¡Contra el fanatismo!

Por José Chacón, Costa Rica

Imagen: Pixabay
Creo que estamos cansados del fanatismo. Claro, eso lo decimos ultimamente con mucha frecuencia y con razón. Sin embargo, todos podemos correr el riesgo de estarlo siendo. Todos podemos actuar como fanáticos en momentos como los que vive Costa Rica. Y, por supuesto, ningún fanático cree que es fanático, todos creen que están defendiendo un derecho (divino o terrenal), un pensamiento, un futuro o la vida misma. De tal manera que es muy difícil realizar que uno está convirtiéndose en un “hincha” fanatizado o que lo es o lo ha sido desde hace tiempo.

Así que quiero hacer una invitación a la reflexión, a todos y todas. A los cristianos que desean que gane un partido político evangélico, a los cristianos que no quieren que gobierne ese partido, a los no cristianos que no quieren que gobierne el partido oficialista y a los no cristianos que lo apoyan. En las cuatro versiones de costarricénse hay fanatismo.

Para empezar, creo que el poeta israelí Yehuda Amijai (que sabe de fanatismos en su tierra) puede ayudarnos cuando dice: “Donde tenemos razón no pueden crecer flores”. Es una frase útil.

El fanatismo es extremadamente pegajoso, afirma el también israelí Amos Oz, es más contagioso que cualquier virus: “Se puede contraer fanatismo fácilmente, incluso al intentar vencerlo o combatirlo. Leyendo periódicos o viendo televisión, es posible comprobar todos los días lo fácilmente que la gente se convierte en fanática antifanática”

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“Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Libertarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe” (Amos Oz, Contra el fanatismo).

Para poder lograrlo tenemos que avanzar un poco más en los mecanismos que hay en la ejecución o en la práctica del fanatismo. El fanatismo siempre utiliza lo que se ha denominado Imagen hostil.

Pero ¿Qué es una imagen hostil? Para H. Nikklas “la imagen hostil representa una totalidad más o menos estructurada de percepciones, imágenes y sentimientos que, bajo el aspecto de la enemistad, es aplicada de forma tipificada a una persona, a un grupo de personas o a pueblos o estados”. Es decir, es una imagen construida desde el sentimiento de la enemistad y que, con la ayuda de los medios de comunicación, es publicitada con el fin de destruir, desfigurar o exagerar la imagen real, configurando lo que llamamos comúnmente pre-juicios.

Siguiendo de cerca las ideas que de esto escribe el teólogo suizo Hans Küng, la imagen hostil cumple 4 objetivos claros:

1.- La imagen hostil exonera: ¡No somos nosotros! La imagen hostil dirige todos sus dardos en contra de un chivo expiatorio y le endilga las todas las culpas habidas y por haber. Infunde miedo, rechazo y odio. ¡La culpa es de los judíos! Decían vehementemente en la Alemania Nazi, ¡La culpa es de los comunistas! Se decía durante la guerra de Vietnam ¡La culpa es de los musulmanes! Se repite mucho ahora. En Latinoamérica la imagen hostil ha logrado que olvidemos gran parte de la historia reciente de nuestros pueblos. ¡La culpa es del socialismo! Nos grita la nueva construcción del miedo. La culpa es de los pobres, de los ateos, de los homosexuales… de los cristianos, de los curas, del Vaticano. Y así funciona la imagen hostil, exonera, señala a otros como los malos y los causantes de todo lo malo, gente sin valores y sin escrúpulos, se dice.

2.-La imagen hostil estabiliza: ¡Unámonos en contra del enemigo común! La imagen hostil logra bloques irreales. Sucede mucho en el fútbol. Los que fueron enemigos en el partido de la semana pasada, mañana se unen contra un enemigo común. Las iglesias que se lanzan piedras durante todo el año, las mismas que compiten para arrebatarse porciones de rebaño, se unen fantasiosamente (fanáticamente), y marchar contra un enemigo en común, para luego dispersarse con las mismas piedras en los bolsillos y continuar la contienda sectaria entre ellas. En política la imagen hostil crea voces que parecen unánimes, abrazos que parecen de amigos y propaganda que suena convincente. Sin embargo, al final de la contienda electoral, vuelven evidentes las falsas amistades y aquellos rumores de fatalidad en contra del enemigo común se decoloran entre las trincheras partidarias de toda la vida. Y nos damos cuenta que, una vez más, nos mintieron.

