Ayer Somoza, ¿hoy la misma cosa?

Por Harold Segura, Colombia y Costa Rica

Imagen: Pixabay
Fue en julio de 1979. De eso hace ya casi cuarenta años. Entonces cursaba mi primer año del seminario y uno de mis compañeros era Elías González, nicaragüense de pura cepa e hijo del pastor de la Primera Iglesia Bautista de Masaya, Nicaragua. A Elías lo recuerdo porque fue una de las personas que me ayudó a comprender lo que significaba una revolución política para un cristiano militante.

Cuando triunfó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), aunque yo no entendía bien los avatares de la política centroamericana, intuía que algo extraordinario debía estar pasando porque los profesores, aún los de carácter más reservado y "políticamente apolíticos", comentaban la noticia y le preguntaban a Elías las razones de su alegría. Elías, con la euforia de un muchacho de 19 años, explicaba con detalles el suceso y respiraba hondo cada vez que decía "por fin cayó el dictador", refiriéndose a Somoza.

Un buen día, y pocos después del triunfo sandinista, mi amigo llegó a la biblioteca del seminario con un obsequio: una artesanía nicaragüense (si no recuerdo mal era una carreta) con la marca pirograbada de Viva el FSLN con Cristo. Después de treinta y nueve años sigo sin entender cómo logró que nuestros profesores misioneros norteamericanos de la época admitieran el "regalito" y lo exhibieran en la vitrina dispuesta para los regalos ilustres: reconocimientos de la Foreing Mission Board, felicitaciones de la Southern Baptist Convention y otros más.

El regalo de Elías permaneció en nuestro Seminario (hoy Universidad Bautista) por muchos años, —incluidos, obviamente, aquellos cuando tuve el honor de ser rector de la misma institución— hasta cuando su pintura se desgastó con el paso del tiempo y la vitrina se abarrotó de otros obsequios más simples y menos apasionados.

Son recuerdos que vienen a mi mente mientras leo las tristes noticias de Nicaragua: cuatro personas muertas (porque hoy viernes murió una más), decenas heridas, tres canales de televisión censurados y miles de personas que marchan por las principales ciudades del país, algunas al grito de Ayer, Somoza, hoy la misma cosa. Protestan contra las reformas de la seguridad social impuestas por el presidente Daniel Ortega.

Por su parte, Monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar y vicario general de la Arquidiócesis de Managua, denunció que agentes de la Policía Nacional quieren entrar a la Catedral Metropolitana, donde están refugiados jóvenes que acopiaban víveres. Pero, mientras todo esto pasa, la vicepresidenta designada por el poder electoral Rosario Murillo, esposa de Ortega, calificó las muertes ocurridas este jueves como “crímenes de odio” y señaló que Nicaragua está siendo mancillada por malos hijos, gente mezquina y de alma pequeña. Así no más explica el desastre causado por su gobierno.

Hace un tiempo escuché decir en Managua que el sandinismo de hoy no es más que un remedo mediocre del de ayer, que se sirve de Dios como aliado publicitario, porque desde que Ortega regresó al poder en el 2007 el FSLN proclama que Nicaragua está viviendo una segunda etapa de la revolución llamada cristiana, socialista y solidaria. En las calles de Managua leí: “Darle al pueblo es darle a Dios”. ¡Habrase visto!

Estoy tratando de llamar a Elías, lo quiero saludar, quiero que me ayude a entender al FSLN cuatro décadas después.

Sobre el autor:
El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision en América Latina y El Caribe y autor de varios libros. Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.



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