La sexualidad femenina en el Cantar de los Cantares: análisis teológico-literario

Mujer en un jardín con granadas, uvas, lirios y una fuente, evocando la sexualidad femenina en el Cantar de los Cantares.

La tendencia histórica a silenciar la sexualidad femenina en las lecturas bíblicas.

A lo largo de la historia, las lecturas bíblicas han sido influenciadas por contextos patriarcales que tienden a minimizar o reinterpretar la expresión de la sexualidad femenina, adaptándola a normas sociales y religiosas dominadas por hombres.

En el caso del Cantar de los Cantares, por ejemplo, su contenido erótico y la voz femenina que expresa deseo y autonomía han sido objeto de lecturas alegóricas que desvían la atención de su carácter explícito. En lugar de reconocer la sexualidad femenina como un aspecto central del texto, se ha interpretado como una metáfora de relaciones espirituales, como la de Yahvé e Israel o Jesús y la Iglesia. Esto refleja una tendencia a despojar a la mujer de su agencia sexual y a encuadrarla dentro de roles subordinados o simbólicos.

En este sentido, la teóloga Ivone Gebara critica las lecturas bíblicas sustentadas en antropologías dualistas heredadas de tradiciones filosóficas y teológicas —como el platonismo y el agustinismo— que desvalorizan el cuerpo, especialmente el femenino, al considerarlo «pecaminoso» o inferior al alma (Zamora, 2013, pág. 5).

Para ella, las nuevas lecturas bíblicas del cuerpo, especialmente del femenino, deben representar un nuevo punto de partida visto desde dos ámbitos.

Primero, desde el camino que algunas mujeres han seguido en la exploración de su propio cuerpo, dando origen a una antropología unitaria e igualitaria. Es decir, fomentar la idea de que el cuerpo es el lugar de la existencia total: no hay un «alma» separada; la espiritualidad se vive en y a través del cuerpo, y lo sagrado se encarna en lo material. La menstruación, el parto, el deseo sexual, el hambre o la enfermedad no son obstáculos para lo divino, sino lenguajes de lo trascendente, tal como se describe en el Cantar de los Cantares:

Ct 4:1-7: Tus ojos son palomas… tus senos, como crías de gacelas.

Aquí, cada parte del cuerpo es descrita con metáforas naturales, vinculando la belleza física con la creación divina.

Ct 2:16: Mi amado es mío y yo soy suya.

La Sulamita no es un objeto pasivo, sino un sujeto activo, reflejando una antropología unitaria donde cuerpo y alma se entrelazan.

Ct 4:12-15: Fuente sellada… jardín cerrado.

El cuerpo femenino se compara con un espacio vital y fértil, eco de la «geografía de ríos y manantiales».

Segundo, desde la diferenciación entre el cuerpo individual y el cuerpo social. Gebara insiste en que el cuerpo no es solo una realidad biológica, sino también una realidad políticamente construida. El cuerpo individual hace referencia a la experiencia íntima y subjetiva —deseos, dolores, placeres— que ha sido silenciada en las lecturas bíblicas patriarcales.

Ct 1:1: Béseme con besos de su boca, “¡Qué exquisito el olor de tus perfumes: Aroma que se expande es tu nombre”

Ct 1:4: ¡Ah, llévame contigo, sí, corriendo, a tu alcoba condúceme, rey mío: a celebrar contigo nuestra fiesta y alabar tus amores más que el vino!

En estos versos se manifiesta el deseo femenino de forma explícita, sin miedo ni culpa. Esto contrasta con la estigmatización que viven las mujeres cuando se espera de ellas que respondan al estereotipo de sumisas, «santas», «sin mancha» y pasivas.

En cuanto al cuerpo social, Ivone Gebara enfatiza que en las lecturas bíblicas tradicionales han predominado estructuras de poder —género, raza, clase— que determinan qué cuerpos son valorados, explotados o descartados. Por ejemplo:

Ct 4:6: En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma …Mientras sopla la brisa y se alargan las sombras me voy al monte de la mirra …

A diferencia de las lecturas tradicionales que condenan a las mujeres, aquí la Sulamita aparece como una mujer libre, con autoridad, fuerza y dueña de sí misma. No es vista como un objeto sexual, sino como una persona sexualmente atractiva y dueña de su sexualidad.

Ct 1:5-6: Morena soy, oh, hijas de Jerusalén, y codiciable… No se fijen en que estoy oscura: el sol me miró…

Este versículo ha sido leído dentro de tradiciones que difundieron determinados estereotipos de belleza —mujer alta, delgada y blanca—. Sin embargo, la fuerza con la que la Sulamita expresa su identidad y subjetividad permite cuestionar los ideales estrechos de belleza y abrir la lectura a la diversidad.

