“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” (Lucas 10:27, NVI). No es una consigna espiritual más. Es una afirmación que desarma cualquier intento de reducir la fe a una parte de la vida. Lo abarca todo.
Jesús no deja esta frase suspendida en el aire. La sitúa en una conversación donde el prójimo aparece sin rodeos. El amor a Dios se juega ahí, en esa relación concreta. Por eso, cuando la realidad del migrante entra en escena —con su historia, su fragilidad y su dignidad— no es un asunto lateral. Es un punto de prueba.
Después de la resurrección, los discípulos se enfrentan a algo que no encaja en lo que conocían. Tomás no logra sostenerse solo en el testimonio de otros; necesita ver las heridas para poder decir: “Señor mío y Dios mío”. La fe pasa por un ajuste profundo cuando Dios irrumpe de una manera que no se esperaba.
Ese mismo movimiento alcanza a la iglesia hoy. La resurrección no se limita a la memoria; sigue actuando como una fuerza que revisa lo que se ha dado por hecho. Lo que se practica, lo que se defiende, lo que se evita. No todo lo que se ha mantenido en nombre de la fe refleja necesariamente el corazón de Dios.
En ese examen aparecen capas que han sido asumidas sin mayor cuestionamiento. Formas de hablar, de actuar o de callar que han permitido sostener distancia frente al dolor de otros. Entre ellas, la indiferencia hacia quienes migran, o la facilidad con la que se justifica no involucrarse.
Prepararse para Pentecostés no es solo contar los días. Implica disponerse a ser reordenados. Mirar de frente lo que se hace, las razones que lo sostienen, la manera en que se vive la fe y también lo que ha quedado pendiente. No para culparse, sino para volver a alinear la vida con el amor que se confiesa.
Amar a Dios con todo el ser implica permitir que ese amor tome forma visible. Que atraviese decisiones, relaciones y prioridades. En ese proceso, el migrante deja de ser una idea lejana y se convierte en un lugar donde la fe se vuelve concreta.
Esta segunda semana abre ese espacio de revisión y apertura. El camino no es individual. Es comunitario, sostenido por la oración, orientado por el Espíritu.
Continúa orando por las familias inmigrantes y sumándote al plan de oración diaria que se comparte en la cuenta de Instagram de El Blog de Bernabé: https://www.instagram.com/elblogdebernabe/. El recorrido continúa hasta el día de Pentecostés.

