Integridad, Política y Fe | Por Ronald Rivadeneira


Reflexiones en torno a las posturas sobre la denominada “ideología de género” y la movilización “Con mis hijos no te metas”.
Miembros de la asociación "Frente Nacional por la familia" de Ecuador
Integridad y política, vale recordar que ambos conceptos no tienen que estar en veredas contrarias, más como sociedad validamos la postura política a conveniencia y dejamos de  lado la integridad de la persona que emite enunciados políticos. La desazón por la participación política viene en gran parte por la falta de integridad del sujeto político.

Integridad es sin duda un valor abarcador, los otros valores sociales pueden ir sueltos; una persona puede ser puntual en el trabajo pero robar en él, otra persona puede ser un trabajador honesto en su jornada laboral pero engañar a su pareja. La integridad es la suma de valores, la coherencia entre lo que se dice y se hace, que se mantiene en el tiempo y no cambia a conveniencia, específicamente a conveniencia política. Entendiendo la política como el espació de quehacer y búsqueda del bien común en el que todos estamos inmersos. Nos relacionamos con otros, como ciudadanos en “campos”[1] diversos.

La integridad mueve a la fe; la personalidad de Jesús es atrayente por ser una persona íntegra, unas palabras más bíblicas serían “irreprochable” o “irreprensible”. Jesús transformaba sus palabras en acciones concretas, no enseño algo que él no estuviera poniendo en práctica, su discurso no cambio para agradar a unos u otros, sus palabras y acciones se mantuvieron incluso si el padecimiento del martirio dependía de ello.

En el campo de la política al parecer el discurso es a lo Chesperito[2]: “así como digo una cosa, digo otra”, y lo que más llama la atención es que justificamos la falta de coherencia, o las palabras enunciadas son dejadas de lado también por los intereses políticos.

La sociedad anestesiada en el Ecuador parece no recordar como el actual presidente envolvía en elogios a su antecesor al que llego a calificar de “mejor presidente de la historia”, elogiaba a su candidato vicepresidencial por ser el impulsor del supuesto cambio de la matriz productiva. Justifican su “viraje” contra sus antiguos aliados como ético, sin embargo, tal acción es a su vez  validar la falta de integridad en hechos y palabras, por lo tanto no podría ser ética.

El expresidente, en el ejercicio de su gobierno abogaba por que las nuevas generaciones toman las pautas de un proceso político y social, que desde mi perspectiva le falto mucho para ser revolucionario; pero que sin lugar a dudas significo un cambio radical en el país. Ahora parece esbozar el retorno al poder del caudillo como única opción de gobierno futuro, en vez de levantar  a alguno de los tantos líderes jóvenes que se mencionaba en más de una ocasión tenía el partido oficialista.

Los candidatos de oposición con el discurso de corrupción como arma política, apuntando hacia los adversarios políticos, dados a mirar la paja en el ojo ajeno y dejar de lado la viga de corrupción que les cobija con sus negocios oscuros; como país olvidamos anestesiados de manera colectiva el descalabro financiero provocado por las élites de la banca y cual síndrome de Estocolmo, como sociedad casi les entregamos la presidencia en las últimas elecciones.

Lamentablemente la incoherencia es la tónica en el momento de lo político. Sin lugar a dudas los evangélicos deben manifestarse en lo social, una movilización masiva debe ser una acción generada para evidenciar una postura en contra de la injusticia social; más,  sin embargo, desde la historia de las movilizaciones sociales muchas de ellas son el resultado de la manipulación de postulados, es decir, una ausencia de integridad de algunos de sus impulsores. Un sinsentido comparar las marchas por los derechos civiles en los Estados Unidos, con la marcha de nombre “con mis hijos no te metas”, un sin sentido que lo uso un líder evangélico desde la manipulación. Los contextos y las circunstancias sociales, como los temas hacen de tal comparación una falacia.

El sujeto social es movilizado por cosas que a veces no llega a comprender. Es una estrategia política.  Sirve mucho la construcción de un enemigo común para unificar grupos dispersos, este enemigo común es la “ideología de género”. La integridad del discurso no importa, no se explica que es; género, perspectiva o enfoque y cuál rebaño usamos un término que en espacios académicos todos están de acuerdo, no existe. El enemigo común se crea como un monstruo que puede acabar con la sociedad y la familia.

Con esta acción se usa la fe que tenemos, que nos identifica como creyentes que profesamos una de la alas del cristianismo, como movilizador político, es decir, se apunta a la vena que tenemos los cristianos de luchar por el bien común, esto es loable, nos permite entender nuestra responsabilidad social más allá de las paredes de nuestros templos. Más la falta de integridad, al inventar términos mediáticos e importados, al salir contra enunciados que no se encontraban en la propuesta de Ley como la despenalización del aborto entre otros temas, es un ejercicio de manipulación.

La participación social masiva de la cual varios sectores evangélicos se embanderaron el sábado 14 de octubre en Ecuador fue notable; se olvidaron que en un momento estos sectores usaban la palabra “ecumenismo” como el mayor pecado de la iglesia evangélica.

Para su conocimiento, la movilización fue impulsada por el ala católica conservadora de derecha; vigente en varios países, por lo que la marcha es una réplica de otras que se han realizado en otros países de Latinoamérica con el mismo eslogan. Los evangélicos participaron e hicieron suya la participación, es decir, fueron ecuménicos en su participación. “Como digo una cosa, digo otra”, para algunos hermanos cuya participación me desconcertó, su accionar fue un me ajusto al momento, claro, habrá más de una justificación para decir que esa participación no fue ecuménica, sin embargo, este hecho es positivo como un argumento de madures política y social que puedo usar a favor, ya que desde la dialéctica, he explicado en algunos espacios y en varios momentos que es el ecumenismo, (término con el que también me han calificado a manera de insulto) bien entendido o no, el ejemplo de la marcha es algo que ahora puedo usar con mis hermanos anti-ecuménicos que participaron en ella para explicarles que el ecumenismo no es tan malo como lo pintan ellos mismos, ya que ellos participaron en una marcha ecuménica movilizada desde la fe.

Valoro la integridad de quienes tienen posturas y las mantienen en diferentes frentes. Me parece que la marcha ecuménica del 14 de octubre tuvo matices de manipulación, de manera especial en la redes sociales donde fue claramente violenta hacia minorías, que les guste o no existen (GLBTI) en nuestra sociedad. La relación que tenemos en la sociedad los unos con los otros en más de una ocasión es violenta, por lo que una de  las formas que tiene el Estado para intervenir en el beneficio de todos es la formulación de leyes. Pregunto a quien se le dice “con mis hijos no te metas”. A las agrupaciones GLBTI, contra quienes se direccionaron la mayoría de los memes; a los malos maestros que abusaron de niños en centros educativos, acorde los informativos de noticias; a los sacerdotes involucrados en casos de pedofilia en la iglesia católica. Al carecer de una explicación en los videos y comunicados en las redes sociales y en sus postulados mencionados en entrevistas, debo suponer que es al Estado y su intento de formular leyes en beneficio de todos. Lo cual es negar el rol del Estado en su accionar político y la creación de leyes, lo que sería irse en contra la autoridad de los gobernantes. La mayoría sostienen que se le dijo no a la “ideología de género” que es tratado como un sujeto con vida propia e intencionalidad, por lo que la marcha fue un sí a la familia.

Muchos hermanos participaron en la movilización desde la convicción de defender la familia, desde sus posturas intentaron concientizar los peligros de la imposición de una propuesta de ley sin discusión, sin duda esto es valioso en el ámbito de lo social y lo político. Sin embargo, me  es necesario separar el trigo de la cizaña.

Nuestras participaciones en el ámbito de los social tienen que ser ante todo cargadas de integridad, con pleno conocimiento de causa, la manipulación mediática que se usó para movilizar a la población con valores religiosos católicos o evangélicos no tuvo la intención de educar, su propósito fue la manipulación; presentaron el enemigo común de la fe, “la ideología de género”. Han sembrado una semilla más de ignorancia que justifica a su vez las posturas de líderes evangélicos que no les interesa que en sus denominaciones se hable de “enfoque de género”.  Ojala se abra el dialogo en nuestras comunidades, un dialogo amplio que tome en cuenta los distintos campos en los que como iglesias nos encontramos involucrados.

En una semana en la que fui acusado de disociador de la denominación por negarme a que mi nombre salga en un comunicado que apoyaba la marcha; por sostener mi posición me endilgaron conductas que no tengo. ¿Quién impone que a quienes? Por cierto, mi nombre en el mencionado documento, no refleja mi posición.

Por hablar desde mi locus de enunciación de estudios “seculares”, la antropología y la sociología, y decir que desde las ciencias sociales no existe la mal denominada “ideología de género”, se me llamo arrogante. Los calificativos son más que palabras, pues identifican las posturas de dominación de quienes las enuncian, líderes evangélicos que en otros espacios dirán otra cosa.

Nuestro liderazgo y participación en causas que consideramos justas, deben ser ante todo bien informadas, y las otras ciencias, entre ellas las sociales deben ser usadas  como un insumo de información o somos nosotros quienes usamos mecanismos de imposición que acusamos a otros usar. Mi pueblo perece por falta de conocimiento.


De manera sorpresiva me he encontrado (posturas en redes sociales) con líderes evangélicos que por estar en espacios académicos (seminarios, institutos y universidades) sostienen una postura que cuestionaba la manipulación con fines de generar la marcha, y al estar en otros espacios de tinte político y de visualización social sostienen una postura llegando a defender el término “ideología de género” y sostienen que era su obligación estar en la marcha.  Mi saludo fraterno a los hermanos que con altura discrepamos, con aquellos que con convicción y conocimiento de causa caminaron con diferentes ramas del cristianismo con pleno conocimiento de causa y convicción en la familia.

Sin embargo, considero que estar en una marcha gestada desde la manipulación y en contra una ley que puede, y debe ser mejorada, fue un error. Los sectores conservadores en Colombia aun dicen que no votaron contra la paz, sino contra la “ideología de género” que según ellos estaba en los acuerdos de paz. De igual manera se dice desde acá que no se movilizaron contra una ley contra la prevención de la violencia a la mujer, sino fue a favor de la familia. Ser parte de una marcha que destilo tanto odio hacia la población diversa por redes sociales, y que se basa en una categoría inexistente como la “ideología de género”, es manipulación.  Me alegra su participación y postura ecuménica desde la convicción,  mi distancia para con aquellos que: como dicen una cosa, dicen otra. A pesar de los calificativos y amenazas, mantengo mi postura y mi fe intactas. Espero que un dialogo que tome en cuenta la integridad, la fe y la política se haya abierto al fin.

 


[1] Pierre Bourdieu define los campos en relación a los intereses, un sujeto puede estar inmerso en diferentes campos, desde esta mirada nuestra participación eclesiástica no nos excluye de la participación en lo social, y por lo tanto, tampoco de nuestra participación política.


[2] El comediante usa esta frase en uno de sus personajes televisivos como un cliché, los mismos que evidencian la conveniencia social en el momento de tomar una postura con un fin satírico.

Sobre el autor:

Ronald Rivadeneira es Licenciado en Antropología Aplicada, Magister en Estudios Sociales con mención en Sociología. Es pastor Bautista desde hace 18 años, ex Decano del Seminario Bautista del Ecuador Facultad Quito. Actualmente es Presidente de la Asociación de Iglesias Bautistas de Pichincha y miembro del Comité Ejecutivo de la Convención Bautista Ecuatoriana.


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