RESTAVEKS: Moderno sistema de esclavitud | Por Alexander Cabezas


El “restavek” en Haití, es lo que se podría llamar un moderno sistema de esclavitud. Es un término en lengua creole que en español se traduce “estar con…” o “quedarse con…”. Precisamente lo que ocurre cuando un padre o madre se ve ante una situación precaria es que termina ofreciendo a otra familia o persona adulta, a sus hijos o hijas para que éstas “estén o se queden con alguien” que les podría dar una mejor condición de vida.

El “restavek” era una opción común, por la que optaban miles de familias haitianas antes del terremoto, y según dicen las proyecciones, es una situación que aumentará, a raíz del inesperado desastre. La Iglesia está llamada a hacer

¿Por qué el “restavek” es una opción común para miles de padres? Porque en medio de la desesperación y miseria en la que viven, suponen que con la nueva familia, sus hijos tienen una alternativa que les garantiza un techo, alimento, cuidado, protección y educación.

No obstante, y en la mayoría de las ocasiones, dichas promesas no se cumplen y más bien los niños y las niñas son expuestos a extenuantes jornadas laborales, a un trato humillante y situaciones de violencia y agresiones físicas y sexuales, por parte de sus empleadores. La situación en la que viven los “restaveks”, es bastante compleja; no obstante, es una condición aceptada culturalmente.
Según una declaración hecha a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por Jean-Robert Cadet, un haitiano quien siendo niño fue un “restavek”, pero luego se convirtió en miembro de una fundación en contra del “restavek”, dice que en Haití es común ver a personas menores de edad “vestidos con harapos que cruzan las calle de la mano de otro niño o niña que viste uniforme en perfecto estado. Los que visten harapos son “restaveks” y deben regresar a sus labores como esclavos domésticos, después de escoltar a los hijos de las familias ricas a la escuela”.

Dicho escenario sin duda, representa la exaltación de una cultura que oprime y devalúa los derechos de las personas más vulnerables, pero que también crea un antecedente generacional, porque los niños y niñas que no están en condición de esclavitud, terminarán creyendo que es moralmente aceptable esta práctica exclusoria, infamante y humillante. Nada más lejos de lo que Dios vislumbra como el plan perfecto para su Reino.

¿Qué dice la Biblia acerca de la esclavitud de la niñez?

La esclavitud es algo que ha estado presente durante siglos en diversas sociedades y de diferentes modalidades. En la Biblia encontramos algo similar al “restavek”, que se practicó por parte de la cultura israelita. Las personas más necesitadas y en condiciones de extrema pobreza, tenían como única alternativa venderse voluntariamente o vender a sus hijos o hijas, para pagar sus deudas y sobrevivir.

Pero la ley exigía un trato justo para con los esclavos y no se les podía maltratar. Más bien tenían que ser tratados como “jornaleros o huéspedes”, pero no como esclavos. Al cabo de seis años de servicios, la persona en situación de esclavitud, podía ser libre sin tener que pagar nada y en el año de Jubileo, quedaba en total libertad, sin importar si no se había cumplido los seis años de trabajo (Éxodo 21:2, 7, Levíticos 25:40). Estas leyes no aplicaban con las personas esclavas extranjeras, pero las legislaciones israelitas eran mucho más humanas que las de otras culturas.

La celebración del Jubileo era llamado también el Año Sabático, entre otras cosas se dejaba descansar a la tierra, cada propietario recobraba sus posesiones que se hubieran visto obligado a vender, hipotecar y los esclavos hebreos y sus familias eran dejados en libertad.

Dentro de las demandas del Nuevo Testamento, basadas en las enseñanzas de Cristo, comprendemos cuál es el verdadero deseo de Dios para su pueblo. Aquí se entretejen las bases para la erradicación y abolición de la esclavitud. La Biblia señala igualdad de condiciones para todos los seres humanos, cuando dice: “no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

Evidentemente el “restavek” en ninguna medida, puede ser el deseo de Dios para con los niños, niñas o adolescentes, y más bien este sistema refleja la oscuridad del anti-reino. Cualquier condición que muestre a un ser humano como un bien transferible y objeto, es contrario a los valores divinos que exaltan la dignidad, la equidad, la libertad y el bienestar integral. Violar estos derechos inalienables, es negar que todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de su Creador.

La tarea de la Iglesia

Los cristianos no deberíamos permitir que se explote a nuestros semejantes bajo ninguna condición, pues tenemos la obligación primordial de convertirnos en protectores y defensores de la niñez (Mateo 18:5-7,10).

La iglesia junto con el gobierno, debe velar por el cumplimiento de las leyes. El gobierno haitiano tiene un importante marco legal para actuar, pues ratificó la Convención de los Derechos del Niño y por lo tanto, la tarea de la iglesia siempre será tratar de hacer cumplir las leyes y sumergirse aún dentro de las fibras de la sociedad para generar cambios culturales que estén de acorde a los estándares de justicia, amor y compasión que el Señor espera que vivamos y proclamemos.

Por otro lado, no debemos olvidar que esta problemática surge dentro de un contexto de pobreza y necesidad extrema, como la que viven miles de familias haitianas y que hoy según expertos, se recrudece con las implicaciones del pasado terremoto.

Por lo anterior, deberíamos trabajar no solamente por la sensibilización, sino por la búsqueda de recursos y oportunidades que ayuden a encontrar cambios de paradigmas, pero también soluciones sostenibles a mediano y largo plazo, con el apoyo de la comunidad local e internacional para beneficio de aquellos que son tanto el presente como el futuro de Haití: Los niños y las niñas.

Sobre el autor:
Alexander Cabezas es de Costa Rica.  Profesor del Seminario ESEPA, Coordinador de Relaciones  Eclesiásticas de Viva y miembro del equipo coordinador del núcleo de la FTL en Costa Rica.
 
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