Diálogos sobre desabsolutización, cristianismo y política | Por Nicolás Panotto

Este breve pero rico diálogo se disparó como comentarios a uno de mis últimos escritos en el blog, el cual plantea la necesidad de considerar las “pequeñeces” de la cotidianeidad como criterio de identificación política. De aquí, mi amigo Gusmar Sosa (G.S.) y yo (N.P) compartimos algunas ideas de cómo esta clave influye también en la “constitución política” de las comunidades eclesiales cristianas.

G.S. Entonces, ¿la "seducción política" deberá ser más que discurso? ¿Solo seduce la política cuando se hace parte de la sociedad y su rutina?

N.P. Más que en la rutina, en su cotidianeidad. Algunas preguntas serían: ¿qué es lo que la gente desea? ¿Qué tipo de discursos utilizan las personas? ¿Cuáles son sus necesidades reales? ¿Cómo podemos hacer para que lo que se propone sea respuesta a una demanda y no un paquete prefijado por un partido? En síntesis, ¿en qué medida lo que un partido o candidato dicen, se identifica con lo que la gente espera y es comprensible por ellos y ellas, y no se presenta como un discurso prefijado y con categorías que, por más lúcidas y excelsas que sean, la gente no las comprende o no significan nada para ellas?Y con esto no me refiero a "decir lo que la gente quiere", sino a utilizar un discurso lo suficientemente flexible, pertinente y abierto, donde las personas puedan encontrarse -y hasta confrontarse- a sí mismas y comprender que las propuestas responden a su contexto.

G.S. Cuando dices flexible, tocante al discurso, ¿te refieres precisamente a que ese discurso pueda ser operable?

N.P. Cuando hablo de "flexible" se me viene a la mente la necesidad de salir de los hermetismos discursivos de algunas ideologías políticas que, aunque ponderables, se hacen incomprensibles para la gente. Por ejemplo, el político que aquí analizo es cuestionado por el uso de "pequeñeces" de su vida cotidiana durante la campaña. ¿No serán precisamente tales pequeñeces las que crean empatía en las personas? Lamentablemente mucho votan sólo por tal empatía antes de analizar el trasfondo político que infieren. Por eso, ¿cómo podríamos traducir esquemas ideológicos y políticos pertinentes desde un marco discursivo más heterogéneo?

G.S. Es arrecho, y discúlpame la palabra, pero lo es. Hay muchos vicios que infectan la política. Ahora, ¿será que en un nuevo capítulo político, un capitulo positivo, la cristiandad podría ser parte de una dinámica más social?

N.P. Buen punto. Aunque sé que no es a lo que te querés referir, las comunidades cristianas tienen mucho que dar pero dejando precisamente su impronta de "cristiandad", que es aquella nomenclatura teológica medieval que buscaba la posibilidad de una "sociedad cristiana" regida por una moral y una jerarquía eclesiástica.Tenemos mucho que aportar como espacios de imaginación política, en el amplio sentido del término: cuando proyectamos los discursos e imaginarios cotidianos de las personas desde una teología que inspire la subversión constante. Es, precisamente, absorber aquellas "pequeñeces" de la vida, impulsándolas como signos de la construcción de la identidad, de la subjetividad, del cuestionamiento de lo establecido, etc.

G.S. ¡Buen cauce el que señalas intentar! Política sin intentarla como herramienta proselitista. Más bien, intentar la construcción de una sociedad, punto. Claro, insisto con mi terquedad ilusa de que para que el cristianismo juegue limpio en esta dinámica tendrá que olvidar sus pretensiones de poder y "única secta” más que secta, siendo secta (¡perdona la redundancia crónica!). Tendría que aceptar sus desaciertos teológicos para poder permitir una reforma interna y estar lista para el juego en el campo. Si bien el socialismo propone comunas, ¿por qué no proyectar las comunidades cristianas como motor o vehículo, más bien en la trayectoria de una política más social? ¿Por qué no hacerlas congruentes a la cotidianeidad?

N.P. No es ninguna terquedad ilusa. La única manera en que las comunidades eclesiales puedan ser instancias de imaginación política es, precisamente, construyendo una teología que deje los espacios de poder y los discursos absolutos, para reconocer la contingencia de la construcción de lo teológico. Como hablaba hace poco en una clase, la desabsolutización del discurso teológico implica una desabsolutización del lugar de la iglesia. Y desde lo que venimos hablando, dicha desabsolutización es el movimiento político central que las comunidades religiosas deben ofrecer. Esta desabsolutización implica un reconocimiento de lo heterogéneo -categoría si la hay para definir las dinámicas cotidianas. Desabsolutización de lo teológico es igual a la desabsolutización de la iglesia, lo cual implica una visión desabsolutizadora de los poderes hegemónicos sociales y la promoción de una pluralidad como espacio de acción política.

G.S. Una visión que sin duda no es conveniente para quienes, por medio del cristianismo, pretenden alcanzar lo que en "mundos reales" no podrían. Pero creo que debe tomarse en serio todo esto. Creo que es necesario el diálogo y la exposición de estas ideas, la concientización, la información, construir un nuevo camino. El cristianismo podría ser un movimiento positivo en esto, un nuevo capítulo, si comienza por desprenderse de sus vicios y por tomarse en serio como ente social y político, o político y por lo tanto social. La pluralidad debe ser una de esas estructuras que yo llamo débiles, que deben caracterizarlo para que entonces entre en el juego político con algo que ofrecer. ¿Es posible? ¿Cómo comenzar a hacer las bases para un nuevo escenario? Creo que en esta conversación hay muchos aspectos que pueden tomarse como respuesta.

Sobre el autor:
Nicolás Panotto es Licenciado en Teología por el Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires. Actualmente realiza su Maestría en Antropología Social en la FLACSO Argentina. Nicolás es Miembro del Núcleo de la FTL en Buenos Aires
Sitio web de Nicolás: Nomadismo Contingente 

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