Para gran parte del mundo cristiano, la Navidad quedó atrás hace días o semanas. Las luces se apagaron, el calendario volvió a apurar la vida cotidiana y enero impuso su lógica productiva. Sin embargo, para millones de cristianos y cristianas, la Navidad todavía no ha ocurrido. O, mejor dicho, está ocurriendo ahora. La llamada Navidad Ortodoxa, celebrada en muchos países el 7 de enero, no es una anomalía ni una excentricidad litúrgica, sino una forma alternativa —y profundamente coherente— de vivir la fe, el tiempo y la espera.
Hablar de Navidad Ortodoxa no es solo hablar de fechas distintas, sino de una espiritualidad que se resiste a la prisa, que desconfía del ruido y que entiende la encarnación como un misterio que necesita espacio, silencio y preparación.

La iglesia ortodoxa
La iglesia ortodoxa es una puerta de entrada lúcida y exigente al corazón de la fe ortodoxa. Serguéi Bulgákov presenta a la Iglesia no como aparato ni sistema, sino como vida compartida en el Espíritu, comunión que nace de la Trinidad y se encarna en la historia. Un libro breve en extensión, pero denso en teología, que obliga a pensar la Iglesia más allá de categorías funcionales o meramente institucionales.
¿Qué es la Navidad Ortodoxa?
La Navidad Ortodoxa celebra la Natividad de Jesucristo, el acontecimiento central de la fe cristiana: Dios haciéndose carne y entrando en la historia sin atajos. Muchas Iglesias Ortodoxas celebran esta fiesta el 7 de enero porque siguen el calendario juliano, más antiguo que el calendario gregoriano que rige hoy la vida civil. En ese calendario, el 25 de diciembre corresponde actualmente al 7 de enero. Pero esta diferencia cronológica es solo la superficie de algo más profundo.
En la tradición ortodoxa, la Navidad no irrumpe de golpe. Está precedida por el Ayuno de la Natividad, que puede extenderse hasta cuarenta días. No se trata de una práctica ascética desconectada de la vida, sino de una pedagogía espiritual: ayunar para reaprender el deseo, reducir el consumo para ensanchar la espera, desacelerar el cuerpo para que el misterio pueda ser recibido. La Navidad, aquí, no es un evento aislado, sino el fruto de un tiempo largo y consciente de preparación.
Navidad Ortodoxa en Rusia: vigilia, memoria y resistencia
En Rusia, la Navidad Ortodoxa se celebra el 7 de enero y tiene como centro la vigilia litúrgica. La noche del 6 de enero, las iglesias se llenan para un servicio extenso, sobrio y profundamente simbólico, marcado por himnos antiguos y lecturas bíblicas que recorren la historia de la salvación. No hay urgencia ni espectáculo: hay espera compartida y una comunidad que atraviesa la noche junta.
Esta forma de celebrar no puede separarse de la historia reciente. Durante décadas de ateísmo de Estado, la Navidad sobrevivió en los márgenes, en casas y pequeñas comunidades. Quizás por eso conserva hasta hoy un tono de fe resistente, poco estridente, más preocupada de sostener el misterio que de exhibirlo. La celebración continúa después, cuando el ayuno termina y la mesa compartida se convierte en una extensión natural de la liturgia.
Navidad Ortodoxa en Etiopía: Genna, fe encarnada en la vida
En Etiopía, la Navidad recibe el nombre de Genna y se vive como una experiencia profundamente comunitaria y corporal. También se celebra el 7 de enero y está precedida por un ayuno aún más largo y exigente. La liturgia comienza de madrugada, con cantos, procesiones y vestiduras blancas que llenan el espacio de una espiritualidad ancestral y viva.
Aquí la Navidad no es una reconstrucción simbólica del pasado, sino una identidad que se actualiza año tras año. Tras el culto, se practican juegos tradicionales que recuerdan a los pastores que estaban en el campo la noche del nacimiento de Jesús. La encarnación no ocurre fuera del mundo, sino en medio de la vida cotidiana, del cuerpo, del trabajo y de la celebración comunitaria.
Navidad Ortodoxa en Egipto: celebrar la encarnación en la fragilidad
Para los cristianos coptos de Egipto, la Navidad Ortodoxa tiene una densidad particular. Celebrarla es también una forma de afirmar la fe en un contexto donde ser cristiano no siempre es cómodo ni seguro. La vigilia del 6 al 7 de enero es intensa y multitudinaria, con lecturas bíblicas, oraciones y cantos que atraviesan la noche.
En este contexto, la Navidad no es un adorno cultural ni una tradición social más. Es una confesión pública de esperanza. La encarnación no elimina la vulnerabilidad, pero la habita. Dios no llega cuando todo está resuelto, sino cuando la historia sigue siendo frágil y abierta.
Navidad Ortodoxa en Grecia: misma fecha, otro ritmo
El caso de Grecia introduce un matiz relevante. Muchas Iglesias Ortodoxas griegas celebran la Navidad el 25 de diciembre, ya que adoptaron un calendario revisado que coincide con el gregoriano. Sin embargo, la manera de vivir la fiesta sigue marcada por rasgos claramente ortodoxos: el ayuno previo, la densidad litúrgica, la centralidad del simbolismo y el peso de la comunidad.
Aquí la diferencia no está tanto en la fecha como en el ritmo espiritual. La Navidad no se reduce a un día, sino que se despliega como un tiempo que reconfigura la vida, la oración y la mesa compartida.
Diferencias entre la Navidad Católica, Evangélica-Protestante y Ortodoxa
La Navidad Católica y la Navidad Evangélica-Protestante comparten, en general, el 25 de diciembre y el uso del calendario gregoriano. En el mundo católico, la preparación se da a través del Adviento, un tiempo de espera más breve y menos ascético, acompañado de una liturgia estructurada que culmina en la misa de Nochebuena. En el ámbito evangélico y protestante, el énfasis suele ponerse en el anuncio bíblico del nacimiento de Jesús, con predicación, música congregacional y celebraciones comunitarias donde la Palabra ocupa el centro.
Ambas tradiciones, especialmente en Occidente, conviven además con un fuerte componente cultural: pesebres, villancicos, árboles, regalos y celebraciones familiares. Nada de esto es necesariamente negativo, pero configura una Navidad más integrada al calendario social y comercial.
La Navidad Ortodoxa, en cambio, se mueve en otro registro. Subraya el misterio más que la explicación, la espera más que la inmediatez, el silencio más que el ruido. No porque sea “más espiritual”, sino porque responde a una teología del tiempo distinta, donde la encarnación no se apura y la fe no necesita competir por visibilidad.
Una Navidad que no llega tarde
Tal vez la Navidad Ortodoxa no llega tarde. Tal vez llega cuando el ruido ya bajó, cuando las luces dejaron de distraer y cuando el cuerpo puede volver a escuchar. En un tiempo que insiste en acelerar todo, esta forma de celebrar la Navidad recuerda algo elemental y profundamente cristiano: Dios no se apura. La encarnación ocurre cuando hay espacio, cuando la espera ha hecho su trabajo y cuando el tiempo deja de ser una carrera para volver a ser un don.

