¿Qué es el hombre?, Una reflexión desde Karl Barth

Espacio arquitectónico vacío con reflejos y transparencias que evocan la pregunta antropológica sobre qué es el ser humano desde la teología de Karl Barth.

La pregunta acerca de la naturaleza de la humanidad está siempre viva. En nuestro contexto, la pregunta se mantiene latente por las diferentes especulaciones acerca de la superación de lo “humano”, el posthumanismo, y por el retorno —a la usanza del viejo materialismo— de marcos biologicistas y esencialistas sobre “qué es lo humano”. “¿Qué es el hombre?” era la pregunta que se hacía el salmista (Sal 8:4), y como respuesta irónica, en claro tono profético, Pilato exclamaba “Ecce Homo” (Jn 19:5). Atendiendo a esta conversación, Karl Barth proponía cuatro componentes que darían luz al tema.1

Portada del libro

Karl Barth en un lenguaje sencillo

Karl Barth en un lenguaje sencillo de Stephen D. Morrison es, como declara honestamente su prefacio, “un libro para principiantes escrito por un principiante”, y precisamente ahí radica su valor. Con un tono humilde y claro, introduce las ideas centrales de Karl Barth sin la pesada jerga académica, guiando al lector a través de ocho ejes fundamentales de su pensamiento. Es una puerta de entrada accesible y honesta a una de las teologías más influyentes del siglo XX, escrita desde la convicción de que, en la Iglesia, todos estamos llamados a pensar la fe.

El hombre viene de Dios y va a Dios

En una clara muestra de su metodología, Barth comienza pensando desde Dios y no desde el hombre. Por ello, su primera intuición es qué es el hombre respecto a Dios. Así, la procedencia y el destino del hombre dan cuenta de su humanidad. El hombre, sea lo que fuere, solo puede rastrearse en las coordenadas de la historia de salvación trazada por Dios.

La humanidad solo puede darse en Dios y respecto a Dios; todo lo que se aleje de esta presunción es “deshumanización”. Las explicaciones idealistas, existencialistas y biologicistas, para Barth, solo tendrán sentido si se reconoce la primacía de una verdad: “El hombre viene de Dios y va hacia Dios, es su criatura, corre a su encuentro y con él a la vida eterna. Todo lo demás se reduce a meras posibilidades”.

El hombre se da en el libre encuentro con el hombre

Aquí también Barth da cuenta de su rechazo a una visión meramente individualista de la humanidad, a pesar de su énfasis en la libre responsabilidad individual. Para Barth, un hombre aislado no puede considerarse un hombre, pues “lo que no es co-humanidad es inhumanidad”.

Así, la convivencia y la interrelación humana son necesarias para una definición de “humanidad”, o más bien, para una definición del “proceso humano” (nótese el énfasis en “se da”). Nuevamente Barth, respondiendo a las ideologías de su tiempo, recalca que esto no es una exclusión del individualismo y del colectivismo —las dos tensiones ideológicas que aún hoy se perciben—, sino que el mensaje cristiano “piensa siempre en el individuo en su relación concreta frente a otro individuo y piensa siempre en la comunidad que se fundamenta en la mutua y libre responsabilidad por ambas partes”.

El hombre no vive realmente las relaciones con Dios y con su prójimo como debería hacerlo

Barth, también siguiendo su tradicional metodología, propone una contraparte “negativa” a sus afirmaciones anteriores. Así, la humanidad debe definirse también desde su carestía e incapacidad. Para Barth, contrario al humanismo de sus contemporáneos, “la existencia humana [es] una existencia rota, condenada a la vanidad y a la muerte eterna”.

Por ello, el hombre debe definirse también a partir del peligro que le acecha. Esta constatación no es un añadido marginal, sino un componente estructural de su comprensión teológica de la humanidad.

El hombre está sostenido por Dios, el Dios verdadero que se hizo verdadero hombre

El mensaje cristiano, y su definición de humanidad, no puede quedarse varado en la ribera del pesimismo antropológico, pues “el Evangelio proscribe todo pesimismo, toda visión trágica o escéptica”. Para el gran teólogo suizo, el humanismo de Dios es una gracia libre y poderosa.

Dios mismo es quien, en amor, se ha dado a la tarea de que el hombre pueda ser verdadera humanidad. Ser hombre, entonces, también implica saberse perdonado y acogido por el hombre auténtico: Jesucristo. Así, solo bajo la mediación cristológica —tema central también para Barth— el humano puede comprenderse como verdadero humano.

Los cuatro postulados anteriores pueden servir de guía o de punto de partida para discusiones sobre antropología teológica y, con base en su metodología, perseguir definiciones de lo humano que trasciendan el biologicismo y el esencialismo; que no olviden la mirada divina acerca de lo humano; que vayan más allá de ver al hombre como algo estático o cerrado; que consideren la realidad y las implicancias de la huella del pecado; y que no olviden a Jesucristo como la clave interpretativa para entender la “verdadera humanidad”.

Notas:

  1. Karl Barth “Actualidad del mensaje cristiano”, en Ensayos Teológicos (Barcelona: Herder, 1978), 24-29. ↩︎

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