María, instrumento de salvación y vida

Por Patricia Cofré, Chile y Ecuador

Madonna Litta - Pintura de Giovanni Antonio Boltraffio y Leonardo da Vinci
Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
Y entrando el ángel a donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.


Pero ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras y pensaba qué salutación sería esta.
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre. Y reinará en la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque no conozco varón.
Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios.
Y he aquí, tu parienta Elisabet también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que era llamada estéril; porque ninguna cosa es imposible para Dios.
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella.
                                                                                                                                           Lucas 1:26-38


Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta.
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
                                                                                                                                            Lucas 2:4-7


María en su contexto

En la sociedad judía cultura grecorromana, las mujeres como María eran consideradas seres de segunda categoría, invisibles. Eran parte de una sociedad en la que solo los varones tenían derechos, voz y voto, y sólo ellos podían recibir herencias familiares y un apellido. Así lo reflejaba una oración rabínica que rezaba “Gracias Señor porque no me hiciste gentil, esclavo, ni mujer”. Las mujeres eran una "molestia necesaria" ya que su rol más relevante en la sociedad era, por ordenanza y bendición divina, multiplicar la descendencia.

María la madre de Jesús era una mujer sencilla de baja alcurnia, proveniente de una familia de agricultores, de pastores o artesanos, como la gran mayoría de su pueblo. Seguramente su contextura era frágil, como las niñas de la época, quienes eran las últimas en el eslabón de prioridad alimentaria, en una época donde la escasez de alimentos podía fácilmente ir y venir dependiendo del clima o de los romanos, quienes, junto con cobrar altos impuestos, llegaban a los pueblos y requisaban todo el grano, el ganado o lo que quisieran, incluso las mujeres a quienes podían violar, ultrajar o raptar si así lo deseaban.

María era parte de una sociedad abnegada al sufrimiento, quizá sin esperanza, con poco por lo que luchar. Por más de 300 años su pueblo había soportado esa vida, nada podría ser distinto ahora. La promesa del Mesías que vendría a salvarlos casi se estaba diluyendo.

En su tiempo, las jóvenes podían ser comprometidas en matrimonio desde los diez años y podían casarse una vez que habían tenido su primera menstruación para asegurar que eran fértiles. En el caso de María, a ella se la había comprometido en casamiento con José.  Como toda doncella virtuosa, era virgen y probablemente junto con hacerse cargo de las labores domésticas, estaba preparando su ajuar de esposa, tejiendo ropa, cociendo vestidos y cosas por el estilo. Pero por más que ella fuera la persona más correcta, ella todavía seguía siendo un ser invisible para la sociedad.

Reflexionemos:
  • Si hubieses vivido en esta época, ¿Cómo serías?
  • ¿Qué sentimientos te evoca la realidad de María?
  • ¿Cuáles serían las preocupaciones diarias de ese tiempo para una niña de 15 años?
María en el contexto divino

María en su sociedad era un ser invisible, incapaz de causar ningún impacto substancial ni en su familia, ni en su pueblo y mucho menos en su nación.  En una sociedad machista, María tenía todo en contra, era joven, mujer y soltera. Nada de eso la hacía valiosa. Sin embargo, podemos interpretar en el texto bíblico que era una mujer piadosa, llena de fe y valiente como para aceptar lo que el servicio a Dios significaba. Ella tuvo que vivir la vergüenza de quedar embarazada sin ser casada, algo que deshonraba a su prometido, a su padre y su familia. Vivió la incertidumbre de ser refugiada en tierra de Egipto para proteger a su hijo, vivió la vergüenza de extraviar a su hijo porque él prefería discutir la Torá en su templo. Atesoró en su corazón no solo las enseñanzas y milagros de su hijo, sino también la incomprensión a este Jesús que era tan distinto a la gente de su época, un revolucionario en sus acciones y filosofía de vida. María también sufrió el doloroso tiempo de persecución y muerte de su hijo.

Este ser insignificante en las manos de Dios se transformó en un ser clave en su plan salvífico para la humanidad completa. Ella fue la portadora del milagro más importante para la humanidad, el dar vida al mismo Dios hecho carne (Lucas 1:35). Ella cuidó, nutrió y protegió al niño más importante en la historia de la humanidad.

