Evangelio

Por Erika Izquierdo Paiva, Perú y USA

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.
- Octavio Paz
“¡Qué será de él!”

Desde el caserío violento y de mala fama donde ha crecido, el muchacho provinciano madruga como es su costumbre, pero esta vez no para ir a trabajar en sus miles de oficios. Con el corazón hecho un puño, callejea huidizo entre el entoldamiento del día que se empeña en clarear. Se descamina de su casita en Nazaret. Sus espaldas ojean adoloridas su retirada.

Atrás su madre, la María, y los suyos. Atrás las migajas del último pan que partió en la mesa con ellos.

Ha decidido romper cualquier ayuno de silencio, y con su ser ardiendo como la zarza de Moisés, parte porque le urge amasarse con las voces furibundas, destrozadas, afligidas de su pueblo.

Trae una esperanza: que su desasosiego tropiece con la turbación de los miles que en la orilla del río Jordán, se apiñan hacia un tal Juan para rendirse al bautizo que exige arrepentimiento y transformación.

Va rumiando sus sueños, y no pocos temores.
"¡Ah, malhaya la hora en que fui a cantar!
¡Ah, malhaya la hora en que fui a gritar!
Si gritando se llora para callar
Y mi vaso sediento no llega al mar...
 Y así se fue el lucero a su libertad
Y así se fue el arroyo a su claridad"
- Chabuca Granda
Parece haber heredado Jesús, el coraje de la adolescente que al saberse embarazada fuera del matrimonio, decide por sí misma sobre su cuerpo, y asume la responsabilidad de ser su madre.
La misma que poco tiempo después viajará sola, como todos los profetas antes que ella, y declarará a su prima Isabel la esperanza férvida y la fe rotunda que la habitan:

¡Su brazo poderoso ha hecho cosas tremendas!
Dispersó a los orgullosos y a los altaneros.
A príncipes derrocó de sus tronos y exaltó a los humildes.
Al hambriento llenó de cosas buenas
 a los ricos despidió con las manos vacías.
Ayudó a su pueblo y no se olvidó de ser misericordioso.

Esta es la oración de la adolescente preñada. Dios es para ella el que trastoca las estructuras de poder de aquellos que los oprimen, y ahí; en esa convicción, no puede haber temor. Dará cara a todos los señalamientos sobre su embarazo y parirá atestiguada por animales en un establo con olor a cebada y estiércol. El niño que la habita es una quimera de Dios, llega a un mundo horrendo pero también hermoso. Un mundo que hay que lucharlo y amarlo.

Lucharlo y amarlo.
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
- Fernando Pessoa
Dos mil rebeldes fueron crucificados camino a Seforis, una importante ciudad galilea a solo cinco kilómetros de Nazaret, cuando Jesús era niño. Aterrador. El general romano Varus dejó los cuerpos expuestos a la rapiña y el hedor a muerte, seguro de disuadir cualquier futuro intento. No lo logró. Seres iracundos y luminosos, encaramados contra la crueldad de los ejércitos extranjeros y el escarnio de sus autoridades políticas y religiosas, se levantarán una vez tras otra. La Palestina en el siglo I estará abarrotada de profetas.

Desde los márgenes del imperio romano, en el desierto de Judea -un lugar abestiado e inmisericorde en las riberas del río Jordán-, una voz se levanta más recia que la de nadie y logra acabildar a todos los que hablan las lenguas de la desigualdad.

Juan arde. Y quema todo lo que sale de su boca.

“Vestido de desierto”, su cuerpo también habla. Entoltado en pelos de camellos y alimentado disforme a los rituales de pureza, protesta contra la hipocresía religiosa, adicta a la injusticia.

Denuncia, resistencia, provocación.

Está en el margen, donde las cosas en verdad suceden espiritualmente. Se aleja del centro del poder y atrae a las personas que vienen desde muy lejos a oír su mensaje estruendoso.

Confrontativo, intenso en su naturaleza, chocante. El hijo de un clérigo judío ahora condena la institución religiosa, furioso con la clase sacerdotal que se ha pervertido . Es una criatura apocalíptica que exige arrepentimiento, una confrontación máxima y visceral para avenirse al reinado de Dios.

Jesús cree en el mensaje de Juan; en el profeta que es mensaje, también. En ese juicio inmediato y en la llegada del reino de Dios donde Antipas, Pilatos y Tiberio no tienen lugar. Esa prédica lo arrebata.  Le urge de esa forma -no hay otra- atender la Vida. Decide ir a su encuentro y le pide ser bautizado.

Cuando se cumple el tiempo, el tiempo se ha cumplido. Dios no espera más.
La era está pariendo un corazón.
No puede más, se muere de dolor,
y hay que acudir corriendo
pues se cae el porvenir

Debo dejar la casa y el sillón.
La madre vive hasta que muere el sol,
y hay que quemar el cielo
si es preciso, por vivir,
por cualquier hombre del mundo,
por cualquier casa.
- Silvio Rodríguez
Sucumbiendo angustias, hace su elección.

