Dios y la radicalidad de lo Otro | Por Nicolás Panotto

Inmanencia y trascendencia. Dos polos de una discusión teológica in eternum. En las últimas décadas diversas voces han denunciado esta comprensión trascendentalizada de lo divino, lo cual no implicaba más que una autorepresentación legitimante de diversas formas, moralinas y estructuras en una esfera suprahistórica incuestionable. De esta manera, distintas teologías, ideologías y eclesiologías encontraron un resguardo en la misma deshistorización de lo divino (por ende, de sus mismas propuestas).


La respuesta natural a esta situación fue reconocer la impronta histórica y cultural que posee cualquier práctica religiosa y discurso teológico, tomando la historia, sus formas y sus prácticas como el único e inevitable escenario escogido por Dios para su revelación. Esto no solo llevó al cuestionamiento de determinadas estructuras y sistemas que pretendían apoderarse de la imago Dei sino también a reconocer la manifestación de lo divino a través de proyectos históricos concretos.


Pero esta respuesta también posee sus limitaciones ya que del absolutismo de lo trascendente y universal se cayó en la clausura de los contenidos de los proyectos históricos. El hecho innegable de que Dios se manifiesta a través de la historia, de proyectos y de discursos concretos, no indica que ellos reflejen en sí mismos la totalidad de lo divino. Dios se muestra en la historia pero permanece como Otro.
 
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