John Stott y René Padilla: teología cristiana y compromiso

Retrato editorial en blanco y negro de René Padilla y John Stott en sus bibliotecas, dos referentes de la teología cristiana y del compromiso social desde la misión integral.

En el vasto panorama del cristianismo contemporáneo, pocos nombres han marcado de forma tan perdurable la articulación entre fe bíblica, teología y transformación social como John Stott y René Padilla. Aunque compartieron contextos y redes intelectuales, cada uno aportó desde su propia historia, formación y sensibilidad teológica a la configuración de una misión cristiana que no se contenta con proclamar el evangelio en abstracto, sino que lo vive integralmente en medio del dolor humano, la pobreza y la injusticia.

John Stott (1921–2011): un evangelista con rigor teológico

John R. W. Stott fue uno de los líderes más influyentes del cristianismo evangélico del siglo XX. Sus escritos —como Cristianismo Básico y La Cruz de Cristo— no solo ofrecieron exposiciones claras y rigurosas de las doctrinas centrales de la fe cristiana, sino que también reclamaron una vida cristiana marcada por la obediencia a la Biblia, el poder transformador del evangelio y una ética de vida coherente con la enseñanza de Jesús.

Portada del libro

Por qué soy Cristiano

Por qué soy Cristiano es una obra breve y clara en la que John Stott expone, con honestidad intelectual y rigor bíblico, las razones de su fe cristiana. Sin apologéticas grandilocuentes, el libro invita a pensar qué implica creer y cómo esa fe se sostiene frente a las preguntas reales de la vida. Una lectura especialmente útil para el diálogo, el acompañamiento pastoral y los espacios de reflexión comunitaria.

Predicación, biblicismo y misión

Stott entendía la predicación bíblica fiel como el núcleo de la formación cristiana. Para él, la misión de la iglesia pasaba por hacer discípulos maduros, arraigados en la Escritura y capaces de traducir la fe en vida práctica. Su papel como redactor principal del Pacto de Lausana (1974) fue clave para que parte del movimiento evangélico global reconociera explícitamente que la evangelización y la responsabilidad social no son extras opcionales, sino expresiones inseparables del mandato de Cristo.

Este documento, que congregó a líderes de todo el mundo, representó un cambio de rumbo: por primera vez, amplias franjas del cristianismo evangélico formalizaron una hermenéutica de misión que no reducía el evangelio a meras conversiones individuales, sino que lo entendía como una llamada a la justicia, la paz y la dignidad humana.

René Padilla (1932–2021): el evangelio que abraza la vida

Quiteño de nacimiento pero formado en Estados Unidos y Europa, René Padilla desarrolló su pensamiento teológico desde la realidad de Argentina y el resto de Latinoamérica; un contexto marcado por la desigualdad, las tensiones políticas y la falta de oportunidades.

Portada del libro

Una Iglesia capaz de hacer política pública

Una Iglesia capaz de hacer política pública plantea, con lucidez teológica y sentido pastoral, que la fe cristiana no puede refugiarse en una supuesta neutralidad frente a la vida pública. El libro invita a reconocer que toda fe encarnada implica opciones políticas concretas y que la iglesia, quiera o no, siempre actúa desde una determinada visión del poder, la justicia y el bien común. Más que un llamado a la militancia partidista, es una provocación honesta a discernir si nuestras prácticas promueven el Reino de Dios o reproducen, consciente o inconscientemente, las lógicas del “dios de este siglo”.

De su experiencia en la International Fellowship of Evangelical Students y del diálogo con las realidades latinoamericanas surgió una intuición teológica que desafiaría a la iglesia global: la misión cristiana no puede fragmentarse entre “lo espiritual” y “lo social”, porque el evangelio de Jesús es, por esencia, una buena noticia para todas las dimensiones de la vida humana.

La misión integral

Padilla fue uno de los principales artífices del concepto de misión integral, una comprensión de la misión de la iglesia que sostiene que evangelización y acción social son dos alas de un mismo avión, inseparables en la praxis cristiana.

Su intervención en el Congreso de Lausana de 1974 fue particularmente transformadora. Allí desafió a líderes evangélicos a repensar la misión desde una perspectiva que privilegiara tanto la proclamación del evangelio como la lucha contra la injusticia, la pobreza y la opresión humana. Su exposición fue apodada por algunos asistentes como “el discurso que sacudió al mundo”, por su radicalidad y pertinencia contextual.

La misión integral, lejos de ser un simple ideal ético, ha sido asumida por cientos de iglesias y organizaciones evangélicas —incluidas redes como Red Miqueas— para reconfigurar su acción misionera como un servicio al Reino de Dios que incide en:

  • la dignidad humana,
  • los sistemas económicos injustos,
  • el acceso a educación y salud,
  • la defensa de los derechos de las personas más vulnerables.

Un legado conjunto con tensiones y matices

Aunque Stott y Padilla compartieron espacios de diálogo y colaboración, como el movimiento de Lausana, no siempre sus enfoques fueron idénticos. Stott fue a menudo percibido como más cauteloso, dialogando permanentemente con la tradición clásica del evangelicalismo, mientras que Padilla emergió como crítico de las polarizaciones que reducen la fe a lo estrictamente espiritual o a lo meramente social.

No obstante, ambos coincidieron en algo fundamental: la fe cristiana debe tener consecuencias visibles en el mundo real. Para Stott, esto se traduce en una misión centrada en la Palabra y encarnada en la vida ética; para Padilla, en una misión que confronta estructuras de injusticia y reivindica el mandato de Jesús de liberar, servir y sanar.

La influencia hoy: praxis, teología y compromiso social

El impacto de Stott y Padilla no se reduce a libros o conferencias. Ha moldeado las prioridades de seminarios, agencias misioneras, iglesias y movimientos de justicia a nivel global. Desde organizaciones que combinan evangelización con programas de desarrollo comunitario hasta redes académicas que reconfiguran la teología de la misión, su pensamiento sigue inspirando una misiología que busca integrar fe, justicia y compasión de manera inseparable.

John Stott y René Padilla comparten un legado que desafía cualquier cristianismo que se conforme con la letra sin la vida. Sus contribuciones —aunque distintas en énfasis y estilo— convergen en una convicción profunda para la iglesia contemporánea: el evangelio transforma no solo el alma, sino la totalidad de la existencia humana. La fe que ambos promovieron no se limita a creencias abstractas, sino que impulsa una vida coherente con la justicia, la dignidad humana y la compasión hacia quienes más sufren.

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