Desafíos de la misión integral | Por René Padilla

Imagen: Pixabay
Convocadas por la Asociación Internacional para la Promoción de la Educación Superior Cristiana (AIPESC) en colaboración con el Centro de Educación Teológica Interdisciplinaria (CETI) y la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), cuarenta personas procedentes de doce países concurrieron a la Consulta Latinoamericana que se realizó en la Universidad Seminario Evangélico de Lima, Perú, del 3 al 7 de julio de 2017, y que tuvo como tema general ¿Hacia dónde va Protestantismo en América Latina? Una visión multidisciplinaria y prospectiva a los 500 años de la Reforma. La lectura de veintinueve ponencias que se leyeron en el transcurso de tres días (!!) no dio lugar a un debate prolongado de todas ellas, pero hizo posible constatar la amplia gama de temas que los estudiosos evangélicos (en su mayoría miembros de la FTL) están explorando actualmente y consideran campos de reflexión y de acción misionera.


Una tendencia muy común en el movimiento evangélico en el pasado, en América Latina y alrededor del mundo,  era restringir la misión de la Iglesia a la comunicación (preferentemente oral) del evangelio en busca de la conversión de los oyentes. Desde esa perspectiva, la tarea misionera involucraba, no exclusivamente  pero  sí  preferentemente, a pastores y misioneros que podían dedicar todo o por lo menos buena parte de su tiempo a esa tarea. Esto no significaba que los miembros comunes y corrientes de las iglesias (los “laicos”) no tuvieran participación alguna en la difusión del evangelio. Por el contrario, se los animaba a que dieran testimonio de su fe en su contexto social, entre sus allegados: su familia, sus compañeros de trabajo…. Sin embargo, si querían de veras “servir al Señor”, la única opción que tenían era prepararse para el ministerio, preferentemente en un instituto bíblico o un seminario. Tal visión de la misión de la Iglesia ratificaba el tradicional divorcio entre lo secular y lo sagrado.

La reciente Consulta Latinoamericana fue una muestra de un cambio que, por la gracia de Dios, como levadura que leuda la masa, ha estado en proceso en el seno del movimiento evangélico en las últimas décadas. Muestra de esto es que varios y varias de los y las ponentes son profesionales que están sirviendo a Dios y al prójimo mediante el ejercicio de su profesión en la sociedad, con un encomiable sentido de vocación. Otros encuentran maneras de combinar el mismo tipo de ejercicio con responsabilidades pastorales en alguna iglesia local.

Por otra parte, muestra lo mismo la variedad de mesas temáticas que enfocaron los grandes desafíos que se le plantean a la misión integral en diferentes campos del conocimiento y la investigación humanos, tales como son: Biblia y Teología, Historia, Derecho y Ciencias Políticas, Antropología y Sociología, Misionología  y Pastoral, Literatura y Bellas Artes, Educación, Economía y Desarrollo, Comunicación y Publicaciones. El Trino Dios, de quien dan testimonio las Sagradas Escrituras, no se reveló en Jesucristo como el Salvador de individuos aislados de la creación sino como el Redentor cuyo propósito abarca de la totalidad de la creación. Consecuentemente, la misión de la Iglesia no se restringe a la relación de individuos con Dios (“la salvación del alma”), sino que se extiende a cada aspecto de la vida humana.

En línea con este propósito, desde su mismo origen, en diciembre de 1970, la FTL se propuso incursionar en múltiples frentes de la misión cristiana, por lo menos en aquellos que estaban representados por sus miembros, entre los cuales se contaba un buen número de profesionales interesados en el diálogo entre la fe y su propia disciplina de estudio y trabajo. En ningún momento la intención de los fundadores de la FTL fue articular una teología terminada de la misión de la Iglesia, cerrada a otros aportes, especialmente de los procedentes de las nuevas generaciones de discípulos-misioneros comprometidos con el propósito de Dios de restaurar la totalidad de su creación. Más allá de hacer teología como tal, la intención fue sentar las bases para la práctica de la misión cristiana como un testimonio vivo del Reino de Dios y su justicia en todas las áreas de la vida. Desde esta perspectiva, hay buena base para alegrarse por la ratificación de esa intención, por lo menos implícita, en la Consulta Internacional que acaba de celebrarse en Lima.

Sobre el autor:

C. René Padilla es ecuatoriano, doctorado (PhD) en Nuevo Testamento por la Universidad de Manchester, fue Secretario General para América Latina de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos y, posteriormente, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Ha dado conferencias y enseñado en seminarios y universidades en diferentes países de América Latina y alrededor del mundo. Actualmente es Presidente Honorario de la Fundación Kairós, en Buenos Aires, y coordinador de Ediciones Kairós.



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