Esta mujer simple y pobre, en las manos de Dios, se transformó en un caudaloso canal de bendición, riqueza y sabiduría que Jesús llevó a multitudes. Fue quien en las bodas de Caná dio un impulso a su hijo a hacer el primer milagro en público que registra la Biblia.

María, un ser frágil y sufrido, en las manos de Dios se transformó en un poderoso canal de sanidad al ser portadora en su vientre de Jesús el dador de la vida, el sanador de heridas no sólo físicas sino también psicológicas para toda la humanidad.

María, una mujer oprimida por su sociedad, en las manos de Dios fue quien engendró al Ser que vino a traer libertad al corazón de los oprimidos.

Podríamos seguir enumerando indefinidamente todas las debilidades de María y en cómo en las manos de Dios se transformaron en fortalezas. Pero se podría resumir que, en el contexto divino María se transformó en una persona clave en la labor de Dios en la salvación de la humanidad.

Reflexionemos:
  • ¿Qué valor le daba la gente a María?
  • ¿Qué valor le dio Dios?
  • ¿Qué fue lo que le hizo a María ser tomada en cuenta por Dios?
"Nosotros" en nuestro contexto y el contexto divino en "nosotros"

Nuestra realidad no está muy lejos de la de María. También tendemos a perdernos en la invisibilidad. Nos movemos en parámetros donde todos queremos ser vistos, en una sociedad individualista, ni hablar de ser mujeres en un contexto todavía muy machista, una sociedad que cada vez está siendo más desarraigada por la tecnología y los medios de comunicación. Económicamente injusta donde la riqueza está centrada en menos del 1% de la población y el resto vive esclavizado a un sistema inescrupuloso de consumo, deudas o hambre. Políticamente sujetos a un sistema de poder esclavo del poder económico donde los intereses públicos generalmente están subyugados a los privados. Y en lo religioso observamos una sociedad por un lado relativista donde cualquier creencia nos sirve, o atea donde el ser humano es el artífice de su destino, mientras que la iglesia cada vez pierde más adeptos.

En la actualidad, en la lucha por no ser invisibles nos categorizamos en lo opuesto al prójimo, y tendemos a medirnos en una lucha del yo versus el otro. Si el otro es hombre o mujer, o niño, si tenemos más edad que los niños por ejemplo nos hace ventajosos, pero si tenemos menos edad que un anciano nos hace más “modernos” que ellos. Si nuestra ascendencia es caucásica o indígena, si tenemos riqueza o no, si somos lindos (de acuerdo a los estándares de la media) si tenemos el último grito de la moda, o si hacemos las actividades “cool” o si tenemos mayor o menor educación, queremos ser vistos o reconocidos, a costa de lo que sea.

En esa constante lucha olvidamos que Dios se manifiesta en lo simple, en los pobres, en las mujeres, piadosas, intercesoras y serviciales, que casualmente constituyen el mayor porcentaje de nuestras iglesias, en  personas invisibles que creen y obedecen. Dios no esperaba en María alguien extraordinaria, solo esperaba la obediencia, que creyera a lo imposible y Dios transformó su realidad y a ella misma en extraordinaria. En nuestro caso, en el lugar donde estamos podríamos ser usados como instrumentos de salvación y de vida como María. En este tiempo de reflexión, les invito a creer que Dios quiere dar a luz vida en y a través de nosotros, él solo espera que digamos “he aquí tu sierva/o hágase conmigo conforme a tu palabra”.

Reflexionemos:
  • ¿Cómo podríamos comparar nuestra realidad con la de María?
  • ¿De qué forma podemos ser como María?
  • ¿Estamos abiertos a descubrir las acciones salvíficas de Dios en lo cotidiano y simple cada día?
Sobre la autora:
Patricia Cofré es chilena, egresada del Seminario Teológico Bautista de Santiago Chile. Obtuvo su Maestría en Estudios Teológicos en el Eastern Baptist Theological Seminary de Philadelphia. Ex Rectora del Instituto Teológico Bautista de la Misión Chilena. En la actualidad es la Directora Académica del Seminario Teológico Bautista del Ecuador.


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