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3.- La imagen hostil polariza: ¡Quien no está con nosotros, está contra nosotros! De esa forma, la imagen hostil, divide pueblos, familias, iglesias y matrimonios. Agrupa a las personas en amigos y enemigos, los del sí y los del no, los que están a favor y los que están en contra. Realmente muy pocos podrían decir en qué cree un partido político en su totalidad o cómo piensa cierto candidato, pero lo que sí saben, gracias a la imagen hostil, es contra qué y contra quién hay que pelear. Nos obliga a posicionarnos, a estás allá o acá, a la izquierda o a la derecha, con los de siempre o con los nuevos. Nos obliga a ver las cosas acríticamente en dos tonos: o blanco o negro. “Las imágenes hostiles meten todo en un molde amigo-enemigo maniqueista” comenta Hans Küng. Lo sabemos, nuestro país se ha polarizado. La misión de la imagen hostil ha sido exitosa en eso. Miedos irracionales, chismes, cuentos, acusaciones infundadas, memes virales, parodias mal logradas colgadas en Youtube. Todo tipo de disparates que son lanzados como pequeñas bombas molotov de aquí para allá y de allá para acá. Una gran mejenga electoral.

4.- La imagen hostil moviliza: Ya no son necesarias las informaciones certeras, las constataciones, la contrastación de fuentes o, como mínimo, la consulta en diccionarios. Las informaciones pueden ser exageradas, falsas, las noticias manipuladas y hasta inventadas. Los medios de comunicación pueden ser políticamente tendenciosos. Pero la imagen hostil nos hace creer que, sobre todas las cosas, debemos defendernos del enemigo. No solo desconfiar de sus ideas y palabras, sino también agredirlo con toda hostilidad. Todos podemos lanzar piedras y todos somos invitados a la fiesta de la hostilidad, a la mejenga de pequeñas bombas molotov. La imagen hostil vence los escrúpulos incluso mucho más que las drogas, “las imágenes hostiles motivan con facilidad a la guerra, ya sea fría o caliente” remata Küng.

Junto a la imagen hostil, podemos encontrar otras dos imágenes. La primera es la “imagen ideal”. Es esa que idealiza a un candidato o a un partido. Es la que endiosa a una persona o a un equipo, aunque pierda. Ante esta imagen, también falsa y fanática, sepamos que no existe ningún partido que nos pueda sacar, en solo 4 años, de la deplorable situación en que estamos. No existe el candidato mesiánico que va a venir a salvarnos en menos de un lustro.

Finalmente existe la menos visitada “imagen real”. Es la que busca la verdad, la que evade el fanatismo, la que esquiva la tentación de creer en las imágenes hostiles. Es la imagen que busca la persona más responsable y madura. Y, como toda verdad, la imagen real solo se puede apreciar viendo a la cara, sin mediaciones, sin chismes, a los ojos, a cara descubierta y sin rubor. Viendo a la cara en los debates presidenciales, en los planes oficiales, en las declaraciones completas y en las entrevistas sin editar. Busquemos entonces, una imagen real de cada candidato y evadamos, a como dé lugar, toda imagen hostil que nos impida ver con claridad. Pero sobre todo, no seamos parte de la marejada hostil, del apocalipsis zombi de fanáticos locos. Seamos… podemos serlo, seamos mejores que eso.

Para terminar, me atrevo a dejar una ultima idea: La del “acuerdo”. Se requiere llegar a un acuerdo nacional, a un compromiso doloroso. Y la expresión “llegar a un acuerdo” tiene una reputación nefasta. Especialmente entre los que siguen considerando que llegar a un acuerdo es falta de coraje. No en mi vocabulario. Para mí, la expresión “llegar a un acuerdo” significa vida. Y lo contrario de llegar a un acuerdo no es idealismo ni devoción. Lo contrario es fanatismo y muerte. Se requiere llegar a un acuerdo, a un compromiso, no llegar a una capitulación.

Sobre el autor:
José Chacón es de Costa Rica, ha realizado estudios de Periodismo, Biblia y Teología. Es autor de los libros "El Decálogo, un canto de adoración" y "Spiro". Fundador de la Comunidad Interludio.



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