Pablo Richard (1994:134) sugiere que juntos estos aspectos — cuernos, cabezas, diademas, blasfemias – todos describen la complejidad del aparato de dominación del imperio romano (cf. Mounce 1998:245; Osborne 2002:490). Históricamente, es claro que el imperio romano se basaba en la fuerza bruta, e igual también los imperialismos que le han seguido a través de los siglos, hasta hoy. Desde Babel (Babilonia), el imperialismo se ha basado en la sujeción por la prepotencia. Y como su dominio total e universal lo lleva a reclamar un poder absoluto, el imperialismo siempre tiende hacia la idolatría.
Este poder Imperial, para sostenerse, necesitaba alimentarse con más poder, y conseguir la adhesión incondicional de la gente. Es así como apela al recurso religioso de la divinización del imperio … A la gente común no le queda más remedio que someterse y adorar al Poder Imperial, rendirle culto, o morir acusado de ser «ateos»… (p.116)El poder sólo se alimenta de más poder, y en cuanto más poder alcanza, más despótica es su actuación porque se sustenta en la sumisión total, absoluta e incondicional de sus súbditos … El poder absoluto es entonces anti-evangélico, porque el único poder pertenece a Dios. El poder de Dios se expresa en la capacidad de engendrar vida, vida eterna y combatir la muerte (Juan 10:10,11). Por el contrario, el poder absoluto en manos del hombre conduce a la muerte; el uso abusivo del poder genera violencia y la violencia conduce a la muerte.La violencia ejercida como manera de mantener el poder o ampliarlo genera muerte en todas direcciones. Es decir, no sólo muere la víctima agredida sino que también muere el agresor y la comunidad humana … (p. 121)El poder despótico genera muerte, violencia y también miedo o temor. El texto de Apocalipsis 13 se refiere varias veces al poder seductor que ejerce el poder absoluto sobre las gentes … (5 veces en el texto 4,8,12 y 15) … Es decir, todas las gentes han caído bajo el poder seductor del Imperio, pero a causa del miedo que se produce en ellos ante el peligro de perder la vida. No se trata entonces de una adoración que emana de la gratitud sino del miedo a la muerte… (p.122).
Sobre el autor:
Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina . Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea. Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós. Sigue a Juan Stam en Twitter
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