Las minorías también estamos presentes | Por Harold Segura C.

Harold Segura C. | Crónicas e impresiones desde Lausana III (8)
Ciudad del Cabo, Octubre 22 de 2010

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Después del día libre de ayer (para el reposo) yo pensaba que llegaríamos un poco más descansados, pero no ha sido así. El descanso nos cansó y hoy nos estamos reponiendo de las largas caminatas, del frío (por momentos intentó llover) y del sol que brilló a media luz en la tarde. Hoy he visto gente durmiendo en las sesiones y a otros bostezando a brazos abiertos. Tienen derecho; es parte de las bendiciones preparadas por el Señor para estos días. También en la mañana, cuando iniciamos el estudio bíblico en pequeños grupos, observé que no tuvimos la misma participación y el entusiasmo de los días anteriores. Fuimos a paso lento (yo aún más lento por mi inglés a lo Tarzán) con el texto del día que fue Efesios 4:1-16, donde el apóstol escribe acerca de la unidad de la Iglesia en medio de la diversidad de funciones y de dones.

Me repuse del cansancio tan pronto recordé el tema central del texto: la unidad de la Iglesia. Después de las observaciones del grupo, como todos los días, recibimos una exposición magistral desde la plataforma (a propósito, la plataforma tiene un telón de fondo que es electrónico y su diseño cambia cada diez minutos). El presentador de hoy fue Vaughan Roberts (Reino Unido), escritor, abogado y director de una institución de formación misionera ubicada en Oxford. ¿Qué dirá de la unidad?, pensé para mis adentros con expectativa y curiosidad. Pensé en lo nuevo que se diría sobre el tema ecuménico. También pensé, cómo no, en mi respetado amigo Monseñor Juan Usma Gómez (Colombia), representante del Vaticano como miembro del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que estaba sentado a pocos metros de mi mesa.

Dijo el expositor que, primero, la unidad (jamás usó el término de ecumenismo) requiere creer en la verdad y, segundo, proclamar esa verdad. Desarrolló esos dos puntos explicando que la verdad (otra vez el tema del primer día) sí importa para que haya unidad, así como importa que los que están unidos en Cristo lo expresen predicando esa verdad. Esto es lo que podríamos llamar aquí un pensamiento de circuito cerrado: el punto de partida es el mismo punto de llegada; el principio y el final se juntan, sin dar lugar para nada más. Si tengo la verdad puedo acceder a la unidad, y si estoy en la unidad es para proclamar la verdad. Roberts hizo también una o dos críticas al movimiento ecuménico y dejo en claro de qué unidad estaba hablando: de la unidad de los evangélicos alrededor de la verdad de los evangélicos. Son formas de comprender este asunto; son formas.

Después de la exposición hubo un tiempo más para la conversación en pequeños grupos (en las mesas), luego el receso (aprovechamos los latinoamericanos para reunirnos en esos 45 minutos) y después la plenaria central. ¿Qué les digo acerca de la plenaria? Seré breve porque no quisiera extenderme en cosas que lamento. El conferencista principal fue Paul Eshleman, Vicepresidente de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo. Es, según los entendidos, el estratega operativo de Lausana. Presentó, no una conferencia, sino, como era de esperarse, una estrategia de cómo alcanzar al mundo para Cristo en los próximos años. Nos entregó una copia de la película Jesús (él fue el fundador de este proyecto) y otra titulada Magdalena. También nos presentó una lista de los 632 pueblos no alcanzados por el evangelio evangélico, que tienen una población mayor a 50.000 personas. A la salida alguien me preguntó por qué no estaban en la lista los Estados Unidos; tampoco estaba en esa lista Suiza, ni Holanda. El expositor terminó pidiéndonos que llenáramos una tarjeta de decisión de nuestros compromisos personales e institucionales con la estrategia. No la llené; sentí un poco de pena.

Ya en la tarde vino lo mejor. En las primeras horas hay unas sesiones (parecidas a un panel de debate) donde tres personas especialistas en un área, desarrollan un tema por diez o quince minutos y, después, el auditorio dispone del micrófono para hacer preguntas. Lo llamativo es que allí se escuchan en muchas ocasiones cosas muy distintas a las de la mañana. Hoy participé en el Multiplex (así se llaman estas sesiones) de ministerios en las grandes ciudades. Habló el reconocido escritor y pastor de Manhattan, Tim Keller (USA); después expusieron dos personas más, entre ellos un abogado filipino al que aplaudimos varias veces. ¡Qué calidad de compromiso con la gente de su ciudad! ¡De qué manera habló acerca de la necesidad de equilibrar nuestras comprensiones de la evangelización! Dijo que la misión en las grandes urbes no es un mero asunto de evangelizar a lo perdidos, sino de servir y generar espacios de solidaridad y relaciones.

Y si de lo bueno fuéramos a hablar, la lista se haría muy larga. Justo es decirlo y celebrarlo. Hablan los que reducen la misión a la evangelización y un poco más tarde (aunque ante un grupo más pequeño) los que miran la misión con integralidad y apertura. Participan los anglosajones, pero también los africanos, los asiáticos, los australianos, todos. En cuanto a los latinoamericanos, de caballeros es reconocerlo, hemos participado, y lo hemos hecho bien. Ruth Padilla DeBorst (Argentina-Costa Rica) tuvo a su cargo la exposición bíblica del tercer día: Valdir Steuernagel (Brasil), además de formar parte de la Comisión de Redacción del documento final, también presentó un inquietante e inspirador mensaje en la cuarta noche; Corina Villacorta tuvo a su cargo una de las ponencias en uno de las sesiones principales de la tarde y, anteayer en la noche, se habló y se oró por América Latina. Esto sin mencionar a otros que han participado en los diálogos al final de la tarde. En fin. Unas de cal y otras de arena, como decía mi abuela María.

Esto somos. Los evangélicos en el mundo somos un pueblo diverso y heterogéneo. La mayoría cree que nuestra tarea exclusiva es ganar a los «perdidos» y traerlos a la iglesia; muchos (¿también la mayoría?) tienen prevenciones con la palabra ecumenismo y no quieren involucrarse en su práctica; en doctrina, rígidos y en asuntos éticos, conservadores (¿también en la política?). Lausana III es una expresión visible de esa realidad. Y en Lausana, como ya he dicho, todos tenemos nuestra parte: las mayorías dirigen el Congreso y definen sus directrices teológicas, los demás, la minoría, nos quedamos hasta muy tarde cada noche, escribiendo las crónicas de lo sucedido para que los amigos sepan que también aquí estamos presentes.
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