David, un corazón que no se envenena: El perdón como teología de reino

En la entrega anterior conocimos al David que nadie había convocado: el menor de los hijos de Isaí, el pastorcillo que ni siquiera estaba en la lista cuando Samuel llegó a Belén a ungir a un rey. Ese David —ungido de diecisiete años con trece años de desierto por delante— nos enseñó que la unción […]