Hay un relato evangélico siempre presente para explicar lo que le ha ocurrido a otras iglesias: decimos que se volvieron teológicamente liberales, y que acto seguido se vaciaron sus iglesias. Ahora bien, mucha gente razonable cree que esta explicación es falsa. Yo creo que es verdadera. Pero concedo que suele tener algo de falsa en boca de quienes la pronuncian. Y el error, según creo, se encuentra en lo que en tal frase se entiende por liberalismo.
En su Cristianismo y Cultura Gresham Machen escribía que “no se puede entrar en el reino espiritual sin controversia”. Pero precisamente huir de la controversia es el plan tanto del liberalismo como de la indefinición doctrinal característica de gran parte del mundo evangélico. En muchas iglesias se enfatiza por sobre todo que el cristianismo es algo sencillo y práctico. Pero el plan de presentar el cristianismo como algo “sencillo y práctico” no nace en la época moderna de un genuino interés por la sencillez de Jesús y los apóstoles, sino que es el discurso de los enemigos del cristianismo: en el siglo XVII es gente como Locke y Spinoza la que dice que el cristianismo es algo sencillo y práctico (y que por tanto nunca tendrá nada que ver con las grandes decisiones del Estado, y nunca habrá lugar a conflicto). Afirmar eso es parte central de la solución que estos autores dan al problema teológico-político. Casi podríamos decir que es la piedra fundacional no sólo del liberalismo teológico, sino de todo el liberalismo político moderno. Lo asombroso no es sólo lo cerca que estamos del mismo, sino cuán inconscientemente.

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