrir que en el esfuerzo por ir corrigiendo estos errores uno acabe siendo unilateral en alguna otra dirección, y creo que francamente la obra de Metaxas también tiene puntos que pueden ser mejorados, que también una biografía popular puede a veces introducir más matices y complejidades. Pero ciertamente creo que se puede con toda confianza seguir recomendándola como una buena introducción al hombre y a los tiempos, y como una largamente esperada corrección a un muchas veces irreconocible Bonhoeffer.

Sobre el autor:
Manfred Svensson es chileno, Doctor en Filosofía por la Universidad de München, profesor de Filosofía Medieval en la Universidad de los Andes. Se dedica sobre todo a los "límites" de la filosofía medieval, su comienzo en Agustín, su fin en el siglo XVI o XVII, donde le interesan autores como Melanchthon, y Locke en el siglo siguiente -en pocas palabras: todo el problema de continuidad y descontinuidad entre mundo medieval-Reforma-modernidad. Fuera de la Universidad se dedica sobre todo a escribir trabajos de difusión y formación general para las iglesias evangélicas.
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