Pacífica y ciudadana, una manifestación por la vida | Por Parrish Jácome

Imagen: Pixabay
Para el 14 de octubre, algunos actores sociales de Ecuador están convocando a una manifestación pacífica en pro de lo que denominan defensa de la vida y la familia. Un proyecto de ley que llegó a la Asamblea Nacional, el pasado mes de agosto, sería el agente movilizador de una ciudadanía que ve con inquietud las consecuencias que esta legislación podría traer sobre la familia ecuatoriana, si llegara a sancionarse. Delante de nosotros, un tema álgido que ha enfrentado a diversos sectores de nuestra sociedad. Para muchos, la punta del iceberg, la llamada "ideología de género".

El tema para los ecuatorianos no es nuevo. Constituye una propuesta que ha venido buscando incorporar en ambientes educativos a niños con "orientación sexual diferente”. La literatura que comenzó a circular, en favor de la propuesta, definía las nociones hombre y mujer no en función de una condición constitutiva natural, sino como categorías construidas por un conglomerado de elementos o características sociales. Allí comenzó a zanjarse una diferencia significativa, especialmente para quienes luchan contra formas de relacionamientos anárquicos, opresores y discriminatorios hacia las mujeres y las llamadas minorías sexuales.

Las ideologías son formas de entender o comprender ciertos aspectos de la realidad, y existen muchas. En tal sentido, no deberían convertirse en criterios irrefutables y determinantes en la construcción o deconstrucción del ser humano y sus relaciones fundamentales. Pretender imponerlos, a una mayoría o a una minoría, termina haciendo lo mismo que cuestiona o a lo que se opone. La salida debe buscarse apelando a una realidad superior, una que no solo sea reconocida por todos, sino en la que se exprese y respete el orden natural presente en la configuración de todo nuevo ser que llega a este mundo como fruto de la unión hombre – mujer.

Los grupos que simpatizan o defienden la llamada "ideología de género" consideran que existen más fantasmas que realidades en los cuestionamientos a sus argumentos. Para ellos, las inquietudes de los llamados sectores "conservadores y fundamentalistas" no son más que prejuicios religiosos, que también pretenden imponer. Encontrar una salida se torna complejo. Entre tanto, los impactos de la tensión generada toca particularmente a la célula fundamental de toda sociedad, la familia. Negarlo no hace otra cosa que desnudar los egoísmos, siempre presentes en las pasiones humanas.

Encontrar caminos nuevos y necesarios no siempre resulta fácil. Por un lado, pretender como liberador un esquema que desconoce lo natural en el ser humano, deja más dudas que certezas. Pero, por el otro lado, conservar el esquema sin cuestionamiento, tampoco es el camino, por cuanto, la realidad de opresión y dominación del hombre sobre la mujer es innegable en nuestra cultura. Seguimos en deuda con caminos que reconozcan a hombres y a mujeres, en igualdad de condiciones, responsabilidades, derechos, oportunidades justas y equitativas, libres de esos prejuicios que pretendieron definir roles, papeles y responsabilidades inamovibles.

Rechazar o condenar reivindica esa tendencia pasada que solo se interesa por criticar, juzgar y excluir. ¿Qué aporta la denuncia sin propuesta de vida y esperanza? Estos procederes, lejos de acortar las diferencias, las profundizan y estorban una convivencia saludable. Las discrepancias siempre existirán. ¿Cómo aprender a vivir en medio de ellas? Somos llamados a respetar el derecho de todos a reflexionar libremente, ¡libertad de conciencia!, sin que eso signifique aval automático de todo. Los ecuatorianos necesitamos estar dispuestos a sentarnos en la mesa con disposición a escuchar, a fin de construir las salidas más convenientes para el bien más alto de cualquier sociedad, la familia. ¿Seremos capaces?

Expresarse con libertad, manifestar preocupaciones y diferencias de ideas, es válido y hasta necesario. La forma de hacerlo siempre será el desafío. No parece adecuado, así no más, descalificar el espíritu movilizador. Finalmente, recordemos que la verdad no amerita imponerse, su peso contundente siempre llegará. Saber esperar con paciencia, haciendo nuestra parte, será una virtud para quienes rehúsan la descalificación como norma de convivencia.

Sobre el autor:
Parrish Jácome Hernández, ecuatoriano. Se desempeña como Director General de la Unión Bautista Latinoamericana, UBLA. Secretario Regional de la Baptist World Alliance, BWA. Decano académico del Seminario Teológico Bautista del Ecuador. Licenciado en Teología. Master en Estudios Teológicos. Doctor en Ministerio, por Fuller Theological Seminary, con énfasis en Misiones Urbanas. Economista. Pastor General de la Iglesia Bautista Israel en Guayaquil.



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