¡Que viva Lausana! Reconciliémonos de una vez | Por Harold Segura C.

Harold Segura C. | Crónicas e impresiones desde Lausana III (5)
Ciudad del Cabo, Octubre 19 de 2010

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La representación de América Latina creo que pasa de 400 personas, incluidos los latinos que viven en otras partes del mundo y que están presenten aquí en Ciudad de Cabo. No he leído un registro oficial de ese número, es un simple cálculo «a vuelo de pájaro», como decía mi abuelo, que hice ayer lunes en una reunión que convocó el Dr. Norberto Saracco (Argentina), Director Internacional para América Latina del Comité de Lausana. Nos reunimos para encontrarnos por primera vez (habrá otra reunión regional), saludarnos y escuchar informaciones generales acerca del Congreso y de nuestra participación en él. Encuentro muy a lo nuestro: informal, cálido, amistoso, aunque con cierta improvisación que casi siempre se disfruta.

Esta reunión latinoamericana terminamos orando por Ruth Padilla DeBorst, Secretaria General de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, quien tenía a su cargo la exposición bíblica de hoy. ¡Qué bien nos representa Ruth!, no sólo en este Congreso con su presentación magistral de hoy, sino también en tantos foros internacionales donde ella es invitada. Al ritmo que va, en poco tiempo, yo creo, el Dr. C. René Padilla, su distinguido padre, será conocido como «el hijo de Ruth» (permítanme, René y Ruth, esta nota de humor con cariño).

El tema del día fue la reconciliación y, el capítulo asignado para el estudio bíblico, Efesios 2. En la primera parte del estudio tuvimos el diálogo y la meditación en grupo, después la exposición y, al final, las aplicaciones también en grupo. Para esta última parte, la queja generalizada ha sido el tiempo tan limitado que se nos ha concedido. No creo que haya un solo grupo que haya logrado cubrir las seis preguntas en los veinte minutos programados.
 Ruth siguió con disciplina las instrucciones del Congreso, tanto en el tiempo como en el enfoque. No era un sermón, tampoco una conferencia, menos un panegírico (aunque el tema lo ameritaba); era una exposición exegética de carácter pastoral que aportara elementos para las aplicaciones de los grupos. Ruth fue clara (en el inglés con el que muchos soñamos y ya nunca lograremos), contundente cuando mencionó los temas cruciales de la reconciliación y enfática en decir que el reinado cósmico de Cristo (Efesios 2:1-7) tiene implicaciones concretas en la materialidad de las comunidades de fe y en la sociedad en general (Efesios 2:8-22). Antes de terminar anunció que, por favor, no fueran a aplaudir, sino que hiciéramos silencio y oráramos respondiendo así al texto leído y explicado. Todo el auditorio cumplió; nadie aplaudió (excepto algunos rebeldes que nunca y en ninguna parte faltan). Al terminar la oración silenciosa todos irrumpimos en aplausos. (Los videos pueden verse aquí: Primera Parte y Segunda Parte)

Terminada la sesión de estudio bíblico fuimos al receso. En el receso nos reunimos algunos amigos y amigas para conversar sobre el Congreso y las inquietudes y observaciones que he expresado por este medio. Después regresamos al salón principal para la segunda plenaria. Hablaron, en su orden, Pranitha Timothy (India), quien ha servido en Chennai, India, en un ministerio de restauración de personas que han sufrido abuso sexual, y en la liberación de esclavos; Brenda Salter-McNeil (USA), pastora especialista en reconciliación racial y étnica; Shadia Qubti (Palestina) quien pasó a la plataforma junto con Daniel Sered (Israel) para dar testimonio de la reconciliación posible y urgente en el conflicto entre los dos pueblos. Entre testimonios de vida y lecciones aprendidas a través de sus experiencias de servicio, los expositores resaltaron el lugar de la Cruz como camino de reconciliación social, étnica, económica, política y espiritual. Dijeron que esta reconciliación es también tarea ineludible de nuestra misión cristiana.

¿Me notan optimista y con algo de entusiasmo? Tienen razón; el tema y las exposiciones dan para eso y mucho más. Tal cual está proyectado el programa y los temas de cada día, pienso que lo de hoy puede estar entre lo mejor que podemos esperar. Lo digo por la pertinencia de la reconciliación como encargo misionero en medio de un mundo dividido en miles de fracciones. «Porque Él mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación» (Efesios 2:14). Aquí está el corazón teológico del Congreso; me parece a mí.

Termino diciendo que una de los lugares que más se disfrutan en un encuentro como este son los pasillos. ¡Qué alegría encontrar tantos viejos amigos y amigas! Compañeros de estudio (cuando éramos seminaristas hace más de 30 años), colegas en el ministerio, en fin. En algunos casos, amigos con los que se comparte la vida, aunque no siempre se tengan las mismas opiniones. Son amigos (no sólo hermanos), así provengan de donde provengan y piensen y crean lo que ellos hayan decidido pensar y creer.

Aquí están los fundamentalistas, los conservadores, los liberales y los que se dicen progresistas (también los que no saben de cuáles son); los que sólo quieren evangelizar y evangelizar y los que sólo quieren servir y servir (¿hasta cuándo andarán por su propio camino?); los que vinieron creyendo que esto era una Campaña a lo Billy Graham y los que aterrizaron creyendo que sería un plenario de serio debate teológico (también algunos que vinieron para conocer el Green Point, donde se jugó la semifinal entre Brasil y Holanda); están también los que vinieron para vender sus libros y promocionar sus ministerios (el mercadeo se ha vuelto una  necesaria especialización de las iglesias) y los que llegaron con la intención de orar, aprender y crecer en el espíritu. Y amigos los hay de todos.

Miren, pues; en esto de la amistad, este Congreso no ha podido ser mejor. ¡Qué viva Lausana III! Reconciliémonos de una vez.
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