Evangélicos en la política: ¿de qué «valores» estamos hablando? | Por Nicolás Panotto

Algunos evangélicos se promueven a sí mismos como salvadores de la política desde los «valores cristianos», supuestamente sin influencias, sin particularismos, sin preferencias, sin ideologías. Así, los «valores» se presentan como una palabra desideologizada y apolitizada que puede atravesar toda identidad política sin «contaminarse», y a la militancia política «en nombre de Dios» se la concibe en un escenario de tabula rasa, o sea, sin normatividad previa.


Con esto no negamos que Dios está más allá de cualquier tipo de determinación en estos campos. Pero, ¿qué de nuestra idea sobre Dios? ¿Acaso podemos decir que la manera de describirlo, comprenderlo, experimentarlo es «la» forma de hacerlo? ¿Acaso alguno de nosotros puede adscribirse el derecho de poseer la verdadera interpretación de la Biblia para llegar a tal afirmación? Existe un peligro muy dañino en enarbolar el nombre de Dios para legitimar como absoluta una manera propia de ver la vida, la moral, la fe. Encontrar este tipo de falacias es muy común entre evangélicos que militan en la política.
El caso argentino de la «diputada evangélica» Cynthia Hotton nos puede arrojar algunos ejemplos al respecto. Su vocación siempre fue expresada claramente: «...llevar los valores cristianos evangélicos al Congreso...» (Página 12, 15/10/2007). Ante tal desafío, emprendió la carrera partidaria como única vía para acceder a las esferas mayores de decisión. ¿Cómo congeniar su vocación cristiana con la opción de un partido concreto? Lo dice de esta manera: «Cuando la política afrontaba su peor crisis, yo sentí la necesidad de participar, y elegí “Recrear” porque representa los valores éticos y de excelencia en la gestión pública con los que me identifico» (Noticias Cristianas, 10/10/2007).


Más allá de esta preferencia partidaria particular (un partido político identificado con ideas de derecha) que al tiempo abandonaría por diferencias internas con el «PRO» —partido asociado a «Recrear»— por su apoyo a la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, la diputada Hotton definió su participación política desde su lugar como cristiana y no ya, al menos exclusivamente, como miembro de un partido: «Y ahora pienso decididamente mi identidad como cristiana en la política. Porque los partidos en la Argentina —ser del PRO, del peronismo, del radicalismo— no te definen como antes ideológicamente. Hoy soy partidaria de jugarme más con mi identidad de cristiana evangélica. Las cosas que decido y las que pienso son a partir de mi identidad como cristiana» (Carbonelli y Dominzain, p. 16).


Nuestra «identidad cristiana» y sus «valores», ¿están intrínsecamente vaciadas de cualquier opción ideológica? ¿Acaso las propuestas de la misma Hotton no responden a un marco social, político e ideológico definidos fuera de su creencia? ¿Su opción es la de todos los evangélicos?

Cynthia Hotton afirmó en reiteradas ocasiones su vocación de ser «sal y luz» en el campo de la política, aludiendo a las metáforas de Jesús en los Evangelios. Para ella, «los evangélicos en política debemos ser sal y luz, para poder reformar las prácticas. Demostrar, sobre todo, otra forma de hacer política, poner el acento en el cómo, promover el diálogo como práctica ejemplar» (Carbonelli y Dominzain, p. 9).
Aquí, otro gran peligro del compromiso evangélico con la política: el complejo mesiánico o, como dice René Padilla, «la tentación constantiniana» (Yoder, Solano, Padilla, p.76ss.; Carbonelli y Dominzain lo denominan «lógica redentorista»). Esta actitud termina siendo, paradójicamente,apolítica: los políticos evangélicos se posicionan en un «lugar de verdad» que tiene el doble riesgo de fomentar una práctica reducida de lo democrático y de asumir un ingenuo posicionamiento desde donde se promueven lecturas particulares y cuestionables de ciertos «valores».


Un particularismo político e ideológico, negado y escondido bajo la nomenclatura de «valores» —por ejemplo, ponderar ciertas cosmovisiones en torno a la familia, la sexualidad, el lugar de lo religioso en la sociedad, etc.— puede asumir un estatus de absoluto al presentarse desde una identidad religiosa. En este sentido, Hotton expresó frases democráticamente cuestionables como «No queremos un estado más laico. Queremos un estado donde lo religioso, los valores religiosos, sean contemplados y tenidos en cuenta...» (Carbonelli y Dominzain, p. 17), e hizo un delicado uso de legitimaciones bíblicas para decisiones discutibles y cuestionables como se reflejan en esta entrevista:


- ¿Y cuál fue su postura en la cuestión del campo [conflicto de los grandes productores agropecuarios con el gobierno nacional]?
- Bueno, tomé el versículo de Josué 1.6 y 1.9 de «esfuérzate y sé valiente», y después dice: «sigue la ley y no te apartes ni a diestra ni a siniestra» (Pulso Cristiano, 2008).

Posicionamientos como los de Hotton, propuestos como «valores cristianos», no representan atodo el pueblo evangélico, y menos aún cuando se los enarbola como «valores absolutos». La idea de un «pensamiento único» va contra la propia esencia y constitución de la fe cristiana. ¿Acaso la misma identidad plural del cristianismo no tiene mucho que aportar a la comprensión de lo democrático? ¿Por qué tomar dicha pluralidad como un accidente coyuntural o aún erróneo, como dirían algunos, y no como una manera de entender la fe? ¿Son los «valores» una lista de moralinas?

Una actitud religiosa pedante es un obstáculo para la construcción de la democracia, entendida no como el reino de «la mayoría» sino como una experiencia social que reconoce el derecho de todas las identidades, su diálogo y hasta su conflicto inherente. Es hora de jugarnos por valores que tengan que ver con la apertura de un espacio plural, de diálogo y de litigio constructivo, tal como podría representar el cristianismo desde sus comienzos.

Referencias

- Marcos Andrés Carbonelli y Julia Muriel Dominzain, «Evangelismo en el Congreso: estudio de trayectoria de la diputada nacional Cynthia Hotton» PDF AQUI

- Entrevista a la Diputada Cynthia Hotton, Pulso Cristiano, Año 3, Nº 113, 19 de junio de 2008.
John H. Yoder, Lilia Solano y C. René Padilla, Iglesia, ética y poder, Ediciones Kairós, Buenos Aires, 1998.

Artículo publicado en la Revista Kairos, Año 11, Nro. 26, Enero 2011, pp.34-36

Sobre el autor:
Nicolás Panotto es Licenciado en Teología por el Instituto Universitario ISEDET, Buenos Aires. Actualmente realiza su Maestría en Antropología Social en la FLACSO Argentina. Nicolás es Miembro del Núcleo de la FTL en Buenos Aires
Sitio web de Nicolás: Nomadismo Contingente 
 
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