Jesús permanecerá imantado un rato en el desierto de Judea después de ese bautizo con Juan. No lo hace para fugarse de la vida sino para penetrar en ella y en sí mismo, sin más estridencias que las propias.

El joven provinciano galileo, recorrerá el desierto rumiando la gracia y las desgracias que le han arado la existencia: la desesperanza del trabajador sin tierra, expulsado de su herencia davídica por una economía involucionada, sin projimidad. La solidaridad que se gesta entre los pobres, con esa forma de beber a sorbos la esperanza.

En las calcinantes entrañas de aquel páramo, se hará ofrenda. Corroborará la vocación que lo elige y Él ha elegido.  Nadie le impone un deber ser; y por eso, llega el día de lo impostergable. Porque cuando nos hacemos carne en los otros; el escarnio ultraja, la miríada de estertores y violencias contra “los otros que soy yo“ nos son insoportables, convulsionan nuestras entrañas. Entonces el ser se exige a sí mismo con-moverse.

Y así parte a lo suyo, y a los suyos.
Ayer soñé con los hambrientos, los locos
los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté cantando esta canción
que ya fue escrita hace tiempo atrás,
es necesario cantar de nuevo
una vez más.
- Charly García
Jesús decide habitar entre nosotros escuchando "las otras voces", las de los demás, con hambres de comunión, con un ansia ingénita por los otros.

Sencillo. Sin artificios, sin filtros, sin ningún ardid.

Con la prudencia en minúscula y la reputación siniestrada, se arrejuntará con los expropiados de amistad: trabajadoras sexuales, cobradores de impuestos, enfermos maldecidos, extranjeros. A todos ellos llamará “madre, hermanas y hermanos”. La pasión por los otros, por TODOS los otros, será su crítica radical al sistema patriarcal desde el sentir.

Reinventará el amor. La ternura, la duda.
   
Con vértigo, amurallará la vida de una adúltera de los que se sienten con derecho a matarla creyéndose mejores humanos. Tocará a los leprosos con hambres de caricias. Motivará la voluntad de los que tienen paralizadas no solo las piernas sino la vida. Se bronqueará con quienes arrojan de su lado a los niños que se le acercan. Con admiración, escuchará a la mujer que caducando miedo y prohibiciones, arrebata su sanidad y deja de sangrar después de doce años de enfermedad. Con llantos, resucitará a su amigo.

Se descolocará.

Se meterá en espacios que revelarán sus angustias, la fuerza de la cultura en la que creció, sus sesgos y prejuicios. Sumergido en esos desbarullos, se dejará interpelar, formar para la vida más allá de sus fronteras existenciales como judío. Como en su encuentro con la Sirofenicia y su hija endemoniada, cuando la aveniente demanda de la mujer - aun después que las llamara “perrillos”- germinará en Él; admiración, cambio de perspectiva, conversión.

En medio de la violencia de género, la subsistencia, la precariedad; muchas, muchísimas mujeres, seguían a Jesús en Galilea. Ellas fueron sus amigas, discípulas, compañeras de misión.  No obstante, al parecer, Jesús no iba acompañado de ninguna esposa. Jesús era un rabino, un maestro no ordenado, y muchos de ellos no se casaban. Como él mismo lo dijo alguna vez: “Hay quien se ha hecho así mismo eunuco por amor al reino de los cielos”. Pero aunque existe la posibilidad de que Jesús antes de su vida pública fuera casado o viudo a tenor de como era su entorno, la verdad es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que su proclamación del reino era fragorosa a niveles político-estructural, como también desde la intimidad, la afectividad y el cuerpo.

Por su modo de vivir, esa elección suya de amar desde el cisma, el delirio y la insurrección; su cuerpo estará constantemente en un estado de impureza ritual. No le importará. Él recorrerá sus días siendo y sintiendo, sintiendo profundo. Saldrá de su zona cómoda, se expondrá, pondrá su carne en aquello que realmente le está quemando por dentro. Y eso, obviamente, no será del gusto del canon.

Jesús vivió en oración y en fiesta, y esa fue su manera de ser frente a la adversidad. Dicho así tiene todo el sentido del mundo, pero su ímpetu no siempre encontraba correspondencia en la realidad de la estima que le proferían sus adversarios. Su poética vital cuestionó la malquerencia de los infelices crónicos, Él sabía que la solemnidad que no involucra dignidad, es una tontería. Que un rabí/líder/profeta no es aquel que sobreactúa su importancia; ni un poderoso político o religioso es, necesariamente, una autoridad.

