"... y perdónanos nuestras deudas" | Por Harold Segura C.

Harold Segura C. | Crónicas e impresiones desde Lausana III (9)
Ciudad del Cabo, Octubre 23 de 2010

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Hace quince minutos terminó la última plenaria de este día cuyo tema central fue la integridad. En el programa impreso se anunciaban tres subtemas: humildad, integridad y simplicidad (o sencillez). Tenía mucha expectativa con el énfasis, sobre todo por el interés personal que he tenido en los últimos años en explorar el significado de la espiritualidad cristiana.  A propósito, y si en este espacio se permiten comerciales, tengo uno: Editorial Kairós publicará a finales de este mes la versión en castellano de mi libro publicado hace dos meses en portugués por Editora Ultimato. En portugués, Para que serve a espiritualidade?[1], en castellano, Una iglesia para los demás[2]. Prometo que será el primero y único anuncio.

Bueno, les decía de mi interés por la espiritualidad (de conocer su significado y vivirla más en profundidad) y de mis expectativas con el desarrollo del programa de hoy. Además, quería conocer personalmente y escuchar al Dr. Christopher Wright, escritor de La misión de Dios, uno de los tres mejores textos sobre misionología publicados actualmente en castellano, junto con Misión en transformación, de David Bosch, y Teología para la misión hoy, de dos autores católicos,. B. Bevans y R. P. Schroeder (el prólogo de este último lo escribió el historiador metodista Justo González).

Wright (Reino Unido) hizo, junto con Femi Adeleye (Nigeria) y de Elke Werner (Alemania), un llamado a la humildad, la integridad y la simplicidad. Creo, y lo dije hace pocos minutos en Twitter, que hoy hemos tenido el mejor día del Congreso. Nada de moralismos, menos de espiritualidad intimista y de refugio. El problema central de la fe, dijo Wrigth, es la idolatría, pero la idolatría practicada por el mismo pueblo de Dios; dato que demostró con textos del Antiguo Testamento. Por lo tanto, la preocupación que se desprende no es, como se había dicho por parte de otros panelistas, el ataque a la verdad por parte de las falsas religiones, si no, la incongruencia de la fe por parte de la Iglesia. De acuerdo; sí, totalmente de acuerdo.

El futuro de la fe cristiana, de su credibilidad ante los demás y de su pertinencia para este nuevo siglo depende, no de la habilidad para defender los contenidos doctrinarios, sino de la congruencia en cuanto a tres asuntos centrales: el ejercicio del poder (conjugado con la enorme tentación de querer ser populares y exitosos), la actitud frente a las riquezas (léase la codicia y la obsesión por la prosperidad a toda costa) y los estilos de vida, en especial de quienes ostentan los lugares de liderazgo (esto, ante el orgullo campante que ya se observa en muchos de los más famosos clérigos evangélicos). Se atacó, sin reserva, al movimiento de la prosperidad (la mal llamada teología de la prosperidad), las repetidas y públicas pugnas entre muchos grandes líderes evangélicos y los estilos dictatoriales de los ahora llamados apóstoles de la Iglesia (en América Latina abundan). Lo que se necesita, entonces, es una nueva reforma de la Iglesia que reclame una Iglesia más parecida a Jesús y más fiel a los valores del Reino.

La mañana terminó con una letanía leída por los tres expositores. Se pidió perdón por haber hecho de la fe, en cientos de casos, una fuente de explotación económica, por la idolatría del éxito, por el abuso manipulador de las estadísticas, por la deshonestidad con la que hemos actuado al anunciar el evangelio, por la falta de coherencia entre lo que anunciamos y lo que vivimos…Y los presentes respondíamos al unísono: «Ten misericordia de nosotros, Señor, y que nuestros corazones se aparten de los falsos dioses». Y, en silencio meditativo escuchamos al fondo, una grabación de la canción del chileno Leonardo Álvarez, Inevitable (única canción en castellano incluida hasta ahora por el programa oficial).

En la tarde se ofrecieron cuatro Múltiplex (foros): uno sobre ética y tecnología, otro acerca de pobreza y prosperidad (seguro hablaron un poco más en contra de la teología aquella), otro sobre hombres y mujeres en la misión (ya en la mañana Elke Werner había hecho varias afirmaciones acertadas al respecto), otro acerca de teología de la niñez y, al final, añadieron uno sobre sexualidad y Creación. Participé en el penúltimo que acabo de mencionar. Salí animado para seguir trabajando este tema tan reciente como necesario en América Latina.

¿Me notan animado? Sí, lo estoy, Ya les dije, creo que ha sido el mejor día. No se dijeron cosas que no se hubieran dicho antes. Me encontré en uno de los pasillos a Sthepanie Andrade (Ecuador-Costa Rica), Asistente de Ruth Padilla, y me dijo con la gentileza y naturalidad que le conozco, «todo muy bien, pero nada nuevo; nada que uno diga, esto es primera vez que lo escucho». Tiene toda la razón Sthepanie. De ella me separan, quizá, más de 25 años de edad. Y no dudo que con la juventud uno quiere escuchar lo que nunca se ha dicho. Lo nuevo, ante todo. Después de los 50, Sthepanie, uno se alegra que se diga lo que hay que decir (así se repita mil veces) o lo que se había dejado de decir (así se hubiera dicho antes mil veces). La precisión, ante todo.

«… y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:2).


 
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