Nada mejor que ser Niños | Por Parrish Jácome

Imagen: Pixabay
La niñez es una etapa única, irrepetible, donde la fantasía gobierna la mente y los corazones, estimulando esos deseos o sueños que con frecuencia no se abandonan. Las características de los niños son inconfundibles; espontaneidad, transparencia, ternura, unidos a esa frescura, vitalidad, agilidad, aspectos inconfundibles de quienes llegan a todo lugar para proporcionarle vida. La luz que proyecta un niño, refleja la pureza de su alma y la nobleza de su corazón, prestas siempre a evidenciarse sin reserva alguna.

El impacto de su presencia es innegable, donde llegan producen esa alegría que contagia, ayudándonos a los adultos, envueltos en tantos sinsabores, a ese retorno indispensable a la fantasía. El mundo mágico de los niños, no puede quedarse oscurecido, empañado, por una sociedad que desprecie los pequeños detalles, donde lo intangible, poco o nada se valora. Cuanta necesidad tenemos de recordar estas verdades, aquellas que son vitales para los niños, siempre dispuestos a recibir con gratitud todo, sin despreciar nada.

Las virtudes de los niños nos invitan a soñar en un mundo diferente, donde la solidaridad, el amor, la generosidad, son un derrotero para quienes anhelan un cambio. Pensar que es posible, nos acerca a este ejemplo, modelo, prototipo de una sociedad que educa y promueve relaciones con nuevas estructuras, donde los niños, no son relegados, marginados, al considerar que por su edad, poco o nada tienen para contribuir; más bien, son incorporados como actores protagónicos y determinantes. Un cambio profundo, donde la niñez es colocada en el centro, como paradigma incuestionable de vida.

En el ministerio de Jesús, los niños reciben un papel central, son distinguidos como signo y señal del reino de Dios, convirtiéndose en el modelo por excelencia. Una verdad que rompería con un patrón cultural, donde los niños, no tienen valor, ni trascendencia, al pasarlos por alto. Hacerlos visibles, produjo una centralidad que ubica al niño como ejemplo de los adultos, rompiendo una estructura mental, social, educativa, incapaz de rescatar aporte alguno, de quienes ni siguiera eran considerados personas.

Los discípulos de Jesús reciben un legado de su maestro innegable, sostenerlo en la vida cotidiana, sería su principal desafío. Si la niñez es central en el reino de Dios, su papel no puede pasar inadvertido. Abrir espacio, estimular su participación, animar a la comunidad, se convertirían en las primeras acciones, propicias para que este cambio de estructura en la relación adulto - niño se produzca. Un desafío que deberá considerar con detenimiento y responsabilidad los cuidados que deben propiciarse para evitar la manipulación de los niños. Timoteo es un buen prototipo, de un adolescente, que encontró un espacio de servicio, acompañado y guiado por un adulto, Pablo.

Las comunidades de fe tenemos la oportunidad de mostrar que está centralidad es posible, rompiendo con ese patrón relacional que considera al adulto superior al niño., estableciendo un camino para que ese dominio, supremacía, termine por generar acciones opresoras y lacerantes para los niños. Transformar esa estructura es vital, indispensable, para que las iniciativas no se queden como paños de agua tibia, en una comunidad de fe que sigue redituando formas que no responden a los valores del reino. En este sentido, el seguir a Jesús, se coloca como una experiencia transformadora, discipular, donde nuestras relaciones, estructuras y modelos, son transformados, al atrevernos a vivir sus propuestas.

Celebrar esta etapa y sostener sus valores a lo largo de la vida, debe ser la conducta de quienes seguimos el ejemplo de Jesús. Nuestros niños deben ser protagonistas, brindándoles espacios para mostrar sus habilidades, destrezas, permitiéndoles interactuar con los adultos en espacios cotidianos, donde su frescura, espontaneidad, pureza, irradie y contagie. Nada más hermoso que ser niños, quienes lo pierden en el camino de la vida, perdieron la vitalidad, entusiasmo, alegría, honestidad, valores que serán requeridos, hasta el último de nuestros días.

Feliz día Niños. Gracias por ser nuestro ejemplo.

Sobre el autor:
Parrish Jácome Hernández, ecuatoriano. Se desempeña como Director General de la Unión Bautista Latinoamericana, UBLA. Secretario Regional de la Baptist World Alliance, BWA. Decano académico del Seminario Teológico Bautista del Ecuador. Licenciado en Teología. Master en Estudios Teológicos. Doctor en Ministerio, por Fuller Theological Seminary, con énfasis en Misiones Urbanas. Economista. Pastor General de la Iglesia Bautista Israel en Guayaquil.




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