Y así, en medio de la impunidad y la tiranía de Roma y sus feudatarios, Jesús gravitará sobre la palabra, y Él mismo será Verbo.  Se ocupará por ser y decir con toda la fuerza que tiene. Con humildad y transparencia, como entregándose, narrará historias sobre injusticias, perdón, búsquedas, vida. Conoce sus sentidos, por eso se ha merecido que ellas lo habiten y pueda contarlas. Como un hilo, como una cascada, como metiendose para adentro: hablará del reino, el reino de Dios.

Jesús convoca a todos a buscarlo, a arrebatarlo con vehemencia. El anuncio del gobierno de Dios en un mundo “plagado de horrores” ocasiona contradicción, crítica, inconformismo, lucha.  Porque frente a los que engendran violencias, los que llenan el mundo de texturas de muerte, frente a los que quieren desatender la vida, desde siempre han existido a los que se les sale la vida por los cuatro costados. A esos Él  reconoce como los suyos.

En favor de la ilusión, va de lugar en lugar rescatando, pero también siendo rescatado.  Recibiendo de ese amor que existe entre la gente que vive en pobreza pero que no es, de ninguna manera, miserable. Con todos ellos, en banquetes improvisados, hará el milagro de transformar a multitudes de desconocidos en comunidades.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces)
- Silvio Rodríguez
Así Jesús anduvo en Galilea; en la enajenación consciente, en la sublimación constante de lo que los abúlicos llaman locura. Con ese Espíritu, y con fama de exorcista y curador,  volverá a su aldea.

En la sinagoga de Nazaret leerá a tropezones al profeta Isaías. Al intentar explicarles el texto, sus paisanos lo violentarán. “¡¿Qué se habrá creído el hijo del jornalero José?!” Parece irritarlos que sea el cuerpo del muchacho provinciano, y no el de los sacerdotes o escribas, el que pretenda enseñarles sobre Dios y Su justicia.

Es que siempre el vino nuevo, el reino de Dios, revienta los odres viejos acostumbrados a la religiosidad rancia.

Lo echan, casi lo matan. Entonces decide continuar su camino emparentando con la gente más oprimida, contestataria y radical de su nación. La urgencia de la vida, apretada en su ser como un mazo de cantos, gritos, llantos abrazando las protestas de todas las voces de todos; sacude, golpea. Él se insubordina por y con su nación. Porque la esperanza nunca surge de un solo individuo. Cuando se junta gente con hambres de ilusión, es cuando en verdad ella irrumpe. Juntos, revueltos hermanados. Así.

Mas Jesús al mismo tiempo que declaraba amor, también maldecía. Insultaba a quienes consideraba que ultrajaban la vida. De actitud punk, incómodo, nadie olvidará que Jesús afrentó el orden natural del templo con un látigo que él mismo construyó, destrozando rabiosamente los negocios de los que habían convertido la fe en un bien de consumo. Lo destroza todo y nunca, jamás, se justifica así mismo por ello.

Y es que Jesús no es un galileo armado, es un ser apasionado por Dios y totalmente convencido de que va instaurando su reino. Un hombre cercano, alegre, libre y esperanzado. Un hombre íntegro que no desprecia el vino. Que ama tanto la dignidad como la libertad. Por eso su  prédica absolutamente religiosa es decididamente política, también. 

Pero el Mesías de lo guerrero y lo social, no tenía cabida en el imperio romano.

Cuando se declara que Él era que “había de venir”, lo hace sabiendo todas las consecuencias. Sabe que es una afrenta política de la que nadie escapa con vida. Y recuerda la fila de crucificados camino a Séforis, que vio de niño.

Perdonará.

La gente cree que tenía alrededor de treinta y tres años cuando uno de sus amigos más cercanos lo entrega a las autoridades religiosas identificandolo con un beso. Lo apresan y logran acusarlo de sedición contra el imperio. Lo torturan. En la cruz donde es asesinado, escriben la acusación contra Él: “Jesús nazareno rey de los judíos”.
¿Dónde están las palabras, la casa, mis antepasados,
dónde están mis amores, mis amigos?
No existen, mi niño.
Todo está por construir.
Debes construir la lengua que habitarás,
construir la casa donde no vivas solo
y encontrar los antepasados que te hagan más libre.
Y debes construir la educación sentimental
con la que amarás de nuevo.
Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general,
porque los que despiertan son la pesadilla de los que aún duermen.
- Tiqqun.
Resucitará.

Y la vida no será absurda, nunca más.

Sobre la autora:

Érika es peruana de nacimiento; Biblista, Teóloga y Odontóloga. Desde el 2004, Erika se ha desempeñado como Coordinadora de la Campaña de Desafío Miqueas para América Latina, un esfuerzo mundial que busca promover el compromiso y la participación de la Iglesia Evangélica para la reducción de la pobreza en el mundo. Actualmente, Érika es parte de la Comunidad de Fe de la Iglesia Cristiana Reformada de Norteamérica y miembro del Consejo Directivo de World Renew.



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