Aunque el Cantar de los Cantares presenta momentos en los que la voz femenina domina claramente, muchas interpretaciones tradicionales han pasado por alto este aspecto, enfocándose en la perspectiva masculina o en lecturas que neutralizan el erotismo del texto.

Esta tendencia no solo afecta la comprensión de los textos bíblicos, sino también la manera en que las mujeres han sido percibidas y tratadas en contextos religiosos y culturales. Por lo tanto, la recuperación de estas voces femeninas y su reivindicación como sujetos activos en la narrativa constituyen un paso importante hacia una lectura más inclusiva y equitativa.

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Rescatando la sexualidad femenina en Cantar de los Cantares

El Cantar de los Cantares ofrece un espacio literario excepcional para rescatar la sexualidad femenina. A pesar de que a lo largo de la historia han primado lecturas exclusivamente alegóricas que desplazan el contenido erótico del libro, el Cantar ofrece una representación explícita y poética del deseo y de la experiencia subjetiva y erótica de la mujer.

Desde la perspectiva de la teología feminista, y en especial de la propuesta de teólogas como Marilú Rojas, el Cantar de los Cantares aparece como un escenario donde la voz femenina no es meramente símbolo de un ideal abstracto, sino la encarnación de un deseo auténtico y liberador (Concilium, 2019, pág. 749). Por otro lado, Ivone Gebara ha enfatizado que la interpretación ecofeminista de los textos sagrados permite reconocer las voces históricamente silenciadas y reintegrar una visión del cuerpo y la sexualidad que respeta la autonomía de cada mujer. Así, el poema puede leerse no solo como alegoría de la relación entre lo divino y lo humano, sino como celebración de la sensualidad, la belleza y la capacidad de la mujer para articular sus propios deseos (Gebara, 2000, págs. 89-95).

El Cantar de los Cantares propone un recorrido poético donde la Sulamita —la figura femenina protagonista— expresa de forma directa su deseo, placer y autonomía. Esta reivindicación de la voz femenina invita a repensar el rol de la mujer en la narrativa sagrada, cuestionando aquellos convencionalismos que históricamente han cosificado su sexualidad y la han relegado a roles secundarios o simbólicos.

Rescatar la sexualidad femenina a partir del Cantar de los Cantares implica un compromiso deliberado: primero, romper con las interpretaciones que buscan domesticar o minimizar el poder erótico inherente al texto; segundo, reconocer y valorar la experiencia física y emocional de la mujer como parte integral de su identidad y espiritualidad. Desde allí también es posible examinar críticamente cómo las construcciones patriarcales han moldeado y establecido durante siglos los estereotipos sobre la sexualidad femenina.

Portada del libro

El rostro oculto del mal

El rostro oculto del mal, de Ivone Gebara, cuestiona las interpretaciones religiosas patriarcales del mal y lo aborda desde la experiencia concreta de las mujeres. La obra transforma silencios históricamente ocultos en palabra pública, mostrando cómo el mal atraviesa la familia, la iglesia, la teología y la vida cotidiana. Desde ahí, Gebara abre una reflexión profunda sobre Dios, el sufrimiento y el misterio desde una perspectiva feminista, crítica e igualitaria.

«El Cuerpo y la Voz de la Sulamita: Una Reivindicación de la Sexualidad Femenina»

1. Metáforas corporales

El cuerpo como lugar sagrado

Ct 4:15: ¡Fuente de los jardines, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!

La «fuente de aguas vivas» alude a la presencia divina (Salmo 36:9), sugiriendo que el cuerpo puede entenderse como un lugar de encuentro femenino con lo trascendente.

Ct 4:4: Tu cuello, como la torre de David…

La imagen de la torre comunica fortaleza y protección. En la lectura propuesta aquí, estas cualidades se vinculan con lo sagrado y permiten contemplar el cuerpo como lugar de encuentro con lo divino, donde el amor se vive también desde su dimensión espiritual.

Ct 1:12-14: Mi amado es para mí una bolsa de mirra, que descansa en mis pechos; mi amado es para mí como ramo florido de ciprés de los jardines de Engadí.

El Cantar de los Cantares utiliza metáforas corporales para presentar el cuerpo femenino como un espacio sagrado, vinculando lo erótico con lo divino. Además, apela a la otredad: la identidad se realiza en el encuentro con el otro, siempre que esa relación no implique subordinación.

El cuerpo como jardín: fertilidad y vida

Ct 4:12-15: jardín cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada, tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos: nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos. ¡Fuente de los jardines, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!

Estos versos reflejan una riqueza simbólica en la que se conjugan el misterio, la belleza y la intimidad del cuerpo femenino. La referencia al «jardín cerrado» evoca un espacio sagrado y reservado, que podría interpretarse como la propia intimidad y la autonomía de la sexualidad femenina. Estos términos sugieren que el cuerpo de la mujer es un terreno fértil y secreto, un espacio propio donde se cultivan y protegen sus deseos y su identidad.

