No es la homofobia sino el literalismo bíblico | Por Carlos Osma


Después de haber hablado con muchas personas LGTBI que procedían de iglesias evangélicas, me he dado cuenta de que ninguna de ellas tenía interés por conocer los argumentos con los que rebatir la homofobia que padecían dentro sus familias o comunidades. Nunca nadie me ha preguntado: ¿Qué puedo decirles para que se den cuenta de que la homofobia es un pecado? Puede parecer sorprendente, pero aunque mayoritariamente hemos arrastrado sentimientos de culpabilidad, la verdad es que nunca he conocido a un evangélico LGTBI, por muy conservador o fundamentalista que fuese el entorno del que procedía, que no tuviese claro que era objeto de un odio y discriminación que Jesús hubiese rechazado.

Sin embargo, también es cierto que por muy variadas que hayan sido las conversaciones, siempre ha habido un momento en el que ha hecho acto de presencia la pregunta sobre la manera en la que se pueden justificar los cuatro o cinco versículos que tradicionalmente la homofobia evangelical ha utilizado para hacer divino su odio. Siempre, y digo siempre, tarde o temprano alguien lanza al aire alguna pregunta similar a éstas: ¿Qué quieren decir en realidad esos versículos? ¿Qué otros versículos podemos citar para que sepan que no es pecado lo que sentimos? Es evidente pues, que la marca con la que la bestia ha querido sellar nuestros deseos, tiene en principio más que ver con el literalismo bíblico que con la homofobia.

Si bien es cierto que en principio fue la homofobia y que más tarde el literalismo vino por añadidura, al menos si nos lo planteamos en un plano temporal, no creo que hoy en día la homofobia sea la razón principal por la que las iglesias evangélicas muestran una reacción tan alérgica y tan poco evangélica con las personas LGTBI. En realidad creo que sólo es una muleta a la que se agarra con fuerza el literalismo para seguir dando pasos hacia delante. Lo que nos abrasa a las personas LGTBI evangélicas es sin lugar a dudas el fuego de la homotransfobia, pero ese fuego está ahí porque el literalismo bíblico es un combustible altamente inflamable.

No estoy diciendo que la Biblia no refleje lo que nosotros hoy en día identificamos como homofobia. Respeto mucho el trabajo de las personas que intentan hacernos ver que la Biblia está libre de ella, y aunque en muchos casos nos han ayudado a descubrir que algunos de los textos a los que se aferra el literalismo para atacarnos en realidad no tienen ningún contenido homófobo, soy de los que piensa que la Biblia fue escrita por seres humanos que dejaron en ella la huella de su manera de ver a Dios, el mundo y el ser humano. Y sin lugar a dudas la homofobia es una de esas huellas. Aún así también creo que la Biblia muestra principios y valores que hacen incompatible la homofobia con el seguimiento de Jesús. Sin ir más lejos el mandamiento evangélico de amar al prójimo como a uno mismo, invalidaría directamente cualquier acción que promoviese la discriminación y la exclusión de una persona por su manera de ser, sentir, o por su manera de amar. Y sin embargo, las iglesias evangélicas son uno de los actores principales que se oponen a nuestros derechos. ¿Por qué?

Si tenemos en cuenta que hoy en día las comunidades cristianas más homófobas son también las fundamentalistas y literalistas, es fácil deducir lo que ya antes he indicado: que la homofobia es sólo un arma en manos del verdadero culpable, que es el literalismo. Los fundamentalistas cristianos tienen pánico a un mundo que sea más complicado del que se han construido a base de leer al pie de la letra los textos bíblicos. No les importa que ni siquiera Jesús lo hiciese, que su maestro les enseñase que la Biblia ha de interpretarse a partir del ser humano y no de la letra. Y que el temor a la realidad no se vence con legalismo, maldiciones y fuego eterno, sino que se acompaña y transforma con amor. No les importa el daño que puedan producir a las personas LGTBI, tampoco a otros colectivos a los que estigmatizan, lo importante es que puedan sentirse seguros con las respuestas que encuentran en una lectura literal y superficial de la Biblia. Por eso es evidente que esta ideología tan simplista como cruel no tiene nada que ver con el evangelio, porque se basa en anestesiar el miedo y manipular la realidad y no en liberar a los seres humanos de la opresión.

Cada vez veo más inútiles los debates sobre la inclusividad dentro de las comunidades cristianas, y pienso que más bien se debería empezar por denunciar el literalismo como una ideología que amenaza al cristianismo y ante el que la mayoría de comunidades evangélicas de nuestro país se han rendido. Los fundamentalistas literalistas no siguen el evangelio de Jesús, eso lo sabemos bien quienes hemos padecido su odio. Pero no es sólo misión nuestra denunciarlo, lo es de todas aquellas personas cristianas que son conscientes de los daños que esta ideología produce. El centro del problema no son las demandas de justicia de las personas LGTBI, sino el literalismo que genera odio y discriminación alrededor de todas las personas cristianas que lo han divinizado. Creer que se puede leer al pie de la letra unos textos escritos hace miles de años y trasladarlos acríticamente a la realidad que nos rodea, independientemente de la violencia y de las víctimas que produzcan, es un ataque a la Palabra de Dios, una utilización demoníaca de la Biblia; y quienes como evangélicos decimos que ha sido inspirada por un Dios de amor, no podemos permanecer callados ante quienes con ella predican a un Dios cruel que excluye y margina.

Sobre el autor:
Carlos Osma es español. Licenciado en Matemáticas y profesor de secundaria en Barcelona. Posee una Diplomatura en Ciencias Religiosas y un Posgrado en Diálogo Interreligioso.




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