El infierno, ¿existe todavía? | Por Harold Segura

«…fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,


al tercer día resucitó de entre los muertos…»

Credo de los Apóstoles

"El Infierno" - Pintura de Luca Signorelli
En la audiencia papal del miércoles 28 de julio de 1999, el entonces papa Juan Pablo II (ahora San Juan Pablo II) habló del Infierno. Recuerdo las polémicas que provocaron sus palabras. Los medios de comunicación, tan afectos al sensacionalismo, incluso los especializados en asuntos religiosos, anunciaron a los cuatro vientos titulares como: «¡El infierno no existe y, si existe, estaría vacío!». De esto hace ya quince años; lo recuerdo bien porque en ese entonces era Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional, de Cali, Colombia (hoy Fundación Bautista Universitaria) y los estudiantes, ávidos de polémicas, hicieron de la noticia el tema de obligada discusión en cada clase.

¿Qué fue lo que dijo el Papa? El tema de su alocución había sido «El infierno como rechazo definitivo de Dios». Habló acerca de la realidad del infierno y dijo que no era un lugar físico. Explicó que es un estado que el pecador se construye de forma progresiva y definitiva por su aversión a Dios y su menosprecio al prójimo. Dijo que: «El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios»[1]. La noticia era, por lo menos para los que no somos católicos, muy positiva (disculpen la ironía), si tenemos en cuenta que hasta el Concilio Vaticano II la Iglesia católica defendía la doctrina según la cual todo el que estuviere «fuera de la iglesia católica… caerá en el fuego eterno, que está preparado para el demonio y sus ángeles»[2] ¡Díganme, entonces, si no era buena noticia para nosotros los protestantes!
 
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