Juan era aquel discípulo que siempre estaba cerca de Jesús. Se lo conoce como el discípulo amado. Y en esta carta nos habla sobre su experiencia de comunicación con Jesús (1. 1.4).:
– Lo que hemos oído.
– Lo que hemos visto con nuestros ojos.
– Lo que hemos contemplado.
– Lo hemos tocado con las manos.
– Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
A esta introducción podríamos llamarla “Experimentar al Señor de primera mano” (1.1-14)
El mensaje de Juan es que debemos experimentar de primera mano una comunicación directa con el Señor, y allí seremos capaces de comunicarnos satisfactoriamente con los demás seres humanos.
Los grandes temas de la carta son:
Cap. 1: Ver la Luz; Caminar en la Luz; Permanecer en la Luz; Vivir en la Luz.
- Andar en comunión con Jesucristo y con los hermanos implica una comunicación fluida y entusiasta. Creería que el mensaje nos impulsa y motiva a poder experimentar a cada momento una relación, una relación en la cual podamos tener plena confianza en los propósitos de Dios para nuestras vidas. .
- Comunicarnos con Jesús es vivir en la luz, y eso nos lleva a vivir en comunión unos con otros (1.5-7).
- Esta relación con el Señor nos permite admitir nuestras faltas, nuestras debilidades, equivocaciones y pecados; y él es fiel en respondernos con su amor y perdón (1.8-10).
Cap. 2: Amor y Comunión Fraternal como manifestación de la verdad
- Podemos conocer el amor de Dios y obedecer sus mandamientos, incluyendo el amor al prójimo (2. 1-6)
- Su propósito es que vivamos en amor y nos comuniquemos con amor (incluyendo la comunicación en la familia) hijos jóvenes y padres. (2.7-14).
- Cuidado con la comunicación de quienes se oponen a Cristo o anticristos: (el amor al mundo, la mentira, el engaño (2.15-29).
- Un aspecto importante de resaltar es que no debemos aislarnos del mundo. Fuimos puestos para comunicar la verdad al mundo, como sal y luz. Pero no podemos complacernos ni regocijarnos con la comunicación de quienes se oponen a Cristo.
Cap. 3: Dios comunica amor transformador
La comunicación se manifiesta en dos niveles principales:
- la comunicación divina de Dios a través de Su amor, que nos llama hijos,
- y la comunicación humana de los hijos de Dios, que se expresa en el amor activo y práctico hacia el prójimo, manifestado en obras de justicia, contrastando con la falta de amor y las obras malas que identifican a los hijos del diablo.
- Podemos confiar en Dios ya que somos sus hijos (3.1-10).
- Al amar a Jesús estaremos dispuestos hasta dar nuestras vidas por nuestros hermanos (3.11-24).
Referente a este tema, es muy interesante estudiar la vida de los mártires que dieron su vida por su fe. Generalmente ellos formaban parte de una comunidad de creyentes, y no se puede separar su amor a Jesús del amor a sus hermanos. Muchos fueron comidos por leones, otros quemados o ahogados. Es muy interesante ver cómo estas personas testificaban como mártires animando a sus hermanos. Incluso su sangre se llegó a comparar como semillas donde miles aceptaban al Señor por la fe de estas personas.
Cap. 4: Sepamos discernir las diferentes voces que llegan a nosotros.
- El amor de Dios transforma nuestras nuestra comunicación. y amar a Dios nos impulsa a comunicarnos con amor con las demás personas, pero al mismo tiempo nos capacita para identificar las voces que comunican contra Jesús, contra su mensaje. (4.1-21).
Cap. 5: Una fe comunicadora y obediente
- Esta sección es como una síntesis de la carta, repasando aspectos anteriores, enfatizando que el resultado de nuestra comunión con Jesucristo es la Vida Eterna. La frase clave es: El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. (5.1-21).
Pienso que cada persona experimenta su espiritualidad de diferentes maneras; algunos son más visuales (lectura), otros auditivos (música, sonidos, etc. ), otros son más racionales y otros más emocionales.
El libro usa un lenguaje de relación íntima: conocer a Dios, permanecer en Él, y que Él permanezca en el creyente. Esta comunicación íntima produce alegría, seguridad de vida eterna y transformación en todos los aspectos de la vida.
Sobre todo, conocer a Dios no es agrandar nuestro cerebro, sino es una experiencia integral que nos capacita para la misión de compartir el evangelio y amar a las personas.
Para estudio complementario: