¿Quién fue Billy Graham?

Por René Padilla, Ecuador y Argentina


El miércoles 14 de febrero de 2018, a los noventa y nueve años de edad, falleció Billy Graham, el famoso evangelista cuyo mensaje que predicó a nivel global por seis décadas llegó al mayor número de personas que registra la historia contemporánea de la Iglesia. Grant Wacker, uno de los investigadores más destacados en la historia y la trayectoria actual del movimiento evangélico, probablemente tiene razón cuando en su biografía de Billy Graham intitulada America´s Pastor: Billy Graham and the Shaping of a Nation, afirma que su biografiado, junto “con Martin Luther King y el Papa Juan Pablo II fue uno de los cristianos más influyentes del siglo XX”.

¿A qué se debió la fama de Billy Graham? ¿Qué hizo de él “uno de los cristianos más influyentes del siglo XX”? En realidad, no hay una sola respuesta posible. Sería exagerado decir que las respuestas varían tanto como sus autores. Sin embargo, lo más probable es que todas las respuestas posibles no reflejen tanto la realidad objetiva como la perspectiva teológica de quienes las emiten. Según Grant Waker, lo que hizo de Billy Graham una figura tan influyente fue que “encarnó”, por así decirlo, la cultura de su medio ambiente, de la cual derivó sus varios roles de predicador, empresario, típico ciudadano estadounidense del Sur de su país y patriarca evangélico. Fue un fiel representante y a la vez un hábil moldeador de esa cultura y sus valores.

Este análisis del distinguido historiador coincide en gran medida con el artículo que Matthew Avery Sutton publicó con el título “Billy Graham was on the wrong side of history” (Billy Graham estaba en el lado equivocado de la historia) en el periódico The Guardian una semana y un día después del fallecimiento de Billy Graham. La tesis central de esta dura crítica del mensaje del evangelista se resume en el primer párrafo del artículo:

A finales de la década de 1950, Graham integró sus avivamientos y pareció apoyar el floreciente movimiento por los derechos civiles. Este es el Graham que la mayoría de los estadounidenses recuerda. Pero a medida que el movimiento creció, se expandió y se volvió cada vez más conflictivo, la posición del evangelista cambió. Una vez que líderes como Martin Luther King Jr. comenzaron a practicar la desobediencia civil y pidieron al gobierno federal que garantizara los derechos de los afroamericanos, el apoyo de Graham se evaporó.
A juicio de Sutton, estar en “el lado equivocado de la historia” es cerrar los ojos para no ver el crecimiento de las tensiones raciales y del calentamiento global, y no hacer absolutamente nada para frenarlos. Desde su perspectiva, esta indiferencia que caracteriza a los evangélicos en general frente a estos males que están destruyendo el mundo actual es tal vez “el legado más significativo y más triste de Graham”. Y es posible que cuando él sea juzgado por Dios, “por fin se dé cuenta de cuánto le falló a su país y tal vez a su Dios. Sobre los derechos civiles y la crisis ambiental —los asuntos más importantes del tiempo en que vivió—, defendió políticas equivocadas. Graham estuvo en el lado equivocado de la historia”.

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¿A qué atribuye Sutton la actitud de Billy Graham y de los evangélicos en general, por lo menos en los Estados Unidos, frente a los derechos civiles y la crisis ambiental? Sin vueltas ni rodeos, la atribuye a la visión apocalíptica que predomina en el mundo evangélico —una visión según la cual estamos viviendo en “los últimos días de los humanos en la tierra”. Son días en que “solo los individuos como tales pueden alcanzar la salvación, los gobiernos no pueden. Las conversiones cambian los comportamientos; las políticas federales, no”.

No podemos pretender aquí hacer un análisis detallado de todos los logros de Billy Graham en beneficio de la causa del Evangelio. Basta mencionar que él fue el medio que Dios usó alrededor del mundo para la conversión a Cristo de millones y millones de personas que lo escucharon exponiendo su mensaje con elocuencia y sencillez en “campañas de evangelización”, o por radio o televisión. Muchas iglesias tradicionales reavivaron su celo por la difusión del Evangelio gracias a su ministerio. Fue el fundador, en 1953, de Christianity Today, la revista evangélica de mayor difusión en los Estados Unidos. También fue uno de los iniciadores del Movimiento de Lausana. Fomentó la unidad de la Iglesia por encima de las divisiones no sólo denominacionales sino también entre protestantes y católicos.

Aparte de todo lo dicho, añado dos observaciones basadas en mi experiencia personal con Billy Graham. Lo escuché en un discurso que dio en Wheaton College (su “alma mater”, como también la mía) en la celebración de la graduación de estudiantes que terminaban sus estudios universitarios. Habló sobre la humildad. No recuerdo detalles, pero sí recuerdo que me impresionó la honestidad con que hizo referencia a sus propias luchas por mantener una actitud humilde en relación con todos los elogios que recibía por su ministerio.

La otra observación es que me impresionó el interés que mostró en mí como persona cuando me invitó a almorzar con él y su señora en Montreat, Carolina del Norte, en un centro al que yo había sido invitado por una iglesia a dictar un curso. Fue poco después del Congreso Internacional de Evangelización Mundial que se realizó en Lausana, Suiza (Lausana I), en 1974.

Ya en el discurso que él dio en ese importante encuentro global sobre evangelización percibí con mucha claridad el énfasis individualista y ultramundano de su ministerio. Hago referencia al problema que ese su énfasis crea porque, si bien destaca la necesidad de la reconciliación con Dios por medio de Jesucristo, no da la debida importancia al hecho que esta reconciliación no puede separarse de la preocupación por la justicia social y la responsabilidad ecológica, ya que el Reino de Dios se manifiesta en medio de los reinos del mundo, el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo, y la misión de la iglesia, que enfoca en primer lugar lo personal, es inseparable de la vida diaria condicionada inevitablemente por lo estructural.

En conclusión, ¿quién fue Billy Graham? Fue un cristiano que se destacó porque Dios lo usó poderosamente para la difusión de las buenas nuevas de Jesucristo alrededor del mundo. Dios lo usó a pesar de deficiencias teológicas relacionadas con las dimensiones socioeconómicas y ecológicas del Reino de Dios que se hizo presente en Jesucristo. Y por eso, no obstante mis diferencias teológicas con este humilde predicador del Evangelio, doy gracias a Dios por su vida y su ministerio. Y con él comparto la misma esperanza que él expresó cuando escribió: ”Algún día leerás o escucharás que Billy Graham está muerto. Estaré más vivo de lo que estoy ahora. Tan solo cambiaré de dirección. Habré ido a la presencia de Dios.” Y como él, aspiro a que cuando para mi se realice el mismo cambio de dirección, por el amor inmerecido pueda unir mi voz a la de Billy Graham para decir con él: “Somos siervos inútiles: no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lc17:10).

Sobre el autor:

C. René Padilla es ecuatoriano, doctorado (PhD) en Nuevo Testamento por la Universidad de Manchester, fue Secretario General para América Latina de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos y, posteriormente, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Ha dado conferencias y enseñado en seminarios y universidades en diferentes países de América Latina y alrededor del mundo. Actualmente es Presidente Honorario de la Fundación Kairós, en Buenos Aires, y coordinador de Ediciones Kairós.


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