«Sí, Harold, el infierno ¡existe todavía!» | Por Alexander Cabezas - El Blog de Bernabé

Breaking

Home Top Ad

viernes, 7 de junio de 2024

«Sí, Harold, el infierno ¡existe todavía!» | Por Alexander Cabezas

En respuesta al artículo "El infierno, ¿existe todavía?", publicado por el Blog de Bernabé y escrito por Harold Segura

Estimado Harold,

Quiero expresarte mi gratitud por este artículo que, desde hace tiempo, me ha brindado muchas reflexiones y ha iluminado algunos de mis puntos de vista, aunque admito que ha sido un proceso gradual y aún siento que estoy en ese proceso.

Recuerdo que conocí tu trabajo a través de algunos ensayos sobre la niñez, que me fueron proporcionados por un excelente jefe, Alfredo Mora, mientras daba mis primeros pasos en una organización mundial a favor de la niñez. Tu estilo ameno, la profundidad lúdica y la claridad en tu escritura me engancharon y fueron fundamentales en la construcción de la percepción sobre la niñez desde el enfoque teológico que hoy tengo.

Con el tiempo, tuve la fortuna de conocerte en persona, gracias a los diversos espacios en los que nuestros caminos se cruzaron. Tiempos muy especiales, por cierto, donde logré cultivar una bella amistad contigo y tu esposa.

Debo confesarte que este tema me intrigaba. De hecho, experimenté cierta incertidumbre. No lograba conjugar la existencia de la maldad humana extrema con la idea de un Dios santo que permitiera en su naturaleza, tanta injusticia, especialmente por parte de aquellos que pensaron haberse escapado de un juicio mediante la muerte.

Deseaba fervientemente que existiera un infierno dantesco que sirviera como castigo eterno para todos esos malvados y opresores, desde los más prominentes hasta los más pequeños, que han transitado por este mundo causando daño a la humanidad (ese era mi público meta, ¡no tanto los pequeños herejes!).

Sin embargo, con el tiempo comprendí que en esa misma fila debería estar yo, reconocido como el pecador que soy, probablemente esperando mi turno, pues como dice la Biblia: “todos estamos destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Esto me llevó a cuestionarme si por mis propios méritos era yo mejor que cualquier otro ser humano ante Dios. Obviamente no.

Afortunadamente, el apóstol Pablo ofrece una solución en el siguiente versículo: "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" (ver. 24). Sin mucha especulación interpretativa sobre quiénes serán los destituidos de la gloria de Dios, ¿no sería suficiente castigo no heredar la vida eterna, tal como dice Romanos 6:23, o es que nuestro masoquismo religioso se goza en pensar en un sufrimiento eterno por los siglos de los siglos?

Fue cuando me di la tarea de inquirir más y buscar algunos autores con diferentes enfoques para una comprensión más amplia y, tu artículo fue como un detonante que sembró una semilla de inquietud en mí, llevándome a considerar otras posibilidades para romper un paradigma arraigado por décadas.

Recuerdo las palabras de un profesor, experto en Nuevo Testamento, que afirmaba no creer en un mal llamado "rapto" (parousia), pero que, en caso de descubrir su error, ¡sería el primero en irse con el Señor! Después de todo, su salvación estaba fundamentada en la obra de Jesús en la cruz y no en una doctrina debatible por sus diversas interpretaciones, al igual que el infierno en su expresión popular.

Personalmente, no tengo la intención de iniciar una campaña para proclamar estos hallazgos a los cuatro vientos. Además, son asuntos que debemos mirar, como decía Barth, con el “rabillo del ojo” (término que usaba para referirse a algunas doctrinas escatológicas), cuando lo urgente y necesario en este mundo desolado, es promover el amor y la esperanza, así como los valores del Reino que nos enseñó Jesús.

Sé que estas conclusiones serán recibidas de diversas formas y un sector inmediatamente responderá citando aquellos textos bíblicos sobre el infierno (fuera de contexto), intentando señalar lo desviado de mis conclusiones. Habrá otras personas más intolerantes que no soportarán que se les cuestione la imagen de "las llamas encendidas avivadas por los arpones del demonio y donde se consumen los impíos" (Segura).

Pero no los culpo; en su gran mayoría, son personas que así fueron adoctrinadas. En dado caso, será como desenmarañar un nudo intrincado, una creencia arraigada que ha pasado de generación en generación. Por lo tanto, un cambio implica una lucha interna contra el ego, su mala formación y contra la tradición que por décadas se ha tejido en nuestras bases teológicas.

En palabras tuyas: 

La imaginería popular, católica y evangélica, seguirá construyendo sus ‘verdades’ sobre el principio de que lo que se ha enseñado se seguirá enseñando y lo que se ha leído se seguirá leyendo de la misma manera y con el mismo sentido, por los siglos de los siglos. ¡Como si la fidelidad espiritual fuera sinónimo de terquedad teológica!" (Segura)

Entonces, Harold, sí, ¡todavía existe el infierno! Lamentablemente para algunos así será. Aunque mi esperanza es que en otros despierte cierto interés para continuar inquiriendo con mayor profundidad y saquen sus propias conclusiones. Esta debería ser la ruta que nos toca seguir si hemos de buscar esa verdad que nos hacen libres (Juan 8:32).

Sobre el autor:

Alexander Cabezas Mora es costarricense, master en Liderazgo Cristiano y en Teología. Se ha desempeñado como conferencista, pastor adjunto, profesor de varios seminarios teológicos y consultor en materia de niñez y adolescencia para varias organizaciones internacionales. A participado como escritor y coescritor en varios libros entre ellos, Huellas, Spiro, Entre los Límites y los Derechos, Disciplina de la Niñez, En sus manos y nuestras manos, la co-participación de la niñez y la adolescencia en la misión de Dios y Oración con los ojos abiertos.

¿ALGO QUE DECIR? COMENTA ESTE ARTÍCULO MÁS ABAJO CON FACEBOOK, BLOGGER O DISQUS 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario