Dos tipos de sabios

Por Ulises Oyarzún, Chile y México


El libro de Job muestra el diálogo entre hombres considerados por sus comunidades como hombres sabios. Los amigos de Job son sabios que responden a un modo de ver la vida más apegada a la tradición que imperaba en su época, la "teología de la retribución. Ellos no se aventuraban a cuestionar esta estructura, para ellos la vida era en blanco o negro.

Si sufres es porque Dios te está castigando por algo malo que hiciste. Si has hecho el bien, Dios te bendecirá.

Pero Job es otro tipo de hombre sabio, es un hombre que conoce esta manera de entender el mundo, pero va más allá, se atreve a hacerse preguntas profundas y cuestionar todo (incluso a Dios).

¿Qué hace que Job salga de este paradigma cerrado? - El dolor, la tragedia, el luto. 

Así pasa hoy, hay gente inteligente, que ha fundado su vida y su visión de cómo debiera funcionar la existencia, de quién es Dios, basados en tradiciones, que más que generar preguntas, ha elaborado una fuerte muralla de contención, con respuestas sólidas e impenetrables. Pero también hay gente inteligente , que producto de eventos desestabilizantes y como resultado de abrirse al dolor sin certezas inamovibles, han aprendido el misterio de vivir una vida anclados en la esperanza, pero en constante comunión con paradojas, en constante comunión con experiencias que salen del marco matemático de una lógica rígida.

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Volviendo al libro de Job, al final Dios aparece, pero la sorpresa es que no aparece para responder las dudas de Job, sino para hacer más preguntas.  Lleva a los protagonistas de este round filosófico y teológico a la completa incompetencia intelectual.

El Dios de Job, es aquella presencia que nos trasciende, que se sacude de nuestros paradigmas basados en la causa y el efecto, pecado y castigo, obediencia y bendición.

Al final el libro culmina con un acto de sacrificio y oración. Job debe ofrecer un sacrificio por sus amigos y orar por ellos. Pues quizás esa es la mejor respuesta frente a las irregularidades existenciales, asumir nuestra incapacidad para sentirnos jueces de las experiencias del otro y reconocer que lo único que nos cabe es la contemplación de este Dios que frente a nuestra teología estricta, se nos escabulle como la arena entre los dedos.

Sobre el autor:

Ulises Oyarzún, chileno, ha sido conductor de radio, columnista de diferentes medios, pastor de jóvenes y precursor del "comedy stand up cristiano" en su país. Estudió Teología en el Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile. Ulises dice ser de sí mismo: "Experto en miserias y conflictos sin resolver, con un doctorado en turbulencias y tensiones existenciales. Soy feliz, tengo dos hijos y no tengo suegra".




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