La alusión a elementos aromáticos —como granados, nardo, azafrán, caña aromática y canela— no solo reviste el pasaje de un lenguaje sensorial y poético, sino que también destaca la experiencia erótica femenina en su complejidad y belleza. El «pozo de aguas vivas» refuerza la idea de una vitalidad inagotable, simbolizando la renovación y el flujo de la energía vital y erótica que emana de la mujer.

El cuerpo femenino y su conexión con la creación

Ct 4:1: Tus ojos dos palomas escondidas tras tu velo, tus cabellos son como cabritos que retozan en los montes de Galaad, tus dientes todos perfectos como rebaños de ovejas recién salidas del baño…

Ct 7:2-3: Tu ombligo es una copa redonda, donde no falta el buen vino; tu vientre, montón de trigo, rodeado de azucenas; tus pechos, como crías mellizas de gacela …

En estos versos se presenta una profunda unión entre naturaleza y cuerpo, cuyos límites se entrelazan y, por momentos, parecen confundirse. La obra utiliza una rica imaginería natural para describir el amor y el deseo, reflejando una visión en la que la corporalidad humana se integra armónicamente con la creación.

Las metáforas vinculan el cuerpo femenino con elementos geográficos, animales y botánicos. Esta integración entre naturaleza y cuerpo en el Cantar de los Cantares ofrece una visión en la que el amor y la sexualidad pueden celebrarse como expresiones legítimas y sagradas de la experiencia humana, tanto femenina como masculina.

2. La voz femenina de Cantar de los Cantares

La voz poética en la literatura sapiencial antigua se caracteriza por su capacidad para conjugar la estética del lenguaje con la transmisión de verdades universales y prácticas. Esta voz, a menudo revestida de musicalidad y de una estructura paralela o rítmica, explora y expresa la complejidad de la experiencia humana, abarcando dimensiones morales, existenciales y emocionales.

En el caso del Cantar de los Cantares, la voz femenina de la Sulamita permite una lectura especialmente significativa, sobre todo considerando que este texto proviene de una época y una cultura profundamente patriarcal. Sin embargo, la mujer del Cantar rompe con los moldes tradicionales de pasividad y sumisión.

Rompe con el silencio histórico impuesto a las mujeres.

Su voz poética y sus metáforas pueden leerse como una resistencia frente a las estructuras que han limitado la experiencia y el deseo de las mujeres. La Sulamita reivindica la autenticidad de su experiencia y propone una visión en la que la mujer es protagonista de su propia historia. De esta forma, su voz se convierte en un acto de afirmación de identidad frente a las limitaciones históricas y sociales que durante mucho tiempo han silenciado la expresión femenina.

Ct 3:1: En mi cama, por las noches, busque al amor de mi vida. Lo busqué y no lo encontré. Entonces me levanté y recorrí la ciudad buscando al amor de mi vida por las calles y las plazas.

Se expresa sin intermediarios

La Sulamita en el Cantar de los Cantares se distingue por su capacidad de expresar sus emociones y deseos de manera directa, sin la mediación de figuras masculinas o interpretaciones externas. Su voz emerge como testimonio de autonomía y autenticidad, rompiendo con ciertas convenciones literarias y sociales de su tiempo.

A través de un lenguaje poético, la Sulamita celebra su cuerpo y su deseo, reivindicando su lugar como sujeto activo en la narrativa. Esta perspectiva desafía las lecturas patriarcales que han intentado silenciar o reinterpretar su voz y presenta a la mujer como protagonista de su propia historia, capaz de articular su experiencia erótica y emocional con profundidad y belleza.

Ct 2:1: Yo soy la rosa de Sarón, el lirio de los valles

Aquí, la Sulamita se describe a sí misma mediante imágenes de belleza y fragilidad, pero también de fortaleza y singularidad. Estas metáforas exaltan su identidad y reflejan su capacidad de definirse y valorarse sin depender exclusivamente de la mirada o aprobación masculina. El versículo expresa así una declaración de existencia y de lugar en el mundo, libre de intermediarios.

Reclama su identidad, su belleza y su autonomía.

La Sulamita reclama su identidad, belleza y autonomía a través de una voz poética que se expresa sin mediaciones. Frente a interpretaciones históricas que han buscado silenciar o cosificar la experiencia femenina, ella se presenta como portavoz de su propio ser y se niega a quedar reducida a un símbolo pasivo.

Su lenguaje está lleno de metáforas y símbolos que celebran tanto su aspecto físico como su capacidad de sentir y amar con libertad. Al declarar su identidad de forma directa, la Sulamita convierte su narrativa en un gesto de afirmación.

Ct 1:6: No se fijen en que soy morena, ni en que el sol ha quemado mi piel. Mis hermanos se enojaron conmigo y me pusieron a cuidar las viñas…

La Sulamita hace visible su experiencia de trabajo y la incorpora a la narración de su propia identidad. Al mismo tiempo, habla de su piel y de su belleza desde su propia voz, sin permitir que la mirada ajena sea la única que la defina.

Construye una relación amorosa horizontal y libre.

A través de un lenguaje de igualdad y reciprocidad, la Sulamita no se presenta como inferior ni como objeto. La relación amorosa aparece marcada por la pertenencia mutua y el gozo:

Ct 6:3: Yo soy de mi amado, y mi amado es mío

Este lenguaje de reciprocidad sugiere una relación que no reproduce sin más las jerarquías patriarcales de su tiempo. En este sentido, la voz femenina propone una visión alternativa de lo erótico y lo relacional.

Voz colectiva (Las hijas de Jerusalén)

Las hijas de Jerusalén, como voz colectiva, no son meras espectadoras. Su interacción con la Sulamita resalta su agencia al contrastar su elección con los valores dominantes, mientras que su admiración muestra que la autonomía también se construye en diálogo con la comunidad. Este coro femenino funciona como un recurso literario y teológico que profundiza en los temas de identidad, amor y libertad presentes en el Cantar.

Las hijas de Jerusalén aparecen en el poema como cómplices del amor y del deseo de la Sulamita, mostrando una relación de hermandad y solidaridad.

Ct 5:8: Mujeres de Jerusalén, si encuentran a mi ando, prométanme decirle que me estoy muriendo de amor.

El coro exalta a la Sulamita como una mujer hermosa. En esa exaltación también puede reconocerse respeto y admiración hacia una mujer que se expresa con una libertad que desborda los estereotipos impuestos a las mujeres de su época.

Ct 6:10: ¿Quién es esta que se asoma como el sol de la mañana? Es hermosa como la luna, radiante como el sol, irresistible como un ejército en marcha.

El coro también reconoce que la identidad de la Sulamita no depende únicamente de la relación con su amado, sino de su propia subjetividad, reforzada por esta comunidad femenina. Incluso al final del poema, su presencia conserva fuerza propia.

Ct: ¿Quién es esta que viene del desierto, recostada en el hombro de su amado?

Consideraciones finales

Históricamente, las lecturas del Cantar de los Cantares han sido enmarcadas en contextos patriarcales que tendieron a silenciar o reinterpretar la voz femenina. En estas interpretaciones, la Sulamita —que en el texto manifiesta de forma explícita su deseo y autonomía— fue a menudo relegada a un papel simbólico o alegórico, desvinculándola de la experiencia concreta de la mujer. Estas lecturas redujeron parte de su complejidad al situar sus expresiones eróticas y personales en un plano exclusivamente divino o místico, en lugar de reconocer también la subjetividad femenina presente en el poema.

El poema aborda el erotismo, la otredad, el amor, la búsqueda del ser amado, la corporeidad humana y su poder creador, así como la naturaleza y su relación con el ser humano. Todos estos temas aparecen en la trama de dos amantes que se desean, se buscan y se entregan y que, en esa entrega, se reconocen a sí mismos y se plenifican. Pero, sobre todo, resalta la figura de la Sulamita como protagonista de su propia historia.

El Cantar de los Cantares no solo dignifica la sexualidad femenina, sino que permite leerla como espacio de resistencia y transformación. Al centrar la voz, el cuerpo y las decisiones de la Sulamita, el texto ofrece herramientas para cuestionar narrativas religiosas y culturales que han oprimido el erotismo femenino y abrir paso a una comprensión del amor más audaz, igualitaria y liberadora.

Referencias Bibliográficas:

Althaus-Reid, M. (2003). The queer God. Routledge.

Andiñach, P. (2003). El Cantar de los Cantares: Comentario teológico y literario. Lumen.

Biblia de Jerusalén. (2009). Desclée de Brouwer.

Gebara, I. (2000). Teología ecofeminista: Ensayo para repensar el conocimiento y la religión. Trotta.

Gebara, I. (2002). El rostro oculto del mal: Una teología desde la experiencia de las mujeres. Trotta.

Luzarraga, J. (2001). Poesía y teología en el Cantar de los Cantares. Desclée de Brouwer.

Pelletier, A.-M. (1992). Lectura del Cantar de los Cantares: Del deseo al don. Cristiandad.

Rojas Salazar, M. (2018). Teología erótica: Cuerpo, placer y espiritualidad femenina. Universidad Iberoamericana.

Rojas Salazar, M. (2019). La teología feminista en la revista Concilium: cuerpos, espiritualidades y resistencias. Concilium, (385), 741–752.

Zamora, J. A. (2013). Cuerpo, religión y feminismo en Ivone Gebara. Revista de Estudios Teológicos, 45(2), 